Ángel Manfredi, militante del Partido Comunista en Tucumán, fue secuestrado en el ‘76 y desaparecido durante la última dictadura cívico-militar. Pocas semanas atrás, sus restos fueron identificados en Pozo de Vargas. Su cuñada, la referente de la ONG NADia que lucha contra la diabetes, Nydia Farhat, cuenta cómo fue la experiencia de su familia entorno a este atroz período de la historia argentina.
“Él era parte de una familia muy humilde y tuvo que empezar a trabajar a los 14 años, por lo que sufrió el costo de la vida desde todo punto de vista”, cuenta Farhat en diálogo con PUNTAL, y recuerda: “Trabajando hizo el secundario y la universidad, donde cursó en la Facultad de Filosofía y Letras en la Universidad de Tucumán. Desde chico también comenzó con la militancia en el Partido Comunista”.
Luego de un intenso trabajo, el Colectivo de Arqueología, Memoria e Identidad de Tucumán (Camit) identificó un resto de Manfredi en el Pozo de Vargas, un pozo de agua utilizado por el Ejército para deshacerse de cuerpos durante el último golpe de Estado.
“Ángel fue papá de tres hijos, y tanto ellos como los hermanos de Ángel, fueron víctimas de todo lo que pasó. También estuvieron las víctimas indirectas, a las que quizás no les pasó algo de manera física, pero sí en todo lo que vivimos, todo lo que nos costó lo que pasó. Nos tuvimos que deshacer de fotos familiares porque estábamos marcados y teníamos amigos de los dos lados”, completa Nydia.
La referente local comenta que toda su familia se vio involucrada en este proceso: “Teníamos amigos que sabían que nos estaban siguiendo y otros, por ejemplo, de la familia de Roberto Santucho; de hecho yo era la única que jugaba con sus sobrinas, porque todo el mundo tenía prohibido acercarse a jugar con ellas en Santiago del Estero”.
- ¿Cómo fue su partida de la provincia en la que vivían?
- Nuestra salida de Santiago fue en una urgencia el 3 de diciembre de 1982, justo el día de mi egreso como bachiller en Letras de la escuela Normal, que tuvimos que irnos porque llegaba un allanamiento a nuestra casa, donde vivíamos con mi mamá y mi hermana. Fue una deuda pendiente de no poder egresar, incluso en 2007, después de años de silencio y ausencia, volví a Santiago pensando en hacer un cierre y en la cena de reencuentro de los compañeros, un periodista se acercó y me dijo: “Algo habrán hecho”.
- ¿Cómo se dio el vínculo entre Ángel y su hermana?
- Con mi hermana Lola se conocieron en la facultad porque ella estudió la Licenciatura en Ciencias de la Educación. Él tenía una militancia activa en el partido y en el corpus obrero de Tafí del Valle. Como hijo de ferroviarios luchaba por los trabajadores. Era sumamente inteligente y capaz, tomó contacto con otros movimientos comunistas del mundo. Se casaron un 8 de agosto y tuvieron 3 chicos, una nena y dos varones.
Farhat explica que lo que vivieron su hermana y sus hijos fue muy doloroso, “no sólo por el corte de vínculos con sus allegados, sino que ella no podía ir a Santiago para no comprometernos a nosotros”, dijo. Comentó que Lola se recibió de licenciada y no podía ejercer porque estaba tildada como “la esposa de...”. “Consiguió una suplencia como maestra de grado, y la fueron trasladando de escuela en escuela. Mientras tanto, nadie le quería cuidar el bebé más chico, por lo que tenía que llevarlo a la escuela y hacerlo dormir mientras daba clases. Incluso allanaban las escuelas buscando a su esposo antes de su desaparición”, indicó.
- ¿Qué hacía Ángel en esos meses previos a su detención?
- Ángel estaba terminando de cursar las últimas materias de su carrera y no tenía trabajo, por lo que se dedicó a vender elementos de limpieza en la calle, escobas y baldes. Él era una persona muy fuerte ideológicamente hablando y mi hermana siempre decía que no podía preguntarle adónde iba cuando salía. Una vez se ausentó 3 meses y había estado en la China comunista trabajando en prensa.
- ¿Cómo fue su secuestro?
- Fue un día del niño, el 8 de agosto de 1976, justo para un aniversario con mi hermana. El se había ido con una compañera del partido, Ana Sosa, para festejar con los niños de los obreros, y algunos indican que en el camino se los llevaron. Ese día mi hermana estaba almorzando en la casa de sus suegros y a la siesta pasó por un parque donde los chicos jugaron un rato. Cuando llegó a su casa, detrás de ella le patearon la puerta y le dijeron que se la llevaban. Ella en un acto de susto e ingenuidad ante la situación, pidió hacerle una leche al bebé y cambiarle los pañales. En los minutos que se demoró en poner la pava, entró el jefe de los que estaban en el operativo y les dijo que ya estaba, que lo habían agarrado a Ángel. Le dejaron la puerta derrumbada y toda la casa dada vuelta. Esta es la segunda teoría, porque al salir ellos, una vecina le dijo a mi hermana que se lo acababan de llevar a Ángel, quizás él volvió y para proteger a su familia vio a la Policía y no entró a la casa.
Farhat señaló que los niños tenían 3 y 4 años, y lloraban desconsolados ante el operativo. “Ella me cuenta un hecho que queda como una metáfora que me emociona mucho -comentó Nydia-, que como cumplían años de casados ese día, él le había dejado unas rosas amarillas en un florero sobre la mesa, y en medio de la requisa tiraron todo, el florero se tambaleó, pero no se cayó”.
Luego del secuestro, Farhat comenta que para su hermana llegó una época muy dura, “de hambre, sin trabajo y sin hogar, ella vivía en la terminal, a Jujuy no podía ir porque estaba otra de mis hermanas y a Santiago tampoco porque estábamos nosotros, mientras los nenes se quedaron con su suegra”, explicó.
- Los restos de Ángel fueron identificados en Pozo de Vargas, ¿ustedes se imaginaban que podían estar allí?
- Ella lo supuso porque se empezó a hablar del Pozo, pero nunca pudo hacer nada porque (Antonio) Bussi había ganado las elecciones y los derechos humanos comenzaron a existir realmente en el 2003.
- ¿Los hijos habían entregado una muestra para el control de adn?
- Sí, y hace poco más de un mes llegó la notificación de que habían encontrado solamente una tibia y peroné, todo destrozado. Este resto se encuentra ahora en Buenos Aires, con el Equipo Argentino de Antropología Forense, y la familia debe decidir si se cierra la búsqueda con eso y se le da sepultura, o si se espera que haya más presupuesto y se buscan más restos. El proyecto necesita de un ascensor que baje a mayor profundidad, donde está la mayoría de los cuerpos, pero no hay presupuesto.
- ¿Sirve para hacer un luto este hallazgo?
- Sí, si bien ella siempre pensó que había fallecido, nunca dejó de esperarlo. Ni siquiera cuando la declararon viuda años atrás, ella necesitaba esto para cerrar su historia, quedaba una herida abierta. También les pasó a mis sobrinos, que debieron hacer su vida con mucho esfuerzo, ahora son profesionales, muy inteligentes, pero que han sido siempre muy resilientes.
El Camit y su trabajo en el Pozo
El Pozo de Vargas, en Tucumán, es un sitio de inhumación clandestina, no es una fosa porque aquí no se lo construyó para este fin. Desde mediados de los ‘70, hasta 1983, se reutilizó un pozo de agua que se había construido para abastecer las máquinas a vapor que iban por la línea de ferrocarril que unía Tucumán con el norte del país.
Allí trabaja el Colectivo de Arqueología, Memoria e Identidad de Tucumán (Camit), un grupo de investigación independiente que surge del trabajo de profesionales de arqueología y estudiantes para dar un marco institucional a la labor como peritos.
Luis Schlossberg
Luego de un intenso trabajo, el Colectivo de Arqueología, Memoria e Identidad de Tucumán (Camit) identificó un resto de Manfredi en el Pozo de Vargas, un pozo de agua utilizado por el Ejército para deshacerse de cuerpos durante el último golpe de Estado.
“Ángel fue papá de tres hijos, y tanto ellos como los hermanos de Ángel, fueron víctimas de todo lo que pasó. También estuvieron las víctimas indirectas, a las que quizás no les pasó algo de manera física, pero sí en todo lo que vivimos, todo lo que nos costó lo que pasó. Nos tuvimos que deshacer de fotos familiares porque estábamos marcados y teníamos amigos de los dos lados”, completa Nydia.
La referente local comenta que toda su familia se vio involucrada en este proceso: “Teníamos amigos que sabían que nos estaban siguiendo y otros, por ejemplo, de la familia de Roberto Santucho; de hecho yo era la única que jugaba con sus sobrinas, porque todo el mundo tenía prohibido acercarse a jugar con ellas en Santiago del Estero”.
- ¿Cómo fue su partida de la provincia en la que vivían?
- Nuestra salida de Santiago fue en una urgencia el 3 de diciembre de 1982, justo el día de mi egreso como bachiller en Letras de la escuela Normal, que tuvimos que irnos porque llegaba un allanamiento a nuestra casa, donde vivíamos con mi mamá y mi hermana. Fue una deuda pendiente de no poder egresar, incluso en 2007, después de años de silencio y ausencia, volví a Santiago pensando en hacer un cierre y en la cena de reencuentro de los compañeros, un periodista se acercó y me dijo: “Algo habrán hecho”.
- ¿Cómo se dio el vínculo entre Ángel y su hermana?
- Con mi hermana Lola se conocieron en la facultad porque ella estudió la Licenciatura en Ciencias de la Educación. Él tenía una militancia activa en el partido y en el corpus obrero de Tafí del Valle. Como hijo de ferroviarios luchaba por los trabajadores. Era sumamente inteligente y capaz, tomó contacto con otros movimientos comunistas del mundo. Se casaron un 8 de agosto y tuvieron 3 chicos, una nena y dos varones.
Farhat explica que lo que vivieron su hermana y sus hijos fue muy doloroso, “no sólo por el corte de vínculos con sus allegados, sino que ella no podía ir a Santiago para no comprometernos a nosotros”, dijo. Comentó que Lola se recibió de licenciada y no podía ejercer porque estaba tildada como “la esposa de...”. “Consiguió una suplencia como maestra de grado, y la fueron trasladando de escuela en escuela. Mientras tanto, nadie le quería cuidar el bebé más chico, por lo que tenía que llevarlo a la escuela y hacerlo dormir mientras daba clases. Incluso allanaban las escuelas buscando a su esposo antes de su desaparición”, indicó.
- ¿Qué hacía Ángel en esos meses previos a su detención?
- Ángel estaba terminando de cursar las últimas materias de su carrera y no tenía trabajo, por lo que se dedicó a vender elementos de limpieza en la calle, escobas y baldes. Él era una persona muy fuerte ideológicamente hablando y mi hermana siempre decía que no podía preguntarle adónde iba cuando salía. Una vez se ausentó 3 meses y había estado en la China comunista trabajando en prensa.
- ¿Cómo fue su secuestro?
- Fue un día del niño, el 8 de agosto de 1976, justo para un aniversario con mi hermana. El se había ido con una compañera del partido, Ana Sosa, para festejar con los niños de los obreros, y algunos indican que en el camino se los llevaron. Ese día mi hermana estaba almorzando en la casa de sus suegros y a la siesta pasó por un parque donde los chicos jugaron un rato. Cuando llegó a su casa, detrás de ella le patearon la puerta y le dijeron que se la llevaban. Ella en un acto de susto e ingenuidad ante la situación, pidió hacerle una leche al bebé y cambiarle los pañales. En los minutos que se demoró en poner la pava, entró el jefe de los que estaban en el operativo y les dijo que ya estaba, que lo habían agarrado a Ángel. Le dejaron la puerta derrumbada y toda la casa dada vuelta. Esta es la segunda teoría, porque al salir ellos, una vecina le dijo a mi hermana que se lo acababan de llevar a Ángel, quizás él volvió y para proteger a su familia vio a la Policía y no entró a la casa.
Farhat señaló que los niños tenían 3 y 4 años, y lloraban desconsolados ante el operativo. “Ella me cuenta un hecho que queda como una metáfora que me emociona mucho -comentó Nydia-, que como cumplían años de casados ese día, él le había dejado unas rosas amarillas en un florero sobre la mesa, y en medio de la requisa tiraron todo, el florero se tambaleó, pero no se cayó”.
Luego del secuestro, Farhat comenta que para su hermana llegó una época muy dura, “de hambre, sin trabajo y sin hogar, ella vivía en la terminal, a Jujuy no podía ir porque estaba otra de mis hermanas y a Santiago tampoco porque estábamos nosotros, mientras los nenes se quedaron con su suegra”, explicó.
- Los restos de Ángel fueron identificados en Pozo de Vargas, ¿ustedes se imaginaban que podían estar allí?
- Ella lo supuso porque se empezó a hablar del Pozo, pero nunca pudo hacer nada porque (Antonio) Bussi había ganado las elecciones y los derechos humanos comenzaron a existir realmente en el 2003.
- ¿Los hijos habían entregado una muestra para el control de adn?
- Sí, y hace poco más de un mes llegó la notificación de que habían encontrado solamente una tibia y peroné, todo destrozado. Este resto se encuentra ahora en Buenos Aires, con el Equipo Argentino de Antropología Forense, y la familia debe decidir si se cierra la búsqueda con eso y se le da sepultura, o si se espera que haya más presupuesto y se buscan más restos. El proyecto necesita de un ascensor que baje a mayor profundidad, donde está la mayoría de los cuerpos, pero no hay presupuesto.
- ¿Sirve para hacer un luto este hallazgo?
- Sí, si bien ella siempre pensó que había fallecido, nunca dejó de esperarlo. Ni siquiera cuando la declararon viuda años atrás, ella necesitaba esto para cerrar su historia, quedaba una herida abierta. También les pasó a mis sobrinos, que debieron hacer su vida con mucho esfuerzo, ahora son profesionales, muy inteligentes, pero que han sido siempre muy resilientes.
El Camit y su trabajo en el Pozo
El Pozo de Vargas, en Tucumán, es un sitio de inhumación clandestina, no es una fosa porque aquí no se lo construyó para este fin. Desde mediados de los ‘70, hasta 1983, se reutilizó un pozo de agua que se había construido para abastecer las máquinas a vapor que iban por la línea de ferrocarril que unía Tucumán con el norte del país.
Allí trabaja el Colectivo de Arqueología, Memoria e Identidad de Tucumán (Camit), un grupo de investigación independiente que surge del trabajo de profesionales de arqueología y estudiantes para dar un marco institucional a la labor como peritos.
Luis Schlossberg

