Dos escritos de una de las participantes del programa municipal
Volver a empezar
A través de los cristales veo caer la tarde.
Los pájaros con su vuelo apresuran su regreso;
buscan su tibio nido antes
que la tarde oscurezca.
Ya se encienden las luces
de la gran ciudad.
La gente apresurada
vuelve a su cálido hogar.
La noche ya me abraza
para poder descansar,
esperar el nuevo día,
y volver a empezar.
Mi sueño
Era un hermoso día de febrero, con la presencia de un sol radiante y un cielo celeste como el mar. Cuando, de repente, me extendieron un folleto que decía con escritura muy grande “Programa Municipal de Alfabetización”. Pensé: para mí no es, porque no tengo edad para estudiar. Luego, entre charlas y charlas, alguien me dijo: “Es tu oportunidad, no la dejes pasar, siempre decís que falta concretar algo en tu vida”.
Pensé que era verdad y sentí una inmensa emoción, por lo que decidí incorporarme a la escuela. Pasaron días, meses, y fui aprendiendo.
Mejoró mi escritura, la lectura fue buena, fue un hermoso progreso. Y llegó el día final, en en el que me entregaron el certificado de la primaria. Fue inmensa la alegría que sentí, cuando entre mis manos tenía el certificado que había soñado tantas veces.
Fue una experiencia bella, que quedará grabada para siempre en mí. Quiero compartir con ustedes lo emocionante que es soñar.
Los aliento, sigan estudiando y aprendiendo, porque para ser feliz no hay edad.
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Nilda Iglesias: vive en Río Cuarto, es oriunda de Bengolea y tiene 69 años. Es del barrio Cola de Pato, en 2019 comenzó el proceso para terminar sus estudios primarios en un centro de alfabetización. “Escribir me ayuda a expresar lo que siento, me llena el alma poder hacerlo”, asegura.