La economía y el Gobierno, entre dos universos paralelos
La contrastante realidad entre lo que ocurre en algunas regiones y sectores económicos con respecto al resto es un desafío creciente para la gestión de Milei, especialmente si se tiene en cuenta que los de evolución favorable son puntuales y acotados
En pleno inicio de los 18 mejores meses que prometió el ministro de Economía, Luis Caputo, el Gobierno enfrenta un dilema que aún no logra resolver entre la situación que describen los funcionarios y la realidad que una gran mayoría de la población vive a diario. Y eso no necesariamente implica una contradicción, sino más bien habla de dos universos paralelos, pero reales.
No es una falacia que las inversiones en el marco del RIGI se multiplicaron y empiezan a concretarse en las provincias andinas. Son miles de millones de dólares que se suman a lo que ya venía ocurriendo en Vaca Muerta con el shale gas y el shale oil y que se profundizó en los últimos años. Esa cuenca produce cada vez más gas y más petróleo y con ello, más dólares. Las inversiones, además, prometen acelerar los procesos productivos en la minería, con litio, cobre, plata y oro. Como siempre, a ese mundo en erupción, se acopla el agro, que desde siempre fue el motor central de la economía nacional y que, más en silencio, continúa batiendo récords, a pesar de las desventajas evidentes que tiene contra sus competidores regionales y mundiales. Este año alcanzará las 164 millones de toneladas de granos. Toda esa constelación es la que tiene en foco el Gobierno y que se encarga de destacar. Pero además, es la que explica el crecimiento general de la economía, por el peso que tienen esos actores en el promedio de actividades. El Presidente suele remarcar la mejora en el Estimador Mensual de Actividad Económica (Emae) cuyo argumento central lo dan esos rubros.
Pero no es el único espejo que hoy ofrece la Argentina. Hay otros, aunque el Gobierno intente bajar la vista y no mirarlos tan a menudo.
En los últimos días, el Banco Central volvió a ofrecer una estadística que este año ganó protagonismo: el alto nivel de hogares endeudados y en mora. El porcentaje sigue creciendo, aunque a menor velocidad que antes. Pero está en niveles infrecuentes, y continúa hacia arriba. “El indicador de mora de las financiaciones a las familias totalizó 12,1% en abril, desacelerando su ritmo de aumento mensual”, describió la entidad monetaria. Allí hay una combinación fatídica: ingresos que acumulan pérdida de poder adquisitivo y tasas de interés que resisten la baja. Ese descalce explica mucho de la elevada mora.
También fue una semana que dejó expuesto un problema central, muy vinculado a lo anterior: la caída sin pausa del consumo. ¿Hasta dónde retrocederá? Sobre ese punto, el Indec dio a conocer una serie de indicadores, todos negativos: ventas en autoservicios mayoristas, en centros de compra y hasta en supermercados.
Se puede agregar la última publicación de la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (Came) sobre ventas minoristas, también en caída.
Mientras los ingresos de las familias sigan perdiendo terreno frente a los precios, ese panorama de menos ventas y más mora será difícil de revertir, y explica también las dificultades que tienen muchos para llegar a fin de mes.
Un escalón más arriba, la industria sigue hundida y sin reacción. Tal vez la metalúrgica es un ejemplo contundente -aunque no el único- con un uso paupérrimo de su capacidad instalada. Más de la mitad de las líneas de producción están paradas. El freno en esas industrias llegó incluso a la maquinaria agrícola, que en el contexto metalúrgico logra destacarse, pero contra su propia historia aparece mucho peor que hace 4 años. Esto, en medio de una cosecha récord, lo que deja traslucir otras dificultades cuyas raíces alcanzan la ecuación económica de muchos productores.
También recurriendo al Indec, la última encuesta sobre Tendencias de Negocios de la Industria Manufacturera dejó en claro la debilidad del consumo: el principal escollo que advierten las empresas para expandir su producción es la escasez de demanda. Esa opción reunió el 53,2% de las respuestas recogidas por Indec. Tres meses antes, ese porcentaje había sido del 51,9%, lo que implica que la tendencia se agrava.
En segundo lugar, aunque muy lejos, un problema “nuevo”: el ingreso de productos importados (10,3%).
Por otro lado, cuando le consultaron a los industriales sobre las expectativas para los próximos tres meses, el 65,5% no espera cambios, mientras el 20% cree que estará peor. Es decir, no hay esperanzas de un cambio positivo en el corto plazo. Es más, el 16,2% de los industriales consultados cree que deberá reducir su planta de personal en los tres meses siguientes. Ese es otro elemento que atenta contra la recuperación del consumo: a los salarios que pierden poder de compra se suman menos salarios, especialmente registrados privados.
Hay entonces un desacople evidente entre los dos universos que vive la Argentina. Pero hay una característica que no es menor: en el segundo hay mucho más territorio y población que en el primero. Y es ahí donde puede florecer la sensación de que los actores del Gobierno hablan de un mundo irreal, que contrasta con las vivencias de quienes habitan otra realidad. En definitiva, a mayor distancia entre esos dos escenarios, mayores serán las dificultades políticas para la gestión de Javier Milei.