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Conrado Storani: “Todavía no se ha logrado resolver problemas básicos”

El dirigente de la Unión Cívica Radical se refirió a las principales deudas que tiene la democracia y relató cómo se trabajó para las elecciones de 1983. Repaso por la historia de su militancia.
Conrado Storani fue una de las figuras clave en la ciudad y la región durante el retorno de la democracia. En una charla con PUNTAL, el exdiputado nacional dijo que su militancia comenzó mucho antes del 1983 y brindó detalles de lo vivido hace 35 años. 

-¿Cómo comienza su militancia?

-Mi militancia empezó mucho antes del 83. Fui militante universitario. En su momento, milité la Reforma Universitaria, que este año cumple 100 años, a través de la fundación de la Franja Morada. Trabajamos mucho durante la etapa de la dictadura para tratar de revitalizar la estructura partidaria que, como todo el mundo sabe, estaba totalmente prohibida. Toda aquella persona que hacía política era perseguida. Si uno intentaba hacer una reunión, el encuentro era prohibido y reprimido. Sucedió lo mismo durante las dictaduras anteriores a la de 1976. Incluso, hubo muchos militantes del radicalismo que se convirtieron en mártires al ser asesinados. Todas esas etapas hicieron que nos fuéramos templando en la lucha, al saber que lo más conveniente para el país es la democracia. En ese entonces había una especie de exaltación de lo que podía ser la lucha armada como contrapartida de las dictaduras militares, mientras que los militantes de la Unión Cívica Radical optábamos por la vía pacífica, para llegar a una salida electoral. 

-Usted defendió a personas que fueron perseguidas por la dictadura…

-Sí, por supuesto, incluso a mucha gente que no pensaba como nosotros. Fue durante la última dictadura militar. El objetivo era evitar que esas personas fueran pasando a engrosar las listas de los desaparecidos. Se presentaron distintos habeas corpus y defensas concretas. Antes de la dictadura, durante la etapa de la Triple A del peronismo, defendimos a profesores universitarios. Vivimos muchas amenazas. Nada nos hizo cambiar de parecer, siempre tuvimos claro que la salida era por la vía pacífica y a través de las urnas. En ese contexto, antes de la dictadura del 76, surgió el Movimiento de Renovación y Cambio dentro de la UCR. 

-¿En qué consistió?

-Fue un movimiento que dio sus frutos algunos años después de su conformación. El Movimiento de Renovación y Cambió confrontó por primera vez dentro de la interna del radicalismo en 1972. Nuestra fórmula, integrada por Raúl Alfonsín y Conrado Hugo Storani, mi padre, perdió frente al binomio compuesto por Ricardo Balbín y Eduardo Gamond, a quienes acompañamos luego de nuestra derrota. Cuando llegó la dictadura de 1976, el Movimiento de Renovación y Cambio se hizo más importante en muchos lugares, pero especialmente en la provincia de Buenos Aires. Hubo una lucha persistente tanto de Alfonsín como de mi padre y de mucha gente de distintos lugares del país para salir a reconquistar a las mayorías populares y que, de esa manera, la UCR pudiera competir palmo a palmo con el peronismo. En 1982 cobró fuerza la debacle de la dictadura, principalmente por la derrota en la guerra de Malvinas. Gracias a la valentía de los soldados, suboficiales y oficiales que combatieron heroicamente en Malvinas para defender nuestro territorio, se afianzó el camino hacia la salida electoral. La dictadura no tenía la intención de dejar el poder. Si hubiesen tenido éxito en Malvinas, hubieran extendido un tiempo más la ocupación del gobierno. La derrota en Malvinas fue lo que los obligó a conciliar una salida electoral. 

-Y llegaron las elecciones…

-Sí, el primer dato fue la fuerte confrontación de las dos grandes fuerzas: el peronismo y el radicalismo. En el caso del justicialismo, propuso la candidatura de Ítalo Lúder. Objetivamente, tras conocerlo, puedo decir que era un hombre inteligente y probo pero, lamentablemente, muy cercado y condicionado por la violencia del pasado. Es decir, la violencia fue iniciada por el gobierno justicialista a través de la Triple A y de los grupos que creían en la lucha armada. Lúder estuvo muy condicionado por eso. Además, el peronismo había preparado una Ley de Amnistía para aplicar en caso de llegar al gobierno y eso era borrar todos los pecados del pasado y los atentados contra el Código Penal y la Constitución Nacional. 

-¿Qué rol tuvo en la campaña?

-Yo era presidente de la UCR a nivel departamental (Río Cuarto). Me tocó la responsabilidad de reorganizar el partido ante la apertura democrática en todo el sur de la provincia de Córdoba. Incluso, también me tocó viajar a la provincia de San Luis. Organizamos todo tipo de acciones y contamos con la visita de Raúl Alfonsín en varias oportunidades. En aquel entonces, la principal preocupación de la ciudadanía en general era la necesitad de instaurar la paz, ya que el país había estado asolado por la violencia. Creo que Alfonsín, con gran capacidad, fue el encargado de la pacificación del país, sin dejar de lado la justicia. Es decir, Alfonsín no dio la Ley de Amnistía, creó la Conadep y realizó todas las investigaciones sobre el pasado, pese a que las Fuerzas Armadas todavía tenían un poder muy grande. 

-La pregunta común a todos los entrevistados es cuál es el mayor acierto y cuál la mayor deuda de la democracia…

-El mayor logro ha sido la posibilidad de instaurar el sistema que, a 35 años, sigue vigente. Después de tantas etapas en las que las democracias fueron interrumpidas por las dictaduras, la perdurabilidad del sistema es un acierto. En cuanto a las deudas, creo que tienen que ver con la cuestión económica de la sociedad. A 35 años del retorno de la democracia, todavía no se ha logrado resolver problemas básicos como pobreza, desempleo y la inestabilidad de los sectores productivos.
Nicolás Cheetham

ncheetham@puntal.com.ar