Río Cuarto | democracia

Semana Santa y crisis del 2001, dos momentos duros en el Concejo

El exconcejal peronista Omar Isaguirre  repasó los episodios que marcaron al Parlamento local desde el año 1983.
 
Omar Isaguirre fue concejal por el Partido Justicialista durante dos mandatos, entre 1999 y 2008. Formó parte de un bloque que estuvo primero como oficialismo (durante la intendencia de Alberto Cantero) y después como oposición (en la tercera gestión de Antonio Rins). En diálogo con Puntal, el actual director del Archivo Histórico Municipal recordó su paso por el Concejo Deliberante de la ciudad y señaló que hubo dos momentos especialmente difíciles: la crisis de Semana Santa de 1987 y la del “que se vayan todos” en el 2001. 

-¿Estuvo el Concejo a la altura de las necesidades de la ciudad en estos 35 años de democracia? 

-Río Cuarto ha tenido un crecimiento sin pausas durante ese mismo trascurso. En gran parte debido a la institucionalidad que la gobernó y administró. Si bien con marcados altibajos, pero sin interrupciones, el Poder Legislativo ha sido protagonista obligado. Históricamente el Concejo Deliberante fue estigmatizado y denostado por el vecindario, no siempre con ecuanimidad y debido reconocimiento. Sin perjuicio de que la disparidad de conductas humanas han conspirado en la calidad de su proyección y prestigio.

-¿Cuáles fueron los hechos que más recuerda? 

-Como recuerdos, todos, para mí fue muy intenso lo vivido allí. En el acompañamiento personal evoco: la creación de la biblioteca, la revista, el Instituto de formación, el monumento a los desaparecidos, la calle Aramburu, la comisión de derechos humanos o la apertura cultural. En lo colectivo, los debates por la calle Perón, las sociedades de economía mixta, los azudes, las erradicaciones, los nuevos barrios, entre muchos recordables momentos que nos cupo protagonizar.

-¿Qué debe mejorarse? 

-La presencia institucional del Concejo en la comunidad debe sostenerse y recrearse en los métodos. De hecho, se han intentado múltiples formas. Hay que continuar insistiendo. Me resisto a aceptar que sobre 19 concejales, apenas trasciende mediáticamente  media docena, o que la sociedad no conozca sus nombres. Y no es de ahora, viene de arrastre. En parte, es una cuestión que debe resolver cada edil. Quizá el día que se entienda que por cada uno hay ciento ochenta mil que pudieran o quisieran ocupar ese lugar, se lo defendería con más ahínco. La política es honor, intelecto, trabajo, acción, pero también es trascendencia, que se mide con los años fijados en la memoria.

-¿Es justa la determinación de los representantes? 

-La primera Carta Orgánica de 1992 definió tal modo y proporciones vigentes. En total, sobre nueve intendencias municipales, en sólo tres se dio la polarización absoluta. En todas las demás hubo tres bloques, incluso de más de un concejal, y una vez tuvimos hasta cuatro bancadas. Por cierto, hay que reconocer dos aspectos: las dos mayorías dominantes, radicalismo-peronismo, y la proliferación de las alianzas partidarias que ensancharon la representatividad popular. Cuestión aparte es la calidad o la forma en que se eligen internamente los representantes.

-¿Es conveniente que haya mayoría casi automática? 

-El nuevo sistema, desde la reforma constitucional de 1987, privilegió la “gobernabilidad” asegurando una mayoría simple al partido gobernante. Es un hecho inevitable antes y ahora. Con el nivel de conflictos actuales, a veces superfluos, no habría gobierno posible sin asegurar la mayoría.

-¿Cuáles fueron los momentos más tensos o difíciles? 

-Rescato dos. Uno, los sucesos de la Semana Santa de abril de 1987, cuando el pueblo ocupó los edificios del poder y las calles para defender al lado de los concejales la democracia sitiada. Otro, la crisis de diciembre del 2001. Aquí estalló en pleno enero de 2002, cuando los sectores medios reaccionaron por el “corralito” y la bancarización forzosa, y fogoneados por el Centro Comercial cayeron en turba sobre el Concejo, agraviando y rompiendo. Fue la irracionalidad en un escenario equivocado. Si bien sobrevivimos al “que se vayan todos”, en muchos de nosotros dejó su huella, y en lo institucional, aparecieron planteos para la remanida “reforma política”, a veces, el gran maquillaje que no cambia la vida ni la situación de la gente.