Opinión | Economía

La economía real sigue buceando y ahora suma el ruido financiero

Los mercados tomaron señales que les hicieron dudar sobre la sustentabilidad del programa económico. En un contexto global complejo y lleno de interrogantes, el Gobierno no logra transmitir claridad ni exhibir resultados

El presidente Javier Milei en la visita a Paris, para el Argentina Week, donde participó con gobernadores y empresarios.

 

¿La economía real terminó contagiando a los indicadores financieros que el Gobierno exponía como argumentos del correcto rumbo económico?

A esta altura, y luego de semanas con turbulencias en los mercados, en los que el Riesgo País asoma como termómetro principal del sufrimiento de acciones y bonos, se consolidó un interrogante que hasta el Fondo Monetario Internacional se animó a sugerir: la sustentabilidad del programa económico ideado por el presidente Javier Milei y el ministro Luis Caputo. La sustentabilidad es la consistencia medida en respaldo social. Y allí se conecta la dimensión política que no puede excluirse del escenario electoral que la Argentina se esmera en anticipar, tanto desde el oficialismo como desde sectores de la oposición.

Esto conecta con las últimas fotos de la sociedad que tomó el Indec cuando publicó los informes de empleo y de pobreza; en ambos reflejando un retroceso frente a mediciones previas. En el mercado del trabajo hay una complejidad de variables a considerar: mientras el Gobierno remarca que se crearon 500 mil puestos de trabajo durante su gestión, hay datos oficiales que muestran la destrucción de más de 240 mil empleos registrados privados desde fines de 2023. Aunque parezca contradictorio, ambos datos son reales, lo que refleja un cambio significativo en la calidad del empleo. Hubo una fuerte transformación de trabajo formal en informal. La economía de plataformas sirvió de sostén de los empleos perdidos en empresas y comercios. Pero por otro lado, también asociado a la calidad del empleo, aparece el deterioro de los ingresos, especialmente del ingreso disponible fruto del reacomodamiento de precios relativos. Concretamente del acelerado aumento del costo de los servicios -luz, gas, comunicación, prepagas- frente a los demás precios de la economía. Son los gastos que “no se pueden eliminar” y los primeros en cancelar al comenzar cada mes. A partir de ese momento, el mes se suele hacer extenso para gran parte de las familias. Este es un punto clave de la sustentabilidad porque suele ser un cable sensible del respaldo social de un programa económico. El esfuerzo que pidió el Gobierno a la población al iniciar su gestión fue asumido por buena parte de los argentinos como una condición necesaria para corregir evidentes desequilibrios y desmanejos heredados en la economía, que especialmente arrastraba años de déficit fiscal asociado al descontrol del gasto. Eso explica consecuencias inflacionarias y de creciente deuda que no tardaron en impactar negativamente en el día a día de las familias argentinas. La gestión de Javier Milei pidió paciencia y esfuerzo para “cruzar el desierto”, prometiendo que del otro lado habría un mejor escenario. Ahora, y más allá de haber bajado la inflación del 25% al 2% mensual y haber equilibrado las cuentas desde el inicio de 2024, no se puede vivir indefinidamente en el desierto. Cuando el tiempo corre y alrededor no aparecen frutos sino más arena, la paciencia tiende a agotarse. Curiosamente fue algo que ayer advirtieron el gobernador Martín Llaryora y el jefe de Gobierno porteño, Jorge Macri, en distintas declaraciones a medios de comunicación.

Ese resquebrajamiento del respaldo es lo que empezó a observarse en los sondeos de opinión. Incluso en los más respetados por el Gobierno, como los de la Universidad Di Tella. Esa institución dio a conocer en la última semana el Índice de Confianza en el Gobierno (ICG) que fue de 1,94 en septiembre, lo que implicó un descenso de 5,9% respecto de agosto. Desde fin del año pasado, el ICG disminuyó 21,4%. El promedio de la gestión de Milei cayó así a 2,34, su registro más bajo.

Ese escenario fue el que alertó el FMI y que, detrás, advirtieron los mercados: si la población no empieza a sentir que el esfuerzo vale la pena, ¿volverá a votar al que no encontró la salida del desierto?

Es innegable que el Gobierno también tomó nota de esta situación y por eso redobló los esfuerzos para recordar “de dónde venimos”. Juega con la idea de que regresar al punto de partida puede significar desperdiciar un largo esfuerzo. Pero mientras tanto necesita ofrecer resultados.

El ajuste como única política es insostenible para esta y para cualquier sociedad. También lo deslizó la senadora oficialista Patricia Bullrich, que ofreció algunos contrastes frente a decisiones del Gobierno.

Mientras tanto la gestión de Milei se aferra a la baja de la inflación, la tranquilidad del tipo de cambio y al récord que están alcanzando las exportaciones, vinculadas a los sectores más dinámicos de la economía: agro, hidrocarburos y minería. No logra, sin embargo, generar un efecto simpatía entre Vaca Muerta y el resto del país. Y tampoco pudo, hasta aquí, hacer que los millones de dólares de exportaciones tengan impacto puertas adentro: en inversiones o consumo que muevan la rueda.

Esas dificultades explican parte de la inquietud de los mercados, que empiezan a poner en dudas algo que a inicios de año no tenía asidero: la reelección de Milei, aun cuando enfrente hay por ahora un archipiélago político inconexo.

El camino a la reelección se aleja cada vez más de “un paseo por el parque”, como lo definió Caputo meses atrás, y se mimetiza con el largo desierto.