Río Cuarto | democracia

“La pobreza y la corrupción son las grandes deudas”

Nicolás Harrington, exfuncionario radical, aportó su mirada respecto al retorno de la vida política en la ciudad. También se refirió a las dificultades que todavía no se han superado a nivel nacional.
 
El dirigente radical Nicolás Harrington recordó cómo se vivió el regreso de la democracia en Río Cuarto, hace 35 años. En ese marco, enumeró los aspectos logrados y aquellos que aún están pendientes en el país. 

-¿Cómo vivió el retorno de la democracia?

-Lo viví con una gran intensidad y emoción. Nosotros veníamos militando en el radicalismo desde varios años antes. Recuerdo que en el año 1968 hubo una marcha acá en la plaza Roca, donde algunos militantes fuimos reprimidos por la Policía que, en aquellos años, andaba a caballo. Seguimos avanzando, pasamos los años 70, que fueron muy difíciles. Córdoba fue intervenida y se destituyó a quien era gobernador (Ricardo Obregón Cano). A partir de 1976, la noche se hizo plena. Todo fue más oscuro. Estábamos en una posición en la que no compartíamos la lucha armada que proponían algunos. Después de años muy duros, llegamos a 1983, merced a la inmolación de los jóvenes de 18 años que estuvieron en Malvinas. Llegamos a la democracia y todos teníamos un júbilo muy grande. Creíamos que todo iba a florecer y que todo iba a ser cuestión de lograr el desarrollo de los derechos que cada uno tenía, además de cumplir con las obligaciones de vivir en democracia. Lamentablemente, en estos 35 años, los resultados no son los que queríamos. Creo que, como en algún momento planteé, la pobreza y la corrupción son las grandes deudas que tiene la dirigencia argentina. Son problemas que no se han podido solucionar. Hay un problema cultural y otro económico. Todos los recursos económicos fueron para el consumo y no para el desarrollo humano necesario para que la gente salga de la pobreza. De esta manera, de lo que era una crisis se pasó a una pandemia. Lejos de solucionar la pobreza, fue favorecido su crecimiento. Es así que, hoy, los hijos de los hijos de los pobres son pobres. Si seguimos así, no vamos a salir de la pobreza. Ese es el gran déficit de la dirigencia argentina. La corrupción también lo es. Acá no se supo entender que los valores morales y el respeto hacia los demás son fundamentales. Si bien es cierto que la corrupción mata, también es verdad que la corrupción hambrea. A los corruptos también hay que hacerles rendir cuentas de lo que pasó. 

-La pregunta común que les hacemos a todos los entrevistados tiene que ver con cuál es la mayor deuda y cuál el mejor acierto de la democracia. Usted ya habló de lo que está en el debe, ¿qué es lo que está en el haber?

-El respeto a la voluntad popular. El respeto a la consulta popular a través de las elecciones. De todas formas, la democracia es mucho más que las elecciones. La democracia es un estilo de vida que implica honradez, honestidad y desarrollo cultural. La falta de honradez pasa por un montón de lados. La educación, por ejemplo, debió haber jugado un rol fundamental y eso no se cumplió. No se quiso tomar exámenes para ver cómo estaban parados nuestros docentes y alumnos y eso es como querer esconder el déficit de la educación debajo de la alfombra. Encima, hablamos de una alfombra que está rota y que, además, nadie repara. A mí me enseñaron que siempre había que estar limpio, aunque uno podía tener algo roto porque no podía cambiarlo. Sin embargo, esa rotura debía zurcirse. Ese hecho no denigra a nadie, por el contrario, lo enaltece. 

-¿Qué recuerdos tiene de la campaña local de 1983?

-Había un gran abanico de candidatos (10 en total) a la intendencia. Eso fue una demostración de las ganas que había de participar. No hubo peleas. Más allá de que ganó Miguel Ángel Abella y el radicalismo, fue un triunfo de todos. Ganó la democracia. Después, algunos partidos se juntaron y otros desaparecieron, pero el mayor logro fue haber podido votar y dar el puntapié inicial en la democracia. 

-¿Qué pasó luego de que se ganó la elección? ¿Se cumplieron todos los objetivos?

-Había restricciones económicas y financieras que no hicieron posible todo lo que se quería hacer. De todas maneras, se dio un gran desarrollo de la red de gas natural, que fue una obra que se financió desde la Nación. Abella hizo un esfuerzo muy grande para tratar de desarrollar la ciudad con pavimento y cordón cuneta, al igual que con espacios verdes mejorados. Creo que la gestión fue buena, ya que cuatro años después fue reelegido como intendente. Además, después de sus dos gobiernos, vinieron otras dos gestiones radicales (Benigno Antonio Rins). En tanto, en el orden provincial, se logró dar de comer en las escuelas, una política pública que sigue vigente por estos días. 

-¿Qué rol cumplió usted en 1983, después de las elecciones?

-Fui asesor del Ministerio de Economía de la Provincia de Córdoba. A los dos años, en 1985, fui subsecretario de Economía de la Provincia. Luego, fui honrado por la ciudadanía como senador departamental por Río Cuarto y, a posteriori, fui síndico en el Banco de Córdoba. Luego me separé de la actividad pública para dedicarme a la privada. Hace 20 años que estoy afuera de la función pública. Creo que di lo mejor de mí cuando ocupé los distintos cargos. Asimismo, vale decir que, mientras ejercí la función pública, tuve suspendidas mis matrículas de contador y abogado. 

Nicolás Cheetham

ncheetham@puntal.com.ar