Río Cuarto | democracia

“Pensábamos que ganábamos porque nunca habíamos perdido”

Juan Manuel De Rivas fue presidente del bloque del PJ durante el regreso de la democracia. “Mi sentir me dice que no estamos mejor que en 1983”, aseguró. Habló sobre el resultado de la elección local.
 
Además de votar y elegir a las autoridades, el retorno de la democracia también permitió volver a poner en funciones al Concejo Deliberante de Río Cuarto. En 1983, los electores le dieron ocho bancas a la Unión Cívica Radical, seis al Partido Justicialista y una a la Unión Vecinal. 

Juan Manuel De Rivas (padre) fue uno de los dirigentes del justicialismo que asumieron en el Legislativo local y quien tuvo la responsabilidad de presidir el bloque del PJ. En diálogo con Puntal, el abogado contó detalles de la campaña de hace 35 años. 

-¿Cuándo entraron en clima con respecto al retorno a la democracia?

-Se empezó a vivir antes de 1983. A partir de la guerra de Malvinas, en 1982, se empezó a notar que era difícil que el gobierno militar se mantuviera mucho tiempo más en el poder. El proceso de retorno a la democracia se abrió con la derrota en las islas del Atlántico Sur. Nosotros nos veníamos reuniendo desde hacía bastante tiempo. Eran encuentros muy reservados o se utilizaba algún subterfugio. Por ejemplo, una vez vino Hugo del Carril (cantante que grabó la Marcha Peronista). Ya en 1983, durante el desarrollo de la campaña por la intendencia, el trato entre las diferentes fuerzas políticas era absolutamente cordial. Es decir, éramos adversarios políticos y cada uno sabía que el objetivo era llegar a la intendencia, pero éramos conscientes de que, en el fondo, había una meta mayor que era la recuperación de las instituciones. De hecho, durante la campaña solíamos encontrarnos en los mismos comedores a cenar luego de las actividades proselitistas. 

-¿Qué recuerda del día de la elección?

-Acá en el estudio en el que estamos ahora (de calle Sebastián Vera al 200) estaba montado el centro de cómputos del peronismo. Se armó con las pautas que nos habían dado los compañeros que estaban más preparados en el tema. Se habían definido mesas de muestreo en distintos puntos de la ciudad. A medida que se fueron contando los votos, los fiscales venían al estudio con un papelito y se iban cargando los datos. El peronismo venía invicto en las elecciones desde 1945 en adelante. Teníamos la absoluta confianza de que ganábamos y, quizás, nos costaba percibir qué era lo que estaba pasando en el ánimo del votante.  

-¿Fue arduo el trabajo?

-Sí, se trabajó a full. Hubo muchos actos, dos o tres por día, reuniones en casas de familias, entre otras actividades. El día de la elección hubo una gran movilización con vehículos. Nosotros creíamos que ganábamos porque decíamos que nunca habíamos perdido. En Río Cuarto, el triunfo de Raúl Alfonsín ejerció una gran influencia. De todas formas, la contienda entre Abella y Llamosas fue muy pareja porque eran dos candidatos nuevos, jóvenes y conocidos en la ciudad. De hecho, entre los dos cosecharon casi el 90% de los votos. 

-¿A qué hora de ese día se dieron cuenta de que la elección estaba perdida?

-Los que teníamos alguna experiencia en elecciones anteriores lo percibimos casi cuando comenzó el conteo de los votos. Yo estuve en Banda Norte y, cuando vi que la diferencia que le sacábamos al radicalismo no era tan importante, comencé a ver que el panorama era sombrío. 

-¿Fue dura la derrota?

-Fue durísimo, sobre todo porque nos considerábamos ganadores. Los primeros 6 o 7 años desde el 83 nos acostumbramos a ir a la Casa Radical a felicitar al ganador (risas), hasta que, incluso desde Río Cuarto, se empezó a gestionar la renovación peronista. 

-La pregunta común a todos los entrevistados es qué es lo mejor y qué lo peor de la democracia, ¿qué opina usted?

-Lo mejor es que, más allá de las idas y venidas, el pueblo siga teniendo la posibilidad de elegir a su gobierno. Asimismo, creo que la democracia tiene una gran deuda en materia de gestión para el bien común. No se ha encontrado el mecanismo para generar una mejora real para los argentinos. No tengo números ni estadísticas, pero mi sentir me dice que no estamos mejor que en 1983. Tampoco es positiva la pérdida de vigencia de los partidos políticos. 

-¿Cómo fue asumir como concejal en 1983?

-En 1983 fui presidente del bloque de concejales del PJ. Éramos muy pocos los que teníamos antecedentes en la función pública en el gobierno de Río Cuarto. Yo había sido secretario de Gobierno en la época de Julio Humberto Mugnaini. Creo que se veía de una manera diferente a la que se la ve ahora. En cada sesión hacíamos homenajes a alguna figura de peso, hoy eso está devaluado. En aquel momento se quería reivindicar a quienes tenían un pensamiento que sumaba al espacio democrático. 

Primera sesión

La primera sesión del Concejo Deliberante de 1983 tuvo lugar el jueves 24 de noviembre en el Palacio Municipal, ya que el actual edificio del Legislativo se puso en funciones como tal en 1986 para el bicentenario de la ciudad. 

Rodolfo Marcos Lloveras (UCR) fue designado al frente del Parlamento y Alberto Bruhn (PJ) y Olga Mirta Bonet de Saíno (UCR) quedaron a cargo de las vicepresidencias primera y segunda, respectivamente. 

En aquel tiempo los debates legislativos se organizaban en horario nocturno. De acuerdo a la crónica de Puntal de hace 35 años, la primera sesión se         desarrolló “ante gran cantidad de público”. 

A modo de anécdota, la nota en cuestión relató que “a falta de una Biblia, los concejales tuvieron que jurar sobre la imagen de un Cristo crucificado”. 

El resto de los ediles que asumieron esa noche fueron: Edith de Carrillo, Miguel Ángel Torres, Armando Isaguirre, Rodolfo Pascual Pérez, Ernesto Correa, Eddi Jorge Azcurra, Alberto Raúl Biglione, Juan Carlos Avendaño, Carlos Negro, Eduardo Di Cola, Gustavo Chiessa, Víctor Sierra y Juan Manuel De Rivas. 



Nicolás Cheetham.  Redacción Puntal