Opinión | Editorial

Las dimensiones de la expansión de la pobreza

El incremento en casi 5 puntos de la pobreza multidimensional respecto de la medición anterior de la UCA constituye seguramente uno de los síntomas más elocuentes del fracaso de la administración actual, incluso sin tomar en cuenta el compromiso específico asumido por Mauricio Macri antes de entrar a la Presidencia y ratificado periódicamente desde entonces.
Tal como se descontaba frente a la magnitud de la crisis económica desatada el año pasado, el nuevo informe del Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina reveló un fuerte aumento de la pobreza, que en el momento del relevamiento -tercer trimestre de 2018- alcanzaba a 12,7 millones de personas, el 31,3 % de la población. El incremento de casi cinco puntos respecto de la medición anterior, del 26,6%, constituye seguramente uno de los síntomas más elocuentes del fracaso de la administración actual, incluso sin tomar en cuenta el compromiso específico asumido por Mauricio Macri antes de entrar a la Presidencia y ratificado periódicamente desde entonces.



Como se encarga de resaltar en cada oportunidad, el estudio de la UCA procura trascender otro tipo de mediciones como la de la Encuesta Permanente de Hogares del Indec, al considerar no sólo los ingresos de las familias en comparación con el costo de la canasta básica sino otros factores como la disponibilidad de atención médica, el acceso a la educación o las condiciones de habitabilidad de las viviendas. Entiende que "la pobreza es mucho más amplia que la sola falta de ingresos” y que “tanto la pobreza como las condiciones de vida que experimentan las personas y los hogares no pueden ser medidas por un solo indicador".



Según este enfoque de la pobreza definido como “multidimensional”, el deterioro se manifiesta no sólo en una mayor proporción de la población con carencias en materia alimentaria, sino también en servicios de salud, desempleo e inseguridad social y condiciones de hacinamiento. Llamativamente, también hubo mejoras en dos rubros, un muy leve descenso de la población que reside en viviendas precarias y otro más importante, de casi cuatro puntos, en la que carece de servicios básicos como agua corriente, cloacas o energía. Esto parece responder a políticas oficiales vastamente difundidas desde el gobierno nacional, que es justo reconocer, pero de ningún modo compensan los retrocesos en las demás áreas.



Acaso uno de los aspectos más preocupantes del informe pasa por la distinción entre la que se define como pobreza estructural y la que no lo es; porque quienes se ubican en esta última categoría son susceptibles de abandonarla de manera relativamente rápida si se produce una mejora en la marcha general de la economía, mientras quienes componen el “núcleo duro” representan una cara mucho más crítica. Y en el último trabajo de la UCA, casi dos de los cinco puntos de aumento corresponden a la pobreza estructural.



“Este segmento de la sociedad, casi el 20% de la población, está sumergido en la exclusión y la marginalidad, parecen sobrar para este tipo de modelo económico, sólo se los atiende con asistencia monetaria pero no con políticas efectivas de desarrollo económico, social y humano”, sostiene la UCA, en una definición no demasiado diferente de las que realizaba en los informes que emitía durante la administración de Cristina Kirchner. Ratificación de que se está ante un desafío que va más allá de la coyuntura, y que la sociedad y la política parecen ignorar.