Alconada Mon: "La educación pública es, para muchos, la única escalera posible"
El periodista y escritor presentó su segunda novela en Río Cuarto, durante la Feria del Libro, y habló con Puntal sobre el debate de las universidades, las prioridades del Gobierno, las descalificaciones del poder hacia quienes trabajan en los medios y las trabas para ser el país que Argentina podría ser
Hugo Alconada Mon es uno de los más destacados periodistas de investigación de la Argentina. Es prosecretario de redacción del diario La Nación, columnista de El País de España, y es maestro de la Fundación Gabo y miembro de la Academia Nacional de Periodismo. Estuvo en Río Cuarto presentando su segunda novela: La Cacería de Hierro, en el marco de la 20° Feria del Libro. Y allí habló con Puntal sobre la actualidad: el debate por las universidades, el periodismo en épocas de Milei y las trabas que el país presenta para poder despegar.
- ¿Cómo está marchando la novela que venís presentando en distintos puntos del país?
Primero, va muy bien. Está primera en ventas en todo el país y eso me ha llevado a reforzar ese viaje que estoy haciendo, dando vueltas por unos cuantos lugares y me quedan todavía como cinco o seis lugares más por ir.
- Esa gira por el libro, ¿cómo repercute en tu mirada del país de adentro, del interior?
Te diría que demuestra que tenemos una variedad y una diversidad increíble, para mí es espectacular. Y lo digo más allá del micrófono. Es increíble. Y uno va a lugares como Mendoza, acá a Córdoba, a la Patagonia, voy a la Mesopotamia. Es una diversidad que cuando te dicen, “es un país que si no hiciéramos macanas debería salir como una cañita voladora”, es cierto. Ves la riqueza que hay en los minerales, en lo agrícola, en investigación. La verdad, es impresionante.
- ¿Por qué no salimos como una cañita?
Porque hemos hecho todos los deberes mal durante muchos años, diría décadas. Todas las recetas que funcionan en otros países, venimos acá y le metemos chimichurri. Las recetas para el desarrollo ya se saben. El punto es, ¿las aplicás o no las aplicás? Entonces, te doy un ejemplo, olvidate de lo económico, vámonos a lo institucional: ¿se sabe cómo funciona el Consejo de la Magistratura? ¿Funciona bien en Francia? Sí. ¿Qué hicimos? Lo copiamos, pero le metimos un chimichurri criollo. Entonces, los resultados no son los mismos. Copiamos algo que funciona, pero le metimos nuestra propia impronta. ¿Vos querés hacer milanesa? Vos sabés que tenés que utilizar pan rallado, huevo y determinada carne. Ahora, si vos en vez de la determinada carne le ponés piedra y en vez de pan rallado le metés arroz, milanesa no te va a salir. Bancate los resultados.
- ¿Y cuánto del problema de la corrupción hay ahí; en no poder ser el país que podríamos ser?
Mucho.
- Porque hablaste de lo institucional que sin lugar a dudas es fundamental; y seguramente está vinculado con la corrupción…
Yo creo que además es la combinación de factores, y son muchos los factores en la ecuación. Entre otros el tema de la corrupción, el tema institucional, el tema de la educación. La educación es clave. Y ahora justamente estamos con esta discusión sobre la educación. Yo soy de los que creen que la educación es la escalera que te da una oportunidad más. No es que te garantiza, pero te da una oportunidad más de progresar.
- Para muchos, la única escalera que pueden llegar a tener...
Sí, claro! Entonces, lejos de verlo como un gasto, hay que verlo como una inversión. Si ya lo vivimos con nuestros abuelos y nuestro bisabuelo. Recordemos “Mi hijo el doctor”. Ya sabemos que es así. Entonces vos me podés decir, y coincido, que hay que mejorar los gastos. Por supuesto, es obvio! Decime una que no sepamos! Y además vos decís, “hay que mejorar los controles”. Sí. Pero, ¿qué estás haciendo vos? Pensemos, Milei podría, con una resolución de sola firma, derogar una resolución de Alberto Fernández que le impedía a la Sigen auditar los números de las universidades. Con lo cual depende del propio Milei decir, “vos Sigen auditame los gastos estos”. Entonces, en vez de plantear estas discusiones que son insólitas, al revés: tengamos discusiones de dónde conseguimos más dinero para poder dar becas o lo que sea. Y te doy un ejemplo. Vos podés decir: “Mi prioridad es reducir el déficit público”. Me parece genial. “Mi prioridad es controlar el gasto”. Genial. “Mi prioridad es bajar la inflación”. Genial. Entonces, ¿para qué compramos no sé cuántos aviones F-16? ¿Era prioridad? ¿Vamos a gastar 300 millones de dólares en eso? ¿En serio? ¿Prioridad? ¿Comprar F-16? ¡Mirá vos! Entonces, ¿no hay plata? No hay plata para nada. Y vos me podés decir, bueno, pero el dinero que invierten o gastan en F-16, no alcanza para los jubilados. Sí, sí, pero son señales al sistema. Porque son 300 millones de dólares en aviones y otros 100 millones de dólares para la Side, ya van 400 palos verdes. Ah, bueno! Y podemos seguir haciendo esa lista de gastos que podríamos estar evitando.
- ¿Y cómo interpretás el rédito político de pelearse con las universidades en un país en donde, evidentemente, hay una muy buena imagen de las universidades en general?
Esa sí que no la entiendo. Y lo digo en serio, ¿eh? Esa no la entiendo. A ver, te podría decir, es que con eso él quiere pelearse con el radicalismo, con Lousteau, con Giacobitti. Pero si es así, no lo está explicitando de ese modo. Lo que está haciendo es pelearse con las universidades. Y en el sentido más amplio, si querés, peleándose con aquellos que ven en la educación el camino para progresar. Con lo cual, realmente, no entiendo esa jugada. Sí te entiendo otras peleas, que podés estar de acuerdo o no, como aquella contra lo que Milei define como la casta. Después me podés decir, sí, pero tiene gente adentro como los menemistas, los Scioli. Pero supongamos que eso sí a él le resulta redituable. Esta de las universidades no la veo; realmente no la veo.
- ¿Cómo observas el periodismo hoy? Hace un tiempo hablábamos de 6-7-8; ¿hay un 6-7-8 de Milei hoy?
Sí, pero distinto. A ver, lo que ves son, más que un 6-7-8, patrullas paraestatales en las redes sociales. Que tampoco tengo claro hasta dónde eso realmente a él lo beneficia. O puede que lo beneficie en el corto plazo, pero yo creo que en el mediano plazo eso agota. ¿Cuánto tiempo podés estar insultando a mucha gente antes que colme la paciencia? Porque además, que vos insultes periodistas, bueno, ponele. Que vos insultes a dirigentes políticos, ponele. Sí o no, pero ponele. Ahora, cuando vos ya tratás a la gente y utilizás términos como “mogólicos”, que terminan lastimando a los chicos con Síndrome de Down, a las familias con chicos con Síndrome de Down, decís, ¿cuál es tu límite? ¿Cuántas veces y a cuántas personas podés insultar y destratar e injuriar antes de que la gente te diga “hasta acá”? Yo creo que eso puede ser un beneficio de muy corto y un grave perjuicio de largo, que es lo que le pasó, yo creo, al kirchnerismo con ese tipo de prácticas como 6-7-8. Yo creo que al principio los benefició y al generar lo que generó fue no solamente hartazgo, sino rechazo. Era como decir, “¿sabés qué? Todo esto es lo que yo no quiero, esto sintetiza lo que yo no quiero”. Creo que con Milei va a pasar lo mismo. Y sobre nuestro oficio, hoy estamos en un momento de transición muy complicado. Y lo vivimos todos y más allá de estas cuestiones de las redes sociales y las fake news y todo eso. Vivimos también un período de recorte presupuestario, contracción de lectores, retracción de pauta publicitaria pública y privada. O sea, en una Argentina con una recesión económica desde hace 10 años, cada vez son menos los anunciantes. Por ejemplo, poder cubrir algo a 30 kilómetros de acá, es un desafío. Y lo mismo nos pasa a nosotros en La Nación.
- ¿Hay una dificultad manifiesta en los periodistas para estar equidistantes hoy? ¿Pesa eso de estar de un lado o del -otro?
Y da la sensación... Y eso, por un lado, es un desafío. Y te digo, a mí también me cuesta. Y mirá que a mí me han puteado desde Menem en adelante todos los gobiernos.
- Eso es un capital…
Sí, pero todos los gobiernos me han destratado o han pedido mi cabeza al diario o me han espiado. Y en el caso de ahora, de Milei, ya me trató de ensobrado, de esbirro. Me bloqueó en Twitter. Y también es un desafío mantener la cabeza fría y no entrar en esas discusiones. Porque también a mí me corre sangre por las venas. A veces cuando te insultan en redes sociales y uno mira quién te está insultando, resulta que es una cuenta de Twitter que se llama El Vengador Anónimo 2 y tiene la imagen del pájaro loco o de Bob Esponja. Y vos ahí tenés que decir, “no puedo responder a esto”. Pero hay veces que tenés que calmarte para no pisar palitos.
- ¿En ese cruce con el poder se está generando un problema para el ejercicio del periodismo?
Eso es un riesgo, y creo que tenemos que aprender de nuestro pasado. Ya hemos tropezado con esta piedra de la intolerancia a la violencia verbal, en gobiernos anteriores. Los que ya son más grandes, han visto como a veces la intolerancia verbal desemboca en la agresividad verbal que desemboca a veces en la violencia física. Ya vivimos eso, aprendamos de nuestros errores para no repetirlos. Y otra vez, aquella generación del ‘80, que se espiaban entre sí, que también tenían corrupción, al mismo tiempo fueron capaces de arribar a algunos consensos. Y un ejemplo de eso fue la educación pública, laica, gratuita y obligatoria. Cuando fueron a votar aquel proyecto de ley que terminó siendo la ley 1420, los miembros informantes eran dos hermanos, Pedro y Miguel Goyena, y las discusiones que tuvieron adentro del Congreso fueron picantísimas, durísimas. Pero esa generación comprendió que hay políticas de Estado, y que una de esas políticas de Estado es la educación.