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Un desarrollo local funciona como refugio en la Antártida hace 4 años

El prototipo fue ideado por un ingeniero civil riocuartense y un montañista de Santa Rosa de Calamuchita. Fue concebido para la alta montaña y adaptado para ser habitado en las condiciones climáticas más extremas del mundo

A partir de una evolución, se encomendaron al desafío de materializarlos en lo alto del Champaquí a pedido de una empresa de turismo que lleva excursiones al pico más alto de Córdoba. De ahí en más “la pelota se puso a rodar”.

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El ingeniero civil riocuartense Julián Demo y el guía de montaña Mariano Bearzotti, oriundo de Santa Rosa de Calamuchita, trabajan en conjunto en el diseño de domos para alta montaña, sustentados en las bases de la arquitectura geodésica.

El camino recorrido los llevó a soñar con la posibilidad de poder hacer de sus productos un refugio de alta montaña nada más ni nada menos que en el ascenso al pico del Aconcagua y durante el proceso de desarrollo de un espacio apto para esas condiciones geoclimáticas se toparon con el teniente primero Juan Manuel Lezcano, quien es oficial de Operaciones y jefe de la Patrulla de Rescate de la Base antártica Esperanza, y quien sería el que iba a redoblarles la apuesta: instalar un refugio en la mismísima Antártida.

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“¿Qué mejor laboratorio que ese para probar nuestro refugio?”, fue la pregunta que los responsables de la empresa ArGeo se hicieron para reorientar el destino de aquel domo para alta montaña mirando ahora hacia el “Continente blanco”.

Lo que en principio iba a ser una prueba de un año, terminará por superar los cuatro, debido a que por distintas cuestiones y por la presente pandemia de coronavirus se dilató el anhelado encuentro entre los creadores y el refugio que aún se erige como albergue de personas en la Antártida.

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“Al día de hoy, después de 4 años, el refugio todavía está habitable y con cero mantenimiento, porque prácticamente nadie le hizo nada”, cuenta Demo a Puntal ADC.

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El desafío

La odisea de instalar un domo en la Antártida no solo implicaba el desafío de pensar la composición arquitectónica del espacio sino también el de no prescindir de ninguna pieza para garantizar el correcto armado del mismo y de que todo sea fácil de trasladar en territorios inhóspitos.

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“Teníamos que prever que se respeten los protocolos ambientales que rigen en la Antártida y de almacenar en un packaging todos los componentes que luego albergarían 12 metros cuadrados de habitabilidad”, señala Demo, quien recuerda con emoción del día en que el domo partió desarmado en una caja de 400 kilos desde el puerto de Buenos Aires hacia el sur.

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Al día de hoy, después de 4 años, el refugio todavía está habitable y con cero mantenimiento, porque prácticamente nadie le hizo nada. Al día de hoy, después de 4 años, el refugio todavía está habitable y con cero mantenimiento, porque prácticamente nadie le hizo nada.

“El proceso de armado fue muy lindo. Se conformó en la Antártida un equipo de 8 voluntarios destinados a esa tarea y nosotros brindamos una capacitación remota para explicar cómo instalarlo. Entre algunas de las observaciones que recibimos fue que los bulones y las tuercas eran pequeñas con relación a los guantes que ellos deben utilizar por las bajas temperaturas, lo que dificultaba la manipulación en el armado”, precisa Demo.

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Y agrega: “Finalmente lo pudieron montar y esa noche durmieron los 8 ahí adentro con una temperatura exterior de 40 grados bajo cero, pero que en el interior se mantuvo a cero grado”.

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Arquitectura geodésica

El ingeniero ponderó el potencial de la figura geodésica en su relación con la eficiencia energética. Resaltó que por tratarse de una composición estructural en bóveda, con sus nervios reticulados y el ritmo característico de la geodesia, contribuye a la posibilidad de cubrir grandes luces y se torna modulable para un fácil traslado.

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Dijo que entre los principales desafíos que tuvieron al momento de pensar los componentes uno fue definir materiales que soportaran vientos de más de cien kilómetros por hora que a la vez arrastran piedras a gran velocidad, lo que demandaba de un material resistente.

Es por eso que recurrieron al uso de paneles autoportantes de fibra de vidrio pintados especialmente para su exposición a los rayos UV. A la vez, los mismos generaban un espacio interior tipo sándwich que dio lugar a una aislación de 7 centímetros, mientras que en la cara que daba al interior del recinto se cerraba con otra capa de fibra de vidrio.

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“Se unen entre sí con bulones y confeccionan un monolito en el todo. Las juntas fueron uno de los puntos críticos, porque debió analizarse el sellado y el mantenimiento y, como en la Antártida es mucho el frío, eso evitó cualquier tipo de gotera porque en el exterior el agua se congela. Fue por ello que sellamos con un producto poliuretánico pero precatalizado”, explica.

“Seguramente va a ser una emoción increíble poder verlo materializado en ese lugar y en ese entorno. A esa imagen la imaginé un millón de veces pero seguro me va a sorprender y va a ser distinta a la que pensaba”, sostiene Demo.

A lo largo de los primeros meses de prueba pudieron recibir información que dio cuenta del desempeño del refugio en la Antártida, lo que les permitió tomar nota de distintas cuestiones que mejoraron al prototipo.

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“Entre algunas de las cosas que desconocíamos, estaba la posibilidad de que se exponga a nevadas que acumulen hasta dos metros de altura, lo que imposibilitaba totalmente la apertura de la puerta hacia el exterior, como fue inicialmente planteada. Por eso se sumó una especie de salida superior a modo de escotilla que podía ser utilizada en caso de tener obstruida la puerta”, señala.

Sobre el final, lo invade la emoción frente al anhelo de poder vivir la experiencia en primera persona de convertirse en usuario de su propio refugio, al menos una noche, lo que sería parte del convenio arribado para desarrollar la prueba en ese territorio de condiciones climáticas extremas.

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“Seguramente va a ser una emoción increíble poder verlo materializado en ese lugar y en ese entorno. A esa imagen la imaginé un millón de veces pero seguro me va a sorprender y va a ser distinta a la que pensaba”, sostiene Demo.

Por Javier Borghi