Río Cuarto | Educación

¿Comunicar es más que señas? : la educación de Mónica Esquenazi en la ciudad

Mónica Esquenazi tiene 58 años y lleva una vida dedicándose a que las personas sordas puedan comunicarse, marcando un antes y un después en la comunidad

 
 
 

Hay vocaciones que no se eligen, sino que irrumpen por una corazonada. Cuando Mónica era estudiante de la Escuela Normal con orientación docente, sabía que su futuro estaba ligado a la infancia. Una oferta saturada en nivel inicial la hizo dudar, pero una visita al antiguo Centro de Educación Municipal para Sordos (SEMDA) le cambió la vida. Dijo: "esto es". Educación

Superó los exámenes de ingreso a pesar de una disfonía recurrente en las cuerdas vocales que la acompañó durante toda la carrera. Allí comenzó sus primeras experiencias como practicante ad honorem.

En aquellos primeros años, la enseñanza estaba centrada en el enfoque oralista para lograr la articulación de la palabra y la lectura labial. No obstante, Mónica advirtió temprano que para muchos alumnos la voz no era suficiente. Ese impulso la llevó, junto a un grupo de docentes, a formarse en Lengua de Señas Argentina (LSA).

Un choque de realidad y la identidad sorda

La búsqueda de formación la llevó a protagonizar una anécdota reveladora en el Club de Sordos de Córdoba. Tras completar un año de curso, Mónica viajó a un encuentro convencida de que dominaba la lengua. Sin embargo, al identificarse como oyente, experimentó el rechazo y la distancia de la comunidad.

“Me daban la vuelta y no me hablaban. Me sentí mal, pero a la vez dije: esto es lo que sienten ellos. Entendí que la lengua de señas es la identidad y la cultura sorda”.

Aquella vivencia le demostró que la comunicación trasciende a las señas técnicas y requiere un deseo genuino de conectar: “No hace falta tanta seña, sino deseo de comunicar”.

A diferencia de otros centros con posturas rígidas, la única escuela para personas con discapacidad auditiva del sur cordobés adoptó un enfoque integrado. Los docentes crecieron junto a las primeras camadas de alumnos, acompañando sus procesos desde la infancia hasta la adultez. Se promovió la lectura labial, la alfabetización y la expresión oral en quienes podían desarrollarla, sin prohibir el uso de las manos ni condicionar la comunicación.

Mapeando la inclusión en la ciudad

Mónica acompañó a jóvenes sordos en cursos de soldadura y carpintería dictados por el Centro de Formación Regional (CEDER). La totalidad de la camada completó los talleres y la mayoría logró insertarse en el mercado de trabajo. Además, impulsó capacitaciones de LSA dictadas directamente por instructores sordos. Esta metodología permitió a los estudiantes oyentes romper prejuicios desde la primera clase. Entre los asistentes se destacaron comerciantes locales interesados en atender mejor a sus clientes sordos habituales.

Y la expresión artística también tuvo su lugar, con "Expressarte", donde estudiantes sordos e intérpretes llevaron la lengua de señas a los escenarios junto a canciones de artistas de renombre como Jairo, Patricia Sosa, Armonía Americana y Ángel Mildoza, además de agrupaciones corales como el Coro de la Merced y el PEAM. Uno de los momentos más emotivos ocurrió durante una interpretación junto a Armonía Americana, cuando el grupo dejó un pasaje a cappella de la canción “Sube, sube” para que los alumnos sordos sumaran sus propias voces.

La magia de la docencia

A pesar de las transformaciones logradas en la sociedad riocuartense, Mónica señala que aún persisten dificultades estructurales, especialmente en el ámbito del empleo privado. Con frecuencia, postulantes sordos enfrentan el rechazo de empleadores que dan marcha atrás al conocer su condición.

Al hacer un balance de sus más de 36 años de aportes provinciales y casi cuatro décadas de labor, Mónica destaca la sensibilidad de los estudiantes sordos, capaces de percibir estados de ánimo a través de la gesticulación y la mirada, así como el compromiso del cuerpo docente.

“La sociedad cambió de manera significativa en su mirada hacia las personas sordas, aunque todavía falta avanzar, especialmente en materia de presupuesto estatal para la educación especial. Los docentes de la educación especial hacen magia”.