“La mancha gravísima de la corrupción es una materia pendiente de la democracia”
Esteban Miguel Llamosas fue el candidato a intendente por el Partido Justicialista en la elección de 1983. Quedó segundo, detrás de Miguel Abella. El dirigente peronista destacó la campaña de hace 35 años y se refirió a la relación con su hijo, el actual jefe comunal.
Esteban Miguel Llamosas, conocido popularmente como “Chachi”, fue quien encabezó la lista del Partido Justicialista para la intendencia en 1983. Si bien no logró el objetivo de llegar al Palacio de Mójica (fue derrotado por Miguel Ángel Abella), valoró la posibilidad de haber participado y destacó la forma en la que se desarrolló la campaña en la ciudad hace 35 años. Al mismo tiempo, se refirió a las deudas del sistema y al flagelo de la corrupción.
-¿Cómo recuerda el retorno a la democracia en la ciudad?
-Fueron épocas muy turbulentas. Estábamos terminando uno de los momentos más negros por los que pasó la Argentina, a partir de una dictadura genocida sumamente sangrienta, en la que hubo todo tipo de persecuciones. Después de la guerra de Malvinas, comenzó un proceso interno dentro de los partidos políticos para afrontar la contienda electoral. Yo participé de la normalización interna dentro del Partido Justicialista. A mediados del año 83, fui parte de la interna en la que se definió mi candidatura a la intendencia de Río Cuarto. Luego comenzó una campaña que no tiene nada que ver con las de hoy. Recuerdo una participación masiva, la gente se volcó de manera contundente. Hubo una gran cantidad de actos populares en todos los barrios y un amplio contacto con la gente.
-La efervescencia que se veía en Buenos Aires a través de los medios de comunicación, ¿también se registró en Río Cuarto?
-Sí, en proporción, en Río Cuarto se vivió igual que en Buenos Aires. La nota distintiva de nuestra ciudad es que, en general, las campañas siempre se dieron en una convivencia respetuosa. Acá, y sobre todo con quien competíamos directamente, con Miguel Abella (UCR), el vínculo fue muy bueno. De hecho, forjamos una amistad, producto de una relación que comenzó muchos años antes, cuando yo militaba en la Juventud Peronista y Miguel en la Juventud Radical. Siempre tuvimos una relación personal y política muy buena, más allá de que cada uno tenía sus propias ideas. Eso se proyectó en el tiempo.
-Una prueba de esa buena relación es la foto del abrazo que se dieron usted y Abella una vez conocida la victoria del candidato radical en Río Cuarto, el 30 de octubre de 1983…
-Fue espontáneo. Yo estaba en el estudio del doctor Juan Manuel De Rivas esperando los resultados y Miguel detuvo la caravana, se bajó y nos dimos el famoso abrazo, que fue toda una señal. Tuve un vínculo permanente con Miguel y creo que Juan Manuel (Llamosas) conserva parte de las políticas que Abella impulsó durante sus dos gestiones como intendente. Me refiero a los talleres culturales, a la alfabetización y al trabajo con las vecinales. Ese sesgo, esa señal, fue del Chicharra y son políticas que hay que mantener.
-¿Cuál es el mayor logro y la mayor deuda de la democracia?
-El mayor logro es haber recuperado la participación popular en su derecho fundamental que es el de votar y elegir. Haber desterrado cualquier política golpista. La asignatura pendiente siguen siendo, fundamentalmente, los derechos de los sectores más postergados. En mayor o menor medida, todos los gobiernos que han pasado del 83 hasta aquí tienen responsabilidad. Este es un momento de políticas neoliberales que golpean a los sectores más postergados y débiles, por ejemplo.
-Más allá de las críticas, ¿cree que el gobierno de Macri tiene que concluir como corresponde?
-Por supuesto, ese es un desafío de la democracia.
-Se lo pregunto porque hay voces que señalan que estamos viviendo una crisis similar a la del 2001 y que Macri podría caer antes del 2019…
-Yo tengo mis críticas a la orientación de este Gobierno y a las medidas que se han tomado, pero de ninguna manera aliento ningún tipo de especulación destituyente o anuncios apocalípticos que hacen referencia al regreso del helicóptero. No quiero que eso se repita. Aspiro a que haya modificaciones en el rumbo, pero entiendo que el Gobierno tiene que llegar a destino y que las urnas tienen que ser las que definan el futuro del país. Pienso que se puede dar una alternativa superadora, pero siempre dentro del libre juego de la democracia. Aspiro a una política de corrección en la que quienes gobiernan no sigan pensando que la Argentina es una empresa, que no sigan creyendo que todo es una cuestión de costo-beneficio, sin olvidar que la mancha gravísima de la corrupción también es una materia pendiente, sea de quien sea. Al que le quepa el sayo que se lo ponga. Es decir, un hecho de corrupción de ahora no justifica el anterior y viceversa. La corrupción es uno de los temas pendientes, incluso entre nuestros legisladores, ya que todavía no tenemos un marco legal que la condene y que permita recuperar los bienes y recursos que se le sacaron al pueblo.
-¿Cómo es tener a uno de sus hijos como intendente de la ciudad?
-Cuando Juan Manuel (Llamosas) ganó las elecciones me hicieron una pregunta común. Concretamente, me preguntaron si su triunfo era una revancha para mí y eso no es así. No fue como Argentina perdiendo un campeonato del mundo o una Copa América.
-De todas maneras, me imagino que lo vive de una manera especial…
-Por supuesto, es una satisfacción personal. Es un orgullo tenerlo y acompañarlo, aunque no te creas que me hace mucho caso (risas). En algunos temas suelo aportar alguna idea o consejo. Trato de dar mi orientación política mirando las cosas por encima de lo coyuntural. Por supuesto que no le digo cómo tiene que manejar los servicios públicos, la economía o la salud, pero sí puedo aportar alguna idea manteniendo un rumbo claramente diferenciado al que se está llevando adelante a nivel nacional.
-¿Los sorprendió la derrota local en 1983?
-Se votaba todo junto (presidente, gobernador e intendente). Evidentemente, esa situación influyó, al igual que la figura de Alfonsín. Por eso, ha sido importante que se haya separado la elección municipal de la provincial y de la nacional. Eso se ve reflejado en los resultados. En Río Cuarto, se votó una opción para presidente, otra para gobernador y otra para intendente. Más allá de esto, no quiero restarle méritos a quien ganó, a Miguel Abella, porque lo hizo en muy buena ley. Evidentemente, él interpretó mejor la voluntad popular.
-Actualmente hay un gran descreimiento sobre la clase política, ¿se puede volver atrás con respecto a esa situación?
-Lo hablo bastante seguido con Juan. Creo que él pone en práctica algo fundamental que es estar en contacto con la gente. Camina mucho los barrios. Es imposible creer que todo puede volver a ser como en 1983, porque ahora hay más medios de comunicación y existen las redes sociales. Pero eso no implica que se deba dejar el cara a cara con la gente. No todo se puede armar con un buen marketing. En ese sentido, Juan Manuel ha puesto en marcha en su gobierno herramientas de contacto directo con la gente, como el Presupuesto Participativo.
-¿Cómo recuerda el retorno a la democracia en la ciudad?
-Fueron épocas muy turbulentas. Estábamos terminando uno de los momentos más negros por los que pasó la Argentina, a partir de una dictadura genocida sumamente sangrienta, en la que hubo todo tipo de persecuciones. Después de la guerra de Malvinas, comenzó un proceso interno dentro de los partidos políticos para afrontar la contienda electoral. Yo participé de la normalización interna dentro del Partido Justicialista. A mediados del año 83, fui parte de la interna en la que se definió mi candidatura a la intendencia de Río Cuarto. Luego comenzó una campaña que no tiene nada que ver con las de hoy. Recuerdo una participación masiva, la gente se volcó de manera contundente. Hubo una gran cantidad de actos populares en todos los barrios y un amplio contacto con la gente.
-La efervescencia que se veía en Buenos Aires a través de los medios de comunicación, ¿también se registró en Río Cuarto?
-Sí, en proporción, en Río Cuarto se vivió igual que en Buenos Aires. La nota distintiva de nuestra ciudad es que, en general, las campañas siempre se dieron en una convivencia respetuosa. Acá, y sobre todo con quien competíamos directamente, con Miguel Abella (UCR), el vínculo fue muy bueno. De hecho, forjamos una amistad, producto de una relación que comenzó muchos años antes, cuando yo militaba en la Juventud Peronista y Miguel en la Juventud Radical. Siempre tuvimos una relación personal y política muy buena, más allá de que cada uno tenía sus propias ideas. Eso se proyectó en el tiempo.
-Una prueba de esa buena relación es la foto del abrazo que se dieron usted y Abella una vez conocida la victoria del candidato radical en Río Cuarto, el 30 de octubre de 1983…
-Fue espontáneo. Yo estaba en el estudio del doctor Juan Manuel De Rivas esperando los resultados y Miguel detuvo la caravana, se bajó y nos dimos el famoso abrazo, que fue toda una señal. Tuve un vínculo permanente con Miguel y creo que Juan Manuel (Llamosas) conserva parte de las políticas que Abella impulsó durante sus dos gestiones como intendente. Me refiero a los talleres culturales, a la alfabetización y al trabajo con las vecinales. Ese sesgo, esa señal, fue del Chicharra y son políticas que hay que mantener.
-¿Cuál es el mayor logro y la mayor deuda de la democracia?
-El mayor logro es haber recuperado la participación popular en su derecho fundamental que es el de votar y elegir. Haber desterrado cualquier política golpista. La asignatura pendiente siguen siendo, fundamentalmente, los derechos de los sectores más postergados. En mayor o menor medida, todos los gobiernos que han pasado del 83 hasta aquí tienen responsabilidad. Este es un momento de políticas neoliberales que golpean a los sectores más postergados y débiles, por ejemplo.
-Más allá de las críticas, ¿cree que el gobierno de Macri tiene que concluir como corresponde?
-Por supuesto, ese es un desafío de la democracia.
-Se lo pregunto porque hay voces que señalan que estamos viviendo una crisis similar a la del 2001 y que Macri podría caer antes del 2019…
-Yo tengo mis críticas a la orientación de este Gobierno y a las medidas que se han tomado, pero de ninguna manera aliento ningún tipo de especulación destituyente o anuncios apocalípticos que hacen referencia al regreso del helicóptero. No quiero que eso se repita. Aspiro a que haya modificaciones en el rumbo, pero entiendo que el Gobierno tiene que llegar a destino y que las urnas tienen que ser las que definan el futuro del país. Pienso que se puede dar una alternativa superadora, pero siempre dentro del libre juego de la democracia. Aspiro a una política de corrección en la que quienes gobiernan no sigan pensando que la Argentina es una empresa, que no sigan creyendo que todo es una cuestión de costo-beneficio, sin olvidar que la mancha gravísima de la corrupción también es una materia pendiente, sea de quien sea. Al que le quepa el sayo que se lo ponga. Es decir, un hecho de corrupción de ahora no justifica el anterior y viceversa. La corrupción es uno de los temas pendientes, incluso entre nuestros legisladores, ya que todavía no tenemos un marco legal que la condene y que permita recuperar los bienes y recursos que se le sacaron al pueblo.
-¿Cómo es tener a uno de sus hijos como intendente de la ciudad?
-Cuando Juan Manuel (Llamosas) ganó las elecciones me hicieron una pregunta común. Concretamente, me preguntaron si su triunfo era una revancha para mí y eso no es así. No fue como Argentina perdiendo un campeonato del mundo o una Copa América.
-De todas maneras, me imagino que lo vive de una manera especial…
-Por supuesto, es una satisfacción personal. Es un orgullo tenerlo y acompañarlo, aunque no te creas que me hace mucho caso (risas). En algunos temas suelo aportar alguna idea o consejo. Trato de dar mi orientación política mirando las cosas por encima de lo coyuntural. Por supuesto que no le digo cómo tiene que manejar los servicios públicos, la economía o la salud, pero sí puedo aportar alguna idea manteniendo un rumbo claramente diferenciado al que se está llevando adelante a nivel nacional.
-¿Los sorprendió la derrota local en 1983?
-Se votaba todo junto (presidente, gobernador e intendente). Evidentemente, esa situación influyó, al igual que la figura de Alfonsín. Por eso, ha sido importante que se haya separado la elección municipal de la provincial y de la nacional. Eso se ve reflejado en los resultados. En Río Cuarto, se votó una opción para presidente, otra para gobernador y otra para intendente. Más allá de esto, no quiero restarle méritos a quien ganó, a Miguel Abella, porque lo hizo en muy buena ley. Evidentemente, él interpretó mejor la voluntad popular.
-Actualmente hay un gran descreimiento sobre la clase política, ¿se puede volver atrás con respecto a esa situación?
-Lo hablo bastante seguido con Juan. Creo que él pone en práctica algo fundamental que es estar en contacto con la gente. Camina mucho los barrios. Es imposible creer que todo puede volver a ser como en 1983, porque ahora hay más medios de comunicación y existen las redes sociales. Pero eso no implica que se deba dejar el cara a cara con la gente. No todo se puede armar con un buen marketing. En ese sentido, Juan Manuel ha puesto en marcha en su gobierno herramientas de contacto directo con la gente, como el Presupuesto Participativo.
Nicolás Cheetham