Una empresa “de los argentinos”
Los aumentos en el precio del asfalto que aplica YPF están golpeando duramente no sólo las finanzas de sus clientes, sino al conjunto de la economía. Se trata de una nueva cara de la paradoja implícita en una política empresarial que en cierta forma atenta contra los intereses de los dueños de la firma en cuestión, que en este caso son el conjunto de los argentinos.
Aun con un impacto público relativamente menor al de los periódicos y constantes sacudones que les da a los surtidores, los aumentos en el precio del asfalto que aplica YPF están golpeando duramente no sólo las finanzas de sus clientes, sino al conjunto de la economía. Se trata de una nueva cara, incluso más evidente, de la paradoja implícita en una política empresarial que en cierta forma atenta contra los intereses de los dueños de la firma en cuestión, que en este caso es el conjunto de los argentinos.
Hace pocos días, YPF -que tiene en el mercado del asfalto una posición dominante aun más marcada que en el de las naftas- anunció un ajuste del 17 por ciento en el precio del producto. Se trata del tercer aumento desde el inicio de la corrida cambiaria, y sumado a los otros dos, del 11 y del 25 por ciento respectivamente, llega a superar cómodamente el 50 por ciento en apenas dos meses.
Como es fácil imaginar, las principales víctimas de este proceso son las obras de pavimentación, que ocupan un importante papel dentro del conjunto de la obra pública. Y en un momento en que el presupuesto para este tipo de proyectos se ve severamente acotado debido a la necesidad de reducir los gastos del Estado, la suba de un insumo clave desbarata toda posible planificación y amenaza la continuidad de los emprendimientos que sobrevivan a los recortes ya dispuestos.
Al ser el asfalto, como los combustibles, un derivado del petróleo, su precio también está asociado a la cotización del barril de crudo y a la evolución del dólar. Es decir, estos aumentos -aun cuando acaso su magnitud aparezca como exagerada- seguramente responden a una lógica empresarial comprensible, a la que cualquier accionista informado probablemente daría su respaldo.
Pero al ser YPF estatal, los “accionistas” son los habitantes de este país, que como consumidores pagan un costo altísimo por las decisiones de la empresa de su propiedad, cuyas ganancias actuales probablemente les importarán mucho menos que la combinación de alta inflación y recesión en ciernes que caracteriza el presente cuadro de situación: dos elementos sumamente negativos que el aumento del precio del asfalto no hace más que profundizar.
Hace pocos días, YPF -que tiene en el mercado del asfalto una posición dominante aun más marcada que en el de las naftas- anunció un ajuste del 17 por ciento en el precio del producto. Se trata del tercer aumento desde el inicio de la corrida cambiaria, y sumado a los otros dos, del 11 y del 25 por ciento respectivamente, llega a superar cómodamente el 50 por ciento en apenas dos meses.
Como es fácil imaginar, las principales víctimas de este proceso son las obras de pavimentación, que ocupan un importante papel dentro del conjunto de la obra pública. Y en un momento en que el presupuesto para este tipo de proyectos se ve severamente acotado debido a la necesidad de reducir los gastos del Estado, la suba de un insumo clave desbarata toda posible planificación y amenaza la continuidad de los emprendimientos que sobrevivan a los recortes ya dispuestos.
Al ser el asfalto, como los combustibles, un derivado del petróleo, su precio también está asociado a la cotización del barril de crudo y a la evolución del dólar. Es decir, estos aumentos -aun cuando acaso su magnitud aparezca como exagerada- seguramente responden a una lógica empresarial comprensible, a la que cualquier accionista informado probablemente daría su respaldo.
Pero al ser YPF estatal, los “accionistas” son los habitantes de este país, que como consumidores pagan un costo altísimo por las decisiones de la empresa de su propiedad, cuyas ganancias actuales probablemente les importarán mucho menos que la combinación de alta inflación y recesión en ciernes que caracteriza el presente cuadro de situación: dos elementos sumamente negativos que el aumento del precio del asfalto no hace más que profundizar.