En diálogo con Salud & Ciencia, el médico diabetólogo y endocrinólogo Fabio Walter Bianchini (MP 24931), profesional del staff de Mellitus, se muestra contundente al explicar que la diabetes tipo 2 es una enfermedad “crónica, progresiva y que no tiene cura” y que “en algunos casos se puede revertir en cuanto a la aparición de la enfermedad, por ejemplo, después de una cirugía bariátrica”.
“La diabetes tipo 2 afecta no solamente al metabolismo de los hidratos de carbono, sino también al metabolismo de los lípidos y las proteínas, y el equilibrio hidrosalino. Puede llegar a alterar varios aspectos del medio interno del paciente y generar complicaciones, si no está controlada”, indicó.
Embed - Dr. Fabio Walter Bianchini - Lic. Agustina Alarcón
En ese marco, Bianchini señala: “Antes veíamos que esta enfermedad aparecía en personas de más de 40 o 50 años, pero ahora la estamos viendo en personas de 15, 20, 25 o 30 años. Y uno de los factores que más influye es el sobrepeso y la obesidad, que están apareciendo en edades cada vez más tempranas, incluso en niños de 5 o 6 años. A eso se suma el sedentarismo, que los chicos pasan más horas frente a pantallas, hacen menos actividad física y la alimentación no es la adecuada: consumen muchos productos ultraprocesados, azúcares simples y bebidas azucaradas. Todo esto, sumado a una predisposición genética, acelera la aparición de la enfermedad”.
El especialista advierte que, si no se cambian estos hábitos y no se implementan políticas de prevención, en pocos años vamos a ver un aumento de casos muy importante. En ese contexto, explicó que, con esa proyección, va a haber personas jóvenes con complicaciones de la enfermedad en plena edad productiva.
Para el profesional, la pandemia de coronavirus dejó su huella y marcó “un antes y un después”. “Con la pandemia, aumentó el sedentarismo, el peso corporal y el consumo de alimentos poco saludables. Y eso se reflejó directamente en el aumento de casos de diabetes tipo 2 en adolescentes y adultos jóvenes”, apuntó Bianchini.
Tratamiento adaptado
El médico remarca que no es lo mismo tratar a un paciente de 60 años que a uno de 20 años. “Con los jóvenes hay que trabajar mucho en la educación diabetológica, en la adopción de hábitos saludables y en sostenerlos en el tiempo. Hay que involucrar al entorno, a la familia, y tener en cuenta la esfera emocional, porque las enfermedades crónicas generan desgaste y muchas veces el paciente pierde la adherencia al tratamiento”, sostuvo.
Para añadir: “Es fundamental un abordaje multidisciplinario que incluya médicos, nutricionistas, psicólogos y todo el equipo de salud, para que el paciente no solo mantenga sus parámetros en valores normales, sino que también prevenga complicaciones”.
El rol del laboratorio
Por su parte, la bioquímica Agustina Alarcón (MP 6145) detalla que para confirmar tal patología en un paciente es necesaria la realización de estudios clínicos y de laboratorio.
“El primer estudio que se hace es la glucemia en ayunas. En el caso de los jóvenes, para diferenciar si es tipo 1 o tipo 2, se solicita un marcador que se llama anti-GAD, que es muy accesible y confiable. También se hacen la hemoglobina glicosilada y la curva de glucosa para el diagnóstico definitivo”, describió Alarcón.
E indicó que, en cuanto a la prediabetes, los valores de glucemia que empiezan a encender la luz de alerta son de 110 a 125 mg/dl, hemoglobina glicosilada menor a 6,5%, colesterol y triglicéridos elevados, y ácido úrico alto. “Son parámetros que, si se detectan a tiempo, permiten trabajar en la prevención”, dijo la profesional de Mellitus, para agregar que “la interpretación de los resultados de laboratorio siempre la hace el médico”.
“Nosotros aportamos el dato objetivo, pero el diagnóstico es conjunto con la clínica del paciente”, aclara.
Seguimiento y prevención
Alarcón señala que una vez diagnosticada la diabetes, el control de laboratorio se realiza al menos cada seis meses, o antes, si el médico lo indica.
“Se miden los parámetros bioquímicos, se hacen ecografías y consultas con un nutricionista y un psicólogo, porque la idea es mejorar la calidad de vida y la expectativa de vida del paciente, sobre todo en los jóvenes, y reducir el estigma que todavía existe”.
En tanto, para Bianchini, la clave sigue estando en la prevención. “No podemos cambiar la genética, pero sí podemos cambiar el ambiente en el que esa predisposición se manifiesta. Y eso depende de las decisiones personales y de las políticas de salud pública”, finalizó.
Javier Borghi - Suplemento Salud & Ciencia