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Los primeros desafíos económicos de 2026: pago de deuda, actividad y ahora Venezuela

El inicio del año presenta una vez más un cúmulo de desafíos para la administración de Javier Milei, que tiene puesto el foco en la jornada del viernes y el vencimiento de US$ 4.200 millones

Ni bien amanece el 2026, los desafíos económicos para la gestión de Javier Milei empiezan a formar fila. Pero a los de agenda, se le sumó repentinamente lo ocurrido en Venezuela en la madrugada del sábado, cuando un comando estadounidense ingresó a ese país para capturar a Nicolás Maduro y llevarlo ante los tribunales de Nueva York, acusado de narcoterrorista. No está la Argentina inmiscuida en esa trama central protagonizada por los presidentes Maduro y Donald Trump, pero colateralmente habrá olas que podrían romper en las playas del Ministerio de Economía que conduce Luis Caputo.

No hace falta ahondar demasiado en el discurso del mandatario norteamericano para advertir que más allá del objetivo Maduro, hay un claro interés petrolero que irrumpe con fuerza detrás de la polémica decisión de ingresar al territorio de otro país y llevarse detenido al presidente. Trump lo dejó en claro: “Vamos a conducir Venezuela hasta una transición y vamos a explotar los recursos naturales para que la riqueza llegue al pueblo venezolano”, afirmó. Pero luego quitó algunos filtros y se sinceró: “Las empresas petroleras norteamericana van a ingresar a Venezuela y van a invertir fuerte para reconstruir la infraestructura de ese país y así poder producir mucho más petróleo”. Allí parece estar el verdadero interés económico del accionar militar, más allá de que su proveedor estable y de calidad de petróleo pesado (como el venezolano) es Canadá.

Pero mientras el presidente argentino, Javier Milei, celebró la intervención norteamericana en tierra venezolana para capturar a Maduro, es posible que ahora deba trabajar para neutralizar un posible impacto negativo en algunas proyecciones económicas que parecían razonables hasta el viernes. En particular, las referidas a la balanza energética. Porque si los dichos de Trump se cumplen y las empresas norteamericanas comienzan a elevar la producción de petróleo en Venezuela, que tiene la mayor cantidad de reservas probadas del mundo, entonces habrá que esperar que el valor del barril comience a bajar por aumento de la oferta. No será necesario demasiado para mejorar lo que actualmente genera Venezuela, que fue perdiendo peso en el concierto del petróleo y recursos para el país. De hecho, antes del arribo de Chávez al poder, el país producía poco más de 3 millones de barriles por día. Hoy no llega a un millón.

Las primeras proyecciones hablan de que, con una inversión moderada y que permita acondicionar pozos ya existentes, sería factible duplicar el volumen actual en pocos años. Tal vez dos o tres. ¿Y por qué es relevante para la Argentina? Porque si la oferta de petróleo empieza a bajar el precio, los proyectos de desarrollo de Vaca Muerta, con pozos no convencionales, que son más caros de poner en marcha, empiezan a correr riesgo por falta de rentabilidad. Si el valor del barril, que hoy orilla los 60 dólares, se acerca a los 50 dólares, comenzarán a encenderse las alarmas. Si eso ocurre, entonces el fuerte crecimiento que viene mostrando la canasta exportadora energética del país puede alterarse. Vale recordar que las proyecciones mostraban hasta el viernes que en 2030 los dólares de Vaca Muerta podrían asimilarse a los de la agroindustria. Pero sin ir tan lejos, en este 2026 se espera que el complejo gas y petróleo dejen 9 mil millones de dólares limpios en el país.

La otra cara de la baja del petróleo es que posiblemente pueda tener impacto en los surtidores de combustibles, algo que también le interesa al presidente Trump. En Argentina los mercados no son tan lineales por las enormes distorsiones y ciertas decisiones arbitrarias que toman jugadores con amplio dominio del mercado. Casualmente como ocurre con YPF. Este capítulo energético, no aparecía en la agenda de Caputo y Milei hasta el viernes. Ahora deberá ocupar un lugar destacado.

Pero mucho más urgente es lo que ocurrirá este viernes, con el vencimiento de deuda por unos 4.200 millones de dólares, de los cuales hay unos US$ 2 mil millones que restan especificar su origen. El mercado da por descontado que surgirán de un conglomerado de bancos internacionales. Sin embargo, lo central será el cumplimiento del pago de ese compromiso porque el efecto inmediato que se espera es que tenga traducción en una baja adicional del riesgo país. Y si eso ocurre, la Argentina estará un paso más cerca de salir a los mercados a colocar nueva deuda para pagar viejos compromisos. En otras palabras, bajará también la presión sobre la necesidad de acumular reservas, algo que de todos modos el Gobierno anunció que tiene ahora como un capítulo pendiente. Si el riesgo país va al terreno de los 450 puntos básicos, entonces es factible que un sondeo de mercados esté a la vuelta de la esquina.

Tomando los dos puntos de la agenda del nuevo año, hay quienes esperan que hoy los mercados reaccionen favorablemente en Venezuela, entendiendo que la política de Nicolás Maduro cambiaría de manera significativa hacia un rumbo más “amigable”. Eso podría generar algún contagio adicional en la región. De todos modos, el panorama en Venezuela está lejos de ser claro y por estas horas hay más dudas que certezas, tanto en lo político como en lo económico.

Finalmente, como mar de fondo y con mayor vinculación en el día a día de los ciudadanos, el desafío de 2026 para el Gobierno nacional es lograr mayor bienestar económico en el grueso de la población, algo que por ahora no consiguió. Los datos de consumo y algunas actividades centrales, como la industria y el comercio, siguen siendo negativos. De hecho, en Córdoba, Navidad y diciembre en general, dejaron en el comercio minoristas ventas por debajo de las de 2024. En la Industria, la preocupación es creciente y allí coinciden variables complejas, como los altos costos de producción, caída de demanda y una importación que en determinados segmentos golpea el entramado productivo nacional. El agregado clave allí es que el empleo industrial es mayormente de calidad y con salarios por encima de la media, en un contexto en el que la precarización laboral es creciente. Si no hay generación de empleo formal y con salarios que comiencen a ganar poder adquisitivo, la actividad continuará en los carriles que viene transitando, con algunos segmentos que mejoran, pero con muchos que permanecen estancados o en baja. Tal vez este sea uno de los máximos desafíos de 2026 para Milei y su equipo económico.