Discos que cumplen 30 años, segunda parte

Tal como comenzamos en la entrega anterior, este domingo te traigo "Acariciando lo áspero" de Divididos. Un trabajo que alcanzó alta repercusión colocando todos sus temas en lo más alto de los rankings radiales.

Pese a ser un gran disco no obtuvo el apoyo esperado por parte de su compañía discográfica por falta de presupuesto.

 

Luego de la desaparición de Sumo, Ricardo Mollo (guitarra y voz), Diego Arnedo (bajo) y Gustavo Collado (batería) formaron lo que en un primer momento se llamó La División. La banda debutó en 1988 en un pub de Flores, y en 1989 grabaron "40 dibujos ahí en el piso".

En 1990 la banda hace su primer cambio en batería; así ingresó Federico Gil Solá, con quién graban en 1991 "Acariciando lo áspero", donde el grupo alcanza una alta repercusión colocando sus temas en todos los rankings radiales.

Divididos no fue una banda popular en los inicios de su carrera. Pasados los primeros momentos de la expectativa post sumo, los seguidores no encontraban identificación en el trío. Esperaban una continuación de Sumo y hasta imaginaban que Luca podría aparecer en cualquier momento. “Tocamos en Cemento la primera vez para 800 personas que estaban esperando que Luca salga y diga ‘acá estoy, era un joda’; y al próximo recital había 80 personas, que era lo que tenía que haber en el primero” recordaba Ricardo Mollo años después.

El cambio de baterista les dio mayor potencia con respecto a lo que se había escuchado en el primer disco, “40 dibujos ahí en el piso”. La entrada de Federico Gil Solá empezó a moldear el power trío que serían. Así lo contó el baterista: “Cuando llegué tocaban en bolichitos para treinta personas y habían sacado un disco que no conocía nadie. Tenían la chapa de ser ex Sumo, pero eso te puede jugar a favor y en contra”.

Con esa formación empiezan a aparecer las canciones que formarían el segundo trabajo discográfico. “El 38” es una de las primeras y rápidamente prende entre la gente que los sigue. La letra hace referencias al oeste bonaerense donde “está el agite”, las entrañas desde donde salió la banda, rodando entre Hurlingham y El Palomar. El suicidio con una 38 aparece como opción cuando “la guita se le iba por el diván” y “la Martita se fue, vas a los bares y no alcanzan, todo te pesa”.

En los arreglos y la fuerza de esta canción ya se escucha el sello Divididos, ese que les dará el mote de “aplanadora del rock”. Junto a “Ala Delta”, “Sábado” y “Qué tal?” son los temas que empiezan a sumar público a esos 30 o 40 que los escuchaban en pubs y bolichitos.

“Acariciando lo áspero”, segundo disco de Divididos, fue grabado en los Estudios Panda entre marzo y abril de 1991, mezclado por Amilcar Gilabert. En este álbum debutó discográficamente Federico Gil Solá, y fue lanzado a fines del ’91 consiguiendo una masividad que los llevará a llenar varios Obras durante las presentaciones del mismo.

Antecedentes y grabación

A la hora de entrar en el estudio, Federico Gil Solá ya estaba a cargo de la batería, acompañando la dupla heredera de Sumo que conformaban y aún conforman Ricardo Mollo y Diego Arnedo; aunque algunos de los temas incluidos en él habían empezado a tomar forma ya en la época en la que el ritmo reposaba en manos de Gustavo Collado. Con la inclusión de Gil Solá en batería, Divididos ganaría en potencia algo que se reflejaría de inmediato en su segundo trabajo de estudio, que salió a las calles a finales de 1991. Este nuevo material los acerca un poco más la masividad, que finalmente conseguirán con La era de la boludez unos años más tarde, gracias a una gran cantidad de temas que se convertirían en clásicos como los roqueros" El 38”," Azulejo”," Qué tal?” y" Ala delta” y los más folklóricos como" El burrito” y" Cielito lindo”. El álbum es, en cierto sentido, un despertar plagado de bajos demoledores, coqueteos funk, guitarras voladoras, y una rítmica hipnotizante; pero, además de todo eso, además de ser un pilar fundacional sobre lo que con el tiempo se convertiría en el sonido más característico de la banda, está lleno de temas, hoy devenidos clásicos. Para cerrar el disco incluye también una versión de "Voodoo Child" de Jimi Hendrix con una licencia que convierte al niño en" Chile” que al día de hoy sigue siendo ritual en cada una de sus fechas, un homenaje a Hendrix: Mollo toca la canción con los dientes. En Acariciando lo áspero la banda comenzaba a establecer su impronta con los dedos endiablados de Arnedo y la variedad sonora aportada por la guitarra de Mollo, yendo desde el funk, pasando por el blues, el punk y en cuanto estilo quieran abarcar.

Presentación

Pese a ser un gran disco no obtuvo el apoyo esperado por parte de su compañía discográfica por falta de presupuesto, así fue como la banda tuvo que promocionarse a ella misma y realizó durante 1992 una serie de 13 conciertos en el Estadio Obras Sanitarias que resultaron todo un éxito aunque la cima de su carrera todavía estaría por venir.

Por Félix Olaizola Pouler