Desde hace meses que la zona cordillerana concentra los mejores indicadores en materia de inversiones, actividad y hasta empleo. Tiene un dato que lo refleja en el Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA): las únicas provincias que en el último informe del Ministerio de Capital Humano lograron crecer interanualmente en cantidad de asalariados registrados fueron Neuquén (2,4%), Río Negro (3,2%), San Juan (2,2%) y La Rioja (2,9%). De forma marginal lo hizo también Santiago del Estero, con un 0,4%.
Claramente el petróleo, gas y minería están teniendo un impacto en el mercado laboral, no sólo de forma directa, sino a través de los ecosistemas que comienzan a construirse a su alrededor, especialmente muchos vinculados a servicios. El caso Vaca Muerta es más conocido, pero el litio en Salta está transformando el paisaje de la Puna con capitales chinos que montaron una logística de trabajo quincenal que requiere hasta de profesionales en salud y empresas que preparan viandas alimenticias para el personal que pasa dos semanas “arriba” y luego descansa dos semanas “abajo”. El escenario se replica en Jujuy, como en el salar de Cauchari-Olaroz, el último que recibió un anuncio por inversiones de US$ 1.200 millones en el marco del RIGI. También Mendoza logró acoplarse con proyectos de inversión en explotación minera de metales que empiezan a tener “traducción en el terreno”.
De hecho, la energía y la minería empiezan a tener relevancia en la balanza comercial de la Argentina, históricamente dominada por el mayor jugador económico del país: el campo y la agroindustria. Ahora, ese abrumador protagonismo empieza a contar con actores de reparto. En el último informe de la balanza comercial correspondiente a abril, se alcanzó un superávit de US$ 2.711 millones. La balanza energética representó el 52% de ese saldo positivo en el intercambio comercial con un monto de US$ 1.402 millones.
Es decir, el país transita un período que se extenderá al menos 60 días con un fuerte ingreso de dólares explicado por el gran volumen de la campaña gruesa, que se sigue ajustando al alza a medida que avanza el área cosechada. El último cálculo oficial estima que la soja alcanzará las 50 millones de toneladas y el maíz ascendería a 70 millones de toneladas. Se suman las 28 millones de toneladas que dejó el trigo, con un ciclo récord. Pero además, el girasol aportó otras 7,4 millones de toneladas, un cultivo que viene en ascenso y que promete mantener su protagonismo. Esto hizo que el campo consolide su crecimiento. En el último Estimador Mensual de Actividad Económica, que arrojó un resultado que entusiasmó al Gobierno con un crecimiento en marzo del 3,5% respecto a febrero y del 5,48% interanual, el agro escaló 17,9%, lo que aportó 1,42 de los 5,48 puntos de expansión de la actividad.
El dato más positivo de ese informe del Indec fue que la industria manufacturera creció 4,6% y le aportó 0,67 puntos al indicador general. Es un sector que viene padeciendo severas dificultades, especialmente por la baja demanda y las dificultades para competir con productos importados. Allí hay segmentos que padecen la falta de pesos en el bosillo de los consumidores y la caída en la preferencia de los que compran, por un abanico de oferta más amplio que incorporó artículos del exterior. En los últimos días, en Córdoba, el aparato industrial sumó el problema del corte de gas natural que obligó a decenas de empresas a mermar su producción o a utilizar insumos como gasoil o fueloil que, además de más costosos, son menos saludables ambientalmente. Más costos, menos competitividad; justo lo que no necesitan cuando la presión importadora crece.
La industria es uno de los sectores más relevantes de la actividad económica que no logra arrancar, más allá de algunas ramas excepcionales. De hecho, junto con la construcción y el comercio, se mantienen como los más rezagados; justo tres actores centrales en la generación de empleo y que no tienen su mayor peso en la zona cordillerana sino que ostentan su relevancia en las grandes urbes. Allí es donde la economía muestra sus puntos más flacos y el contraste con zonas del interior que lucen pujantes, aunque puntuales.
Córdoba muestra, sobre ese escenario, luces y sombras. Esos tres sectores que no despegan tienen en la provincia un rol determinante. Además, no hay en Córdoba inversiones que desembarquen con los amplios beneficios que establece el RIGI. Es uno de los distritos que quedó al margen de esa inyección de capital, más allá de que hay empresas que desde aquí intentan acoplarse a la actividad minera o petrolera.
En el otro platillo el campo y la agroindustria empujan y son claves para Córdoba. En estas semanas de fuerte cosecha, las localidades del interior productivo aparecen revolucionadas y con un fuerte movimiento económico. Pero es estacional y eso no siempre implica que haya grandes utilidades en manos de los productores. Volumen de cosecha y ganancias no siempre son proporcionales.
Es esa cancha despareja la que genera tensiones y en la que el Gobierno parece no dispuesto por ahora a interceder para equilibrarla. Se enfocó en darle condiciones potentes al sector energético y minero mientras ofreció tenues señales al agro con una módica baja de retenciones. Los demás, por ahora, siguen esperando su turno.