Río Cuarto |

De Los Cuervos a los Saxo’s Jazz en Río: la época de oro de la música de los esclavos

El género encontró su espacio en la ciudad a mediados del siglo XX y en los 90 creció hasta crear su propio festival con bandas del centro del país. En este reportaje desfilan los exponentes de un tiempo que dejó una huella imborrable. A prestar oído y disfrutar

Los hombres, peinados al estilo de Marlon Brandon, visten vaqueros oscuros, camperas de cuero y remeras blancas. Las mujeres, con sus vestidos con volados a lunares, llevan peinados altos con curvas combinados con vinchas altas. Es mitad del siglo XX y las noches riocuartenses resuenan a jazz.

Cada fin de semana se respiran las ganas de salir y bailar al compás del 4 por 4 y las confiterías se llenan. April in Paris, de Duke Ellington, acelera el corazón y empuja hasta a los más tímidos a acercarse a la pista de baile. Trompetas, saxos, batería y las palmas de la gente llevan el ritmo. Los bailarines dan vueltas, cruzan las piernas, dan pequeños saltos con swing y cambian miradas desafiando a ver quién hace el mejor paso. “Antes las fiestas y los bailes eran típicos de jazz. La gente quería ir a bailar jazz con los músicos”, cuenta Henry Reale, saxofonista muy reconocido en Río Cuarto.

Henry Reale tiene 81 años. De cabellos blancos, fisonomía imponente y una voz grave y envolvente, se sienta en su comedor. Se refriega los ojos, típica pantomima que ahuyenta el sueño de las caras. Recién se levanta y está en ayunas. Apaga el televisor, aparta el celular hacia un costado y toma un sorbo de té con una delicadeza solemne. No excluye ningún detalle. Fechas, lugares y nombres parecen estar presentes siempre en su memoria. 

Beatriz Nelly, esposa de Henry desde sus 20 años de edad, está sentada a su lado. Mientras, controla la cebolla rehogada de la cocina. Con una presencia etérea observa y oye cada palabra de su esposo, atenta para ver si debe corregir algo de su relato.

Henry Reale se crió entre melodías. Su padre tocaba el bandoneón y Henry ejecutaba el acordeón, incluso formaron parte de la Orquesta Típica - Característica “Las Higueras” en 1954. 

Durante más de 10 años, el jazzero integró varias orquestas tocando el acordeón. La inquietud y el liderazgo de Reale llevaron a experimentar distintos tipos de formaciones musicales y estilos. “Tocamos desde folclore hasta bossa nova”, recuerda Henry. A mediados de los 60, el músico buscó rumbo hacia un nuevo instrumento. El saxo, que pasaría ser su compañero de giras, conciertos y bailes. “A los 23 años me fui a comprar a Buenos Aires un saxo barítono”, dice Reale. “Juan Lucchini, que tocaba en Los Cuervos      -una de las grandes orquestas de esa época-, fue mi primer mentor”, precisa Henry con una profunda respiración. “A los pocos días, Lucchini me dice de ensayar con la orquesta. Yo no entendía nada, ni una semana hacía que estudiaba saxo”, detalla Reale y continúa: “‘Ya vas a ver que agarrás viaje’, me decía Juan”. A la semana de comprarse su primer saxo barítono, sin mucho estudio del instrumento, Reale tocó por primera vez en Los Cuervos. “Y agarré viaje nomás. A partir de ahí tocamos casi todos los fines de semana”, resalta.

Los Cuervos a mediados de los 60 fue una orquesta de renombre. Era invitada a confiterías y festivales de todo el país. “Tocamos en la confitería Cabildo, en el Teatro Roma, en Bariloche, San Luis y un montón de lugares más”, rememora Reale.

-Y en esas giras, ¿las esposas acompañaban a los músicos?

Beatriz Nelly: No, nosotras nos quedábamos en casa. Éramos “las viudas del jazz”. Pero a algunos festivales sí los acompañábamos. Algunas veces, como forma de vacaciones, los acompañábamos; por ejemplo, una vez a Villa General Belgrano. Era un grupo muy unido, una gran familia. En los festivales de acá nos poníamos en la puerta de entrada a regalar bombones. Y a la salida también regalábamos cositas así. La gente estaba encantada, eran todo una novedad esos festivales.

Río Cuarto es una ciudad céntrica del país. “En esa época muchos artistas de una calidad musical irreprochable venían de paso y tocaban en las confiterías”, menciona Henry entusiasmado. La orquesta típica de Aníbal Troilo en Montecarlo; en El Americano, la Orquesta Típica de Leopoldo Federico con Julio Sosa. “El Quinteto de Astor Piazzola”, comenta y Henry pausa su relato. Las cejas levantadas y los ojos bien abiertos: “¡Piazzola, encima era un día lunes!”, subraya Henry con efusividad.

El jazz se instala en la ciudad. Las confiterías rebalsan de gente ansiosa por ver a los músicos. El espectáculo empieza. La batería y el bajo aceleran el corazón, haciendo bambolear el cuerpo para un lado y el otro. La guitarra, improvisando solos y arpegios rápidos. Los saxos penetran el aire, generando un clima de alegría inefable. “Eran una verdadera fiesta”, remarca Henry.

En algún momento, todo proceso culmina para dar paso a otro nuevo. Los Cuervos se achican.

Pero las ganas de tocar, el amor incondicional a la música y a la amistad siguen. Empieza una búsqueda musical. Un camino nuevo que transitar. “De viaje en Chile, en un festival de Jazz, me llamó la atención una formación rara. Era un quinteto de saxos con batería, bajo y piano”, rememora Reale. La idea resuena, queriendo transformarse en música. Lulo Gazcón, Lito Marioli, Juan Lucchini, Emilse Chenique y Henry forman en 1993 Saxo’s y Asociados. Junto con Carlos “El Negro” Granado, Antonio “Pichi” Pérez y Carlos “Tito” Tosto en piano, bajo y batería. “Estuve 5 años sin tocar, pero Henry empezó a fastidiar mi interior y comencé de nuevo con el saxo”, confesaba Tito en una nota de 2006. La inquietud y la amistad priman por sobre cualquier obstáculo. Lazos irrompibles y confianza, una fórmula perfecta para trascender en la música.

-¿En el quincho ensayaban?

Nelly: Yo tenía gente todas las semanas acá en casa. Todas las orquestas ensayaban acá en el quincho, durante más de 20 años. Siempre hubo reuniones acá y hasta el día de hoy algunos se siguen juntando, pero ya murieron varios.

El quincho de la familia Reale. Un cartel de madera tallada con las palabras “Allá tras” da la bienvenida a sus visitantes. Una maceta colgada al lado de la puerta con forma de clave de sol, símbolo de amor y esfuerzo. Adentro, cada centímetro de las cuatro paredes de madera está cubierto por fotos en blanco y negro, afiches de festivales viejos, dibujos de la orquesta enmarcados, premios y reconocimientos. Todos ordenados, cada uno ocupa un espacio especial, ninguno más importante que otro. Al fondo, un mueble con una bandeja giradiscos y, al lado, un estante repleto de cajas con discos de vinilo. Intactos y acomodados uno al lado del otro. Una botella de whisky custodia desde lo alto del mueble. La música se respira en el templo del jazz.

En Saxo’s y Asociados duraron 20 años tocando. En 1995 viajaron a Santa Rosa de La Pampa a un festival. Era un intercambio de bandas a nivel nacional en el que conocieron a muchos músicos de diferentes provincias. La banda empezaba a hacerse visible. Este encuentro los impulsó a llevar a Río Cuarto el jazz de todo al país. Junto con la Subsecretaría de Cultura de la ciudad, organizaron el primer Festival de Jazz en el Centro.

Los músicos riocuartenses no se conforman con un festival exclusivo de música. Es el primero que se hace en la ciudad, la gente espera una fiesta de verdad. Una fusión entre jazz y espectáculo.

“Inauguramos el festival con un parade (desfile en inglés)”, resalta Reale. La gente salía de sus casas, curiosa por saber qué pasaba en la ciudad. Una caravana de autos y motos antiguas, los camiones de Bomberos escoltando y bailando junto con las bastoneras vestidas con muchos brillos, coordinando cada paso al ritmo de los jazzeros.

Sí, los músicos tocan y desfilan al mismo tiempo. Todos guiados por el Grand Marshall, que marca el camino del Parade. “Lo hacíamos para juntar mucha gente, para llamar la atención”, puntualiza Henry.

Los riocuartenses están deseosos por escuchar jazz. Es algo novedoso en la ciudad. El Viejo Mercado es el punto de encuentro principal del festival. Una concurrencia nunca imaginada por los músicos. “Cobraban 1 peso la entrada y la gente caía como moscas”, destaca Beatriz. Muchísimos están afuera, estirando los cuellos entre la multitud para ver algún fragmento del show. El primer día es un éxito, los Saxo’s y Asociados terminan de tocar. Pero el entusiasmo los empuja a seguir la fiesta del jazz. 



Encuentro en el living

 

Dos sillones individuales y un sofá acomodados alrededor de una mesa ratonera. Adornos en cada estante organizados simétricamente. Una armonía poderosa invade el cuerpo de los visitantes. En la pared del frente hay un mueble lleno de discos. Cada uno, enumerado. Son más de 400. El jazz, el tango, boleros y muchos otros géneros, plasmados en cajitas individuales. Lugar ideal para cualquier amante de la música. “Siempre venían a casa cuando terminaba el festival, en el living tenía gente que ni conocía. Querían seguir escuchando”, apunta Beatriz y continúa: “Pero Henry al otro día tenía que trabajar”. El último en irse tira la llave por debajo de la puerta. La noche termina para dar paso al alba. Henry sale temprano a repartir productos por los pueblos. Todos los integrantes de la banda tienen otros trabajos. Jornadas largas y pocas horas de sueño. “A él no le importaba matarse en ese trabajo si a la noche tenía tiempo para tocar”, indica Beatriz. La familia. Los hijos y “las viudas del jazz”. La base de todo. Todos juntos trazan un camino común. Por el solo hecho de amar. Un entramado afectuoso irrompible. 1998. Britney Spears, Robbie Williams y Ricky Martin encabezan la tabla de los hits más escuchados del año. La moda del pop está en su apogeo y su reproducción se masifica. Las discografías y el mercado explotan al máximo esta música, ambicionando más atención y lucro. En Río Cuarto, Saxo’s y Asociados saca su primer disco con el sello de la discográfica Redondel de Buenos Aires. “Libertango”, “Adiós Nonino”, “New York New York”, grabadas en el icónico quincho Reale. “Los de Buenos Aires no podían creer en el lugar donde grabamos”, enfatiza Henry. El disco llega a muchas disquerías y radios del país. Medios nacionales llaman seguido a los músicos.

Reconocimientos, entrevistas e invitaciones a teatros importantes. El jazz de los Saxo’s y Asociados pisa firme, se visibiliza. Otra vez, se reivindica el género nacido de los esclavos. Los negros están amalgamados a esta música. Es un homenaje a su fortaleza y su lucha.



Mateo Formía.  Especial para Puntal

Estudiante de Ciencias de la Comunicación de la UNRC.

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