El hecho sucedió el pasado viernes 25 de abril, pero fue informado oficialmente recién este jueves 1 de mayo. Dos menores, uno de 15 años y otro de 16, intentaron robar una motocicleta Tornado a una joven en la intersección de calle Cataluña y avenida Gobernador Sabattini. Lo que no sabían era que la mujer era una oficial de Policía que, al ser abordada, dio la voz de alto y logró reducir a los dos adolescentes. El de 15 años es el mismo que, un año y dos meses atrás, fue acusado de participar del asalto en el que asesinaron a Sebastián Villarreal para quitarle su moto, una Tornado blanca y roja, exactamente igual a la que intentaron robar esta vez.
Jimena Villarreal, hermana de Sebastián, fue una de las primeras en reaccionar ante la noticia y dialogó con Puntal. “Lo primero que me pasó cuando recibí la noticia fue que me alegré de que esa chica, policía y víctima del robo, esté viva. Por suerte va a poder seguir con su familia. Pero esta situación te destroza. Es como vivir en un bucle del tiempo. Lo revivís todo”, manifestó notablemente conmovida.
Jimena apuntó contra la inacción del Estado asegurando que “la primera palabra que me sale es angustia. Esto ya pasó tres veces desde que este joven fue externado. ¿Qué hacen SENAF, el Ministerio de Seguridad, el de Desarrollo? Nosotros, como víctimas, sentimos que se nos burlan”. También remarcó la falta de una red que contenga a jóvenes que, como este menor, crecen en contextos de exclusión extrema. “No es lógico pensar que si nada cambia, su conducta vaya a cambiar. La gente se espanta ante la reincidencia, pero cómo va a cambiar si lleva años de desamparo.”
La noticia conmovió doblemente a la familia Villarreal. No solo por la reincidencia del joven involucrado en el asesinato de Sebastián, sino también por las similitudes entre ambos hechos: una moto Tornado, un intento de robo, la posibilidad latente de una nueva muerte. “Gracias a Dios esta piba está viva. Pero pensé: hoy es 1º de mayo y nosotros no estamos con mi hermano, y también esta chica podría no haber estado”, dijo Jimena con dolor.
Luego del asesinato de Sebastián, el adolescente fue puesto bajo un régimen especial en una casa de familia en Villa Carlos Paz. La jueza de Menores que intervino le impuso como tareas asistir a la escuela y practicar boxeo. Sin embargo, meses más tarde, el chico se mostraba en redes sociales con armas en la cintura, evidenciando la falla del sistema de contención. “No es una cuestión simple: cómo pretendés que alguien que creció en la pobreza estructural, en un entorno violento y sin ningún acompañamiento desde los 9 años, cambie su conducta de un día para el otro”, lamentó Jimena.
En relación con la causa judicial por el crimen de Sebastián, el fiscal Andrés Godoy logró avanzar en la investigación y envió a juicio a cuatro jóvenes de entre 17 y 23 años acusados de homicidio criminis causae y asociación ilícita. El joven de 15 años fue derivado a la Justicia de Menores por su inimputabilidad. Según la investigación, integraba una banda que intercambiaba armas y se jactaba de sus delitos en redes sociales.
Jimena remarcó su enojo para con las políticas que se aplican en materia de seguridad y aseveró “nos están tomando el pelo. No se trata de pedir más policías, se trata de clubes, de espacios para que no estén en la calle, de personas bien pagadas que puedan cuidarlos. La seguridad viene de comer, de tener una buena vida. Nadie elige vivir esta realidad. Es muy infantil pensar que uno elige una vida de delito”.
La familia Villarreal también denunció que esta misma semana se retiró la consigna policial que tenían asignada los hijos de Sebastián. “El comisario nos dijo que no tenía agentes. Mientras tanto, este chico volvía a robar otra Tornado. Lo cierto es que los programas de niñez desaparecen, pero se abren cárceles de máxima seguridad. Hay más control, pero no más empatía”, advirtió Jimena. En ese sentido reconoció que sienten miedo porque “hay 13 detenidos, 3 por el asesinato de Sebas, pero es una asociación más grande. Estamos pidiendo condena perpetua en igual proporción que quienes ejecutaron el hecho. Porque cuando un menor sale a robar, el arma se las da un adulto y por eso ellos tienen que pagar en igual medida”.
Lejos de pedir venganza, la familia participa activamente de la asociación "Víctimas por la Paz", que promueve la justicia restaurativa y la reparación. “No pedimos que bajen la edad de imputabilidad. Pedimos que nos escuchen. Que no nos revictimicen más. Que trabajen en serio. Que dejen de tomar decisiones desde sillones cómodos sin mirar la realidad barrial. El cambio no está en castigar, está en humanizar”, dijo Jimena con voz quebrada.
Jimena también reflexionó sobre la condición del joven involucrado: “A los 9 años ya estaba fuera de la escuela, nadie lo buscó, ni la escuela ni el sistema de salud. Nadie se ocupó. ¿Por qué ese chico va a pensar que la vida del otro vale más que la suya? El desamparo sistemático tiene como resultado la crueldad, y puede terminar en una personalidad con rasgos psicopáticos.”
La familia de Sebastián Villarreal no solo sigue esperando justicia sino que se cambien las estructuras que permiten que la tragedia se repita una y otra vez. “No se trata de castigar a los culpables. Se trata de evitar que haya más víctimas. De evitar que haya más Sebastián.”