Rostros y Rastros discurso | Beatriz Busaniche | Fundación Vía Libre

Lo que se dice en redes sociales, su regulación como discurso público y la concentración de la oferta

Diariamente nos encontramos con discursos y contenidos en las redes sociales a los que les cabe todo tipo de adjetivos. Especialistas explican qué es el discurso de odio, les preocupa la concentración en pocas plataformas y la decisión de un puñado de CEOs

La Fundación Vía Libre tiene por objetivo defender y promover los derechos fundamentales en la sociedad digital. Beatriz Busaniche es la presidenta de la fundación Vía Libre y con ella hablamos desde Rostros y Rastros para conocer cómo están viendo esta compleja realidad que a veces no nos parece tan real porque pasa en redes sociales, sin embargo encuentra un marco regulatorio tanto como un discurso público.

Muchas veces se piensa que detrás de un perfil social, con una foto seleccionada, bajo un nombre o apodo, y sin estar cara a cara con el otro, se genera una especie de anonimato que podría ser el pasaporte para decir y publicar cualquier cosa en nuestras redes.

¿Se puede decir cualquier cosa en las redes sociales?

No, la respuesta es claramente no, estamos viendo con bastante preocupación que estas plataformas están empezando a implementar distintas formas de arbitraje y regulación del discurso público que determina una baja de contenidos o el bloqueo de cuentas desde donde se emiten discursos que eventualmente pueden ser antipáticos, discursos reaccionarios, discursos indeseables pero no necesariamente es un discurso no protegido por la libertad de expresión.

Entonces, ¿cómo se regula el discurso en redes?

Las redes, efectivamente, se están convirtiendo en un lugar donde el discurso público está más regulado a tal punto que a veces escuchamos barbaridades, un discurso que tal vez no nos cae bien o no me gusta, pero esa no es la discusión acá. Estamos hablando de discursos que puede llegar a ser una barbaridad por ejemplo en salud pública, con desinformación, discursos de homofobia, misoginia y demás, que pueden ser indeseables o antipáticos, los adjetivos que quieras, eso pasar el filtro de la edición de un medio de comunicación tradicional, mientras que en algunas redes son dados de baja por reportes de los usuarios o por identificación de discurso de odio en una selección que hacen las propias plataformas. Es por esto que hoy las redes no son un espacio donde se puede decir de todo.

La abogada especialista en libertad de expresión, Agustina Del Campo dice que el discurso de odio tiene dos definiciones una más social y otra jurídica, sin embargo en ambos ámbitos se habla de un discurso de incitación a la violencia, que por ejemplo desde la Convención Americana de Derechos Humanos es un tipo de discurso muy específico, “no protegido, es una limitación legítima a la libertad de expresión y la misma Convención manda a prohibirlo explícitamente, es un tipo de discurso que difícilmente se puede abordar en calidad de tentativa, por eso es complejo, cuándo corroboramos que es un discurso de incitación a la violencia, cuando la violencia ya paso? De ahí surgen muchas críticas a este concepto jurídico de discurso de odio y surge la definición social que es todo discurso con todo tipo de violencia”, señala la profesional.

Busaniche agrega que este tipo de discurso está regulado como discurso público. “En todo el mundo hay regulación vinculada con el discurso, estamos hablando de la regulación del discurso público porque son espacios donde las personas emiten opiniones, publican contenidos y es un campo históricamente regulado. Los tratados internacionales de derechos humanos regulan el derecho a la libertad de expresión, es un derecho regulado, en las constituciones nacionales también y esas regulaciones que abarcan las conductas de las personas alcanzan lo que las personas hacen en las redes sociales. Existen además, distintos tipos de regulaciones por ejemplo la decencia en las comunicaciones, otras vinculadas con los derechos de propiedad intelectual, muchas de ellas que seguramente hay que ver cómo se aplican y cuáles se aplican las propias plataformas”.

¿Este discurso de odio es propio de internet?

El concepto de discurso de odio lleva muchas más décadas que internet, por lo que precede la tecnología que hoy tenemos y está incluido en legislaciones desde hace muchos años, mucho antes de debatir cómo se debe regular internet. El discurso de antes uno lo veía en la televisión. A veces uno ve titulares que indican que el discurso de odio aumento un tanto por ciento en el último tiempo, no se puede decir eso porque las metodologías y los observatorios para medir esos datos van cambiando todos los años, entonces se incorporan nuevas categorías, nuevas formas de denuncias, se crean nuevos foros de denuncias y si uno genera más foros y más categorías para denunciar obviamente tendremos un incremento en los casos registrado, pero eso es porque antes no se media de igual forma que ahora.

Vemos que las mismas plataformas rechazan publicar algunos contenidos, lo vimos por ejemplo con el presidente Trump en enero.

Sí, las plataformas muchas veces deciden no permitir en sus espacios ciertos discursos que no necesariamente son discursos protegidos por la libertad de expresión, van más allá de lo que las leyes toleran en términos de libertad de expresión y protección del discurso público.

¿Cómo perciben eso desde Vía Libre?

Vemos con preocupación muchos avances vinculados con la concentración. La problemática central de la libertad de expresión hoy y de las regulaciones del discurso público tiene que ver con las altísimas tasas de concentración que hay en el mundo de internet, hay dos o tres plataformas que concentran esos espacios donde las personas se comunican y publican contenidos. Ésta es una cuestión problemática desde el punto de vista de la libertad de expresión. Otra preocupación son las políticas donde el CEO de una compañía puede disponer que el presidente de un país democráticamente electo, sea dado de baja porque dijo cosas que pueden ser consideradas ofensivas o llamando a la insurrección, cuando las instituciones de ese país no han actuado todavía. Que sea la mano del CEO de una compañía el que tome las decisiones es problemático desde el punto de vista de la política y la libertad de expresión.

En este momento la política pública y las instituciones están cediendo ante lo que dispone un puñado de grandes empresas que están aplicando su “sanitización” del discurso público. Vemos con gran preocupación esa tendencia, justamente hablando del caso Trump y la deplataformización de Trump en enero luego de los incidentes en el Capitolio.

Por Fernanda Bireni