En un contexto muy particular y tras superar numerosos desafíos que les impuso la pandemia, los docentes celebran hoy su día, y en distintos lugares de la región realizan actos en su homenaje.
En Alejo Ledesma, ayer la Municipalidad realizó un reconocimiento a varias docentes, pero hubo un homenaje particular: a la señorita “Mulata”, tal como la conocen todos sus alumnos y vecinos.
Ana María del Carmen Ceballos Houriet de Collosa es su nombre, y ayer fue sorprendida por su exalumno y actual intendente, Marcelo Agustín, quien le hizo entrega de una placa y flores.
En la historia de la seño “Mulata” se reflejan otros cientos de docentes. “No es una profesión de paso, sino que dura toda la vida, incluso estando jubilada”, dijo.
En primer lugar, el Municipio -a través del intendente Marcelo Agustín y su equipo de gobierno- homenajeó a docentes, educadores y directivos de las instituciones educativas de la localidad.
Compartieron un desayuno con las autoridades municipales y se proyectó un video institucional con testimonios y relatos de los y las docentes acerca del trabajo docente en pandemia, sus desafíos y la articulación y el acompañamiento del Municipio durante dicho período.
Luego, el intendente y su equipo homenajearon a Ana María del Carmen “Mulata” Ceballos Houriet de Collosa, una de las docentes con más trayectoria en la comunidad.
Para el mandatario y exalumno, Mulata es “una docente que ha dejado huellas profundas en cada uno de los niños y niñas que pasaron por sus aulas. Siempre fue muy dedicada, comprometida con la tarea docente. Y la practicaba con mucho amor y cariño con sus alumnos y alumnas”.
“En lo personal, tuve el privilegio de haber sido alumno de Mulata. Y jamás olvidaré sus enseñanzas. Ha sido un ejemplo de valores y principios para los y las ledesmenses”.
“Quiero destacar también a aquellas personas como ella, tanta enseñanza nos han dejado. Siempre desde el respeto y el amor trabajando para que la educación sea una verdadera herramienta de inclusión y transformación en cada ser humano”, finalizó Agustín.
Una elección de vida
Entre varias frases, Mulata destacó que “ser maestra es para siempre. No es una profesión de paso, sino que dura toda la vida, incluso cuando una está jubilada”.
La voz de Mulata desborda alegría. Asume que ayer fue un día de muchas emociones, y por momentos dice sentir vergüenza de tanto reconocimiento.
En su historia se resumen las de otros cientos de docentes que también abrazan con amor la profesión. Y es poner nombre al arduo trabajo que realizaron y realizan educadores en cada rincón del país.
Su historia
Ana María del Carmen estudió en la Escuela Justo José de Urquiza (Normal) de RíoCuarto, y a los 17 años egresó con el título de maestra.
De esos tiempos recuerda una charla con una escritora que consultó a las alumnas qué querían ser y todas apuntaban a abogacía, escribanía.
“Ella nos abrió los ojos y nos dijo ‘no se dan cuenta de que van a ser maestras y nadie dice que quiere serlo’, no lo usen como trampolín, ejerzan’. Eso me quedó muy grabado. Y yo amo la docencia”.
Recuerda que sus primeros pasos en un aula fueron en un colegio de Benjamín Gould, un pueblo vecino a Alejo Ledesma.
“Antes nos recibíamos a los 17 años. Cuando salí de ahí, me casé muy jovencita. Estuve al frente de un grado por primera vez en Benjamín Gould. Allá por ‘63 o ‘64 no había muchos profesores y docentes en los pueblos, y me ofrecieron dar Geografía de primer año siendo solamente maestra. Yo lo aclaro, pero eso ocurría en aquel tiempo. Ejercí unos 9 o 10 años, siendo muy jovencita. Después dejé por muchos años y me dediqué a la familia, a mis dos hijos. Volví a mediados de los ‘80 y empecé a ser maestra de nuevo”, recuerda con detalle.
Así, las aulas fueron su segundo hogar hasta el 2003, cuando se jubiló.
Sobre su apodo señala que todos sus alumnos la llamaban “Mulata”, pero fue su padre quien se lo puso al nacer.
Ayer, la señorita, ya jubilada, recibió a uno de sus alumnos que hoy es el intendente del pueblo.
Con él volvió a rememorar su amor a la profesión y repasó algunas fotografías de aquellos tiempos en el aula.
Patricia Rossia. Redacción Puntal
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