Un virus que nos muestra cómo somos
La estupidez, esta vez, tuvo la forma de una nota anónima escrita con letra infantil. El mensaje hiriente que una mano cobarde dejó pegado en el palier de un edificio céntrico exigía a los vecinos que se desempeñan en tareas relacionadas con la salud que abandonen de inmediato el edificio.
El pretexto de semejante pretensión era poner a resguardo a otros ocupantes de los departamentos que se encuentran entre la población de riesgo. ¿Cómo hacerlo? Expulsando al otro. En este caso, a aquellos que, en plena pandemia, necesitamos más que nunca. Los que le ponen el cuerpo y el profesionalismo a un enemigo ubicuo capaz de cambiarle la vida a un planeta.
Semejante muestra de desvarío sorprende pero no tanto. El filósofo Darío Sztajnszrajber ya lo dijo en su estilo desmañado y certero, cuando en un programa de televisión le preguntaron si la amenaza del coronavirus nos hacía más solidarios: "Creo que el que era choto sigue siendo choto y el que era copado con el otro es más copado que nunca; hay mucha gente ayudando que ya lo venía haciendo antes y la gente que se cagaba en el otro se sigue cagando en el otro".
Tan simple como eso.
En medio de la noticia vergonzante, hubo otro episodio que es bueno no perder de vista: la enorme mayoría del edificio se solidarizó con los trabajadores de la salud y salió a repudiar el mensaje trasnochado. El resto será tarea del Inadi y, si se configuró un delito, de la Justicia.