Opinión | Editorial

Las consecuencias de vivir improvisando

Las dificultades que hoy tiene la selección en el Mundial son producto de las desprolijidades que nacieron en la casona de la calle Viamonte y se adueñaron rápidamente de todos los estamentos del fútbol argentino.
La actuación de la selección nacional en los dos primeros partidos del Mundial de Rusia fue decepcionante.

Un equipo falto de ideas, sin peso ofensivo, sin identidad y sin apego a un sistema claro de juego, pero por sobre todas las cosas carente de líderes que contagien al resto y les transmitan a sus compañeros esa necesaria rebeldía cuando las cosas no salen.

Quizás por una cuestión emocional o por confiar demasiado en Lionel Messi, pocos pesimistas eran los que esperaban un arranque de estas características, pero queda claro que estamos pagando las consecuencias de vivir improvisando, con un proceso que viene torcido desde aquel 38 a 38 que truncó las primeras elecciones en AFA después de la muerte de Julio Grondona. Como si fuera una enseñanza divina, con la desaparición de don Julio y su famoso anillo, el “todo pasa” dejó de ser el designio que marca a nuestro fútbol.

Y hoy todo lo que está sucediendo es producto de las desprolijidades que nacieron en la casona de la calle Viamonte y se adueñaron rápidamente de todos los estamentos del fútbol argentino.

Ni la llegada de Claudio Tapia, con un supuesto consenso de las ligas del interior, sirvió para acomodar las aguas dirigenciales.

Ni el arribo de Jorge Sampaoli, luego de los procesos de Gerardo Martino y Edgardo Bauza, fue desde lo futbolístico la solución para una selección que pasó de jugar tres finales (aunque algunos todavía marquen que las perdieron) a tener que derrotar a la “reserva” de Ecuador para lograr sellar su pasaporte a Rusia.

Una vieja frase futbolera dice que “se juega como se vive” y esta selección parece acuñar ese refrán a la perfección.

El fútbol argentino es desordenado, cambiando continuamente de formato, sin un horizonte al que apuntar y con la certeza de que se van tomando decisiones sobre la marcha sin pensar en las consecuencias.

Nunca la AFA y la selección fueron una organización ejemplar y siempre quedó la sensación de que eran los jugadores los que dejaban de lado todas estas dificultades y sacaban adelante los procesos.

Hoy resta una posibilidad para aferrarse en lo deportivo y poder clasificar a octavos de final, pero queda claro que se necesita un cambio de fondo a nivel dirigencial.