Los pecados del padre y la confesión del hijo
La “honestidad brutal” que en una primera impresión parece transmitir la referencia del Presidente a su padre está de alguna manera matizada por la excusa que simultáneamente proporciona sobre el comportamiento reprochado, y la velada intención de circunscribir la problemática a un período histórico que la agravó, pero no la inventó.
Aparte de la ratificación de un punto de vista sobre la evolución de la economía que la mayor parte de la sociedad no comparte, es probable que la revelación más significativa del reportaje televisivo al presidente Mauricio Macri difundido el domingo por la noche haya sido la caracterización de su padre como partícipe de un delito, en referencia a los pagos ilegales que numerosos empresarios argentinos han admitido haber realizado a cambio de contratos de obra pública y otros negocios con el Estado. La “honestidad brutal” que en una primera impresión parece transmitir la frase –que en rigor solo tiene de novedoso la identidad de su emisor– está de alguna manera matizada por la excusa que simultáneamente proporciona sobre el comportamiento reprochado, y la velada intención de circunscribir la problemática a un período histórico que la agravó, pero no la inventó.
En tanto Franco Macri había sido citado a prestar declaración indagatoria en la causa de los “cuadernos de la corrupción” –y solo no llegó a concurrir porque ya estaba postrado por la enfermedad que poco después lo llevaría a la muerte–, su participación en el esquema bajo el cual funcionaba la adjudicación de obra pública durante las administraciones de Néstor y Cristina Kirchner estaba más allá de toda duda, y es probable que de haber sobrevivido terminaría procesado como su sobrino (y CEO de la empresa fundada por él) Ángelo Calcaterra. Las palabras del Presidente reconocen esta situación, aunque bajo la forma atenuada de presentarlo como parte del sistema “extorsivo del kirchnerismo, en el que para trabajar había que pagar”.
Existen aquí al menos dos afirmaciones implícitas discutibles: una es la caracterización de quien, aun cuando se menciona como coautor de un delito, sería también la víctima de una extorsión. Una excusa ya utilizada por varios empresarios imputados en la causa que conduce el juez Claudio Bonadio, y que soslaya el hecho de que los “extorsionados” ganaron grandes sumas de dinero con la actividad que supuestamente se veían obligados a realizar. Ya se ha afirmado aquí que perfectamente pudieron prescindir de la redituable complicidad con sus “extorsionadores” si se hubieran dedicado a las obras privadas.
La otra es referirse al tema como si el pago de coimas para obtener la adjudicación de contratos con el Estado hubiera sido introducida en la Argentina por Néstor Kirchner, y tomado por sorpresa a los empresarios que, en muchos casos (y aun cuando hubo nuevas incorporaciones de la mano del proyecto político que arribó al poder en 2003), venían trabajando con los gobiernos anteriores, con singular éxito durante el encabezado por Carlos Menem. De hecho, el concepto de “la patria contratista”, de relaciones demasiado estrechas con el poder político, se afianzó durante la última década del siglo pasado, y el propio Franco Macri tuvo un alto protagonismo en ella.
Así, el delito que el Presidente le adjudica a su padre se venía cometiendo –aunque acaso en una forma menos grosera y abusiva que la que alcanzaría durante el kirchnerismo– desde mucho antes, está en el origen de su fortuna personal, que podría verse expuesta al decreto de extinción de dominio firmado por él mismo, y también podría vincularse con las sumas blanqueadas por sus parientes gracias, justamente, a otro cuestionado decreto suyo. Habrá que ver hasta dónde conduce la puerta abierta por Mauricio Macri al confesar los pecados de quien no hace mucho había despedido agradeciéndole el ejemplo que le dio de “ética de trabajo”.
En tanto Franco Macri había sido citado a prestar declaración indagatoria en la causa de los “cuadernos de la corrupción” –y solo no llegó a concurrir porque ya estaba postrado por la enfermedad que poco después lo llevaría a la muerte–, su participación en el esquema bajo el cual funcionaba la adjudicación de obra pública durante las administraciones de Néstor y Cristina Kirchner estaba más allá de toda duda, y es probable que de haber sobrevivido terminaría procesado como su sobrino (y CEO de la empresa fundada por él) Ángelo Calcaterra. Las palabras del Presidente reconocen esta situación, aunque bajo la forma atenuada de presentarlo como parte del sistema “extorsivo del kirchnerismo, en el que para trabajar había que pagar”.
Existen aquí al menos dos afirmaciones implícitas discutibles: una es la caracterización de quien, aun cuando se menciona como coautor de un delito, sería también la víctima de una extorsión. Una excusa ya utilizada por varios empresarios imputados en la causa que conduce el juez Claudio Bonadio, y que soslaya el hecho de que los “extorsionados” ganaron grandes sumas de dinero con la actividad que supuestamente se veían obligados a realizar. Ya se ha afirmado aquí que perfectamente pudieron prescindir de la redituable complicidad con sus “extorsionadores” si se hubieran dedicado a las obras privadas.
La otra es referirse al tema como si el pago de coimas para obtener la adjudicación de contratos con el Estado hubiera sido introducida en la Argentina por Néstor Kirchner, y tomado por sorpresa a los empresarios que, en muchos casos (y aun cuando hubo nuevas incorporaciones de la mano del proyecto político que arribó al poder en 2003), venían trabajando con los gobiernos anteriores, con singular éxito durante el encabezado por Carlos Menem. De hecho, el concepto de “la patria contratista”, de relaciones demasiado estrechas con el poder político, se afianzó durante la última década del siglo pasado, y el propio Franco Macri tuvo un alto protagonismo en ella.
Así, el delito que el Presidente le adjudica a su padre se venía cometiendo –aunque acaso en una forma menos grosera y abusiva que la que alcanzaría durante el kirchnerismo– desde mucho antes, está en el origen de su fortuna personal, que podría verse expuesta al decreto de extinción de dominio firmado por él mismo, y también podría vincularse con las sumas blanqueadas por sus parientes gracias, justamente, a otro cuestionado decreto suyo. Habrá que ver hasta dónde conduce la puerta abierta por Mauricio Macri al confesar los pecados de quien no hace mucho había despedido agradeciéndole el ejemplo que le dio de “ética de trabajo”.