“Creo que mi hijo no sufrió un accidente ni se suicidó”
Beatriz Irene Lencinas confió a PUNTAL las sospechas que tiene en torno a la muerte de su hijo Diego.
Beatriz Irene Lencinas acaso sea la persona que más conocía a su hijo, Diego Maximiliano, el muchacho de 27 años que apareció sin vida en un camino guadaloso de Las Higueras.
Conmocionada por la noticia de su muerte en la madrugada del 30 de diciembre, la mujer no encuentra razonable la hipótesis de que su hijo haya sufrido un accidente y, más improbable aún, ve la posibilidad de que se haya quitado la vida.
“Mi hijo nunca se suicidaría”, dijo a PUNTAL con voz segura.
El dato objetivo señala que el cadáver de Diego Maximiliano Lencinas apareció calcinado en el interior del Renault Clio de su propiedad. El vehículo también estaba quemado y arrumbado a un costado de un camino de tierra, en la intersección de las rutas 36 y 158 de Las Higueras.
A partir de ese cuadro, se disparan las sospechas de la mujer que habla con calma y decidida a arribar a la verdad.
Beatriz Lencinas dijo que su hijo era una persona muy miedosa, por eso le llama la atención que haya podido circular en soledad por un lugar que, en horas de la noche, es una boca de lobo.
“Me dijeron que cerca del lugar hay una quinta donde se hacen fiestas y es probable que mi hijo haya ido ahí, pero lo que yo descarto es que haya andado solo en el auto por el lugar, porque era miedoso y ahí no hay una sola luz. Si anduvo por ahí, fue con otra persona”, recalcó.
Otro aspecto que le llamó poderosamente la atención fue la ausencia de las chapas patente en el auto. La mujer contó que los investigadores obtuvieron la dirección del dueño del auto, a través del número de registro que está impreso en el motor del rodado. “Así fue como llegaron a mi casa a preguntar si el dueño vivía ahí. El auto apareció sin la patente delantera ni la trasera, y yo me preguntó por qué, si antes de la muerte de mi hijo las patentes estaban”.
Un tercer indicio que pone en cuestión la hipótesis del accidente es la manera en que apareció el celular del joven. Su madre reveló que él era muy celoso de su celular y no se lo dejaba a nadie, sin embargo el aparato habría aparecido en poder de un tercero.
“Diego no se despegaba del celular ni para bañarse”, graficó la mujer, y precisó: “El hijo del dueño de la quinta donde se habría hecho la fiesta dijo que se lo olvidó ahí, eso me pareció muy extraño”.
Aunque la Justicia aún está peritando el aparato, ella confió a PUNTAL que el celular no tenía ningún dato. “No sé cómo puede estar en blanco porque para ingresar a su celular él usaba un patrón que nadie conocía, ni yo”, recalcó la mujer.
En medio del dolor y de la incertidumbre, a Beatriz no le dejaron de llegar todo tipo de versiones en los 25 días que transcurrieron desde la muerte de su hijo. “Me dijeron que lo atacaron entre 5, otros me dijeron que no querían matarlo pero no les quedó otra...Lo que yo quiero es que se llegue a la verdad. Yo estuve en el lugar del hecho y la versión del accidente no me cierra para nada”, concluyó.
Conmocionada por la noticia de su muerte en la madrugada del 30 de diciembre, la mujer no encuentra razonable la hipótesis de que su hijo haya sufrido un accidente y, más improbable aún, ve la posibilidad de que se haya quitado la vida.
“Mi hijo nunca se suicidaría”, dijo a PUNTAL con voz segura.
El dato objetivo señala que el cadáver de Diego Maximiliano Lencinas apareció calcinado en el interior del Renault Clio de su propiedad. El vehículo también estaba quemado y arrumbado a un costado de un camino de tierra, en la intersección de las rutas 36 y 158 de Las Higueras.
A partir de ese cuadro, se disparan las sospechas de la mujer que habla con calma y decidida a arribar a la verdad.
Beatriz Lencinas dijo que su hijo era una persona muy miedosa, por eso le llama la atención que haya podido circular en soledad por un lugar que, en horas de la noche, es una boca de lobo.
“Me dijeron que cerca del lugar hay una quinta donde se hacen fiestas y es probable que mi hijo haya ido ahí, pero lo que yo descarto es que haya andado solo en el auto por el lugar, porque era miedoso y ahí no hay una sola luz. Si anduvo por ahí, fue con otra persona”, recalcó.
Otro aspecto que le llamó poderosamente la atención fue la ausencia de las chapas patente en el auto. La mujer contó que los investigadores obtuvieron la dirección del dueño del auto, a través del número de registro que está impreso en el motor del rodado. “Así fue como llegaron a mi casa a preguntar si el dueño vivía ahí. El auto apareció sin la patente delantera ni la trasera, y yo me preguntó por qué, si antes de la muerte de mi hijo las patentes estaban”.
Un tercer indicio que pone en cuestión la hipótesis del accidente es la manera en que apareció el celular del joven. Su madre reveló que él era muy celoso de su celular y no se lo dejaba a nadie, sin embargo el aparato habría aparecido en poder de un tercero.
“Diego no se despegaba del celular ni para bañarse”, graficó la mujer, y precisó: “El hijo del dueño de la quinta donde se habría hecho la fiesta dijo que se lo olvidó ahí, eso me pareció muy extraño”.
Aunque la Justicia aún está peritando el aparato, ella confió a PUNTAL que el celular no tenía ningún dato. “No sé cómo puede estar en blanco porque para ingresar a su celular él usaba un patrón que nadie conocía, ni yo”, recalcó la mujer.
En medio del dolor y de la incertidumbre, a Beatriz no le dejaron de llegar todo tipo de versiones en los 25 días que transcurrieron desde la muerte de su hijo. “Me dijeron que lo atacaron entre 5, otros me dijeron que no querían matarlo pero no les quedó otra...Lo que yo quiero es que se llegue a la verdad. Yo estuve en el lugar del hecho y la versión del accidente no me cierra para nada”, concluyó.
Alejandro Fara
afara@puntal.com.ar
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