Río Cuarto | Educación

“El sistema educativo es del siglo XIX y ya no se adapta a los niños de hoy”

Lo aseguró la licenciada Laura Irusta, quien en breve presentará su libro “Una escuela diferente”
 
La licenciada Laura Irusta anticipó el lanzamiento de su libro “Una escuela diferente”, que será presentado en Río Cuarto en el mes de septiembre. En “La Entrevista del Domingo” de PUNTAL, la directora de la Escuela de Agronomía se refirió a la situación de la educación en la actualidad y señaló que es necesario implementar un cambio radical sobre el sistema que está en vigencia.



-¿Cuál es el objetivo del libro?

-El libro busca mostrar un sistema educativo distinto que nosotros venimos aplicando desde hace 21 años en la Escuela de Agronomía. Creo que debería haber una decisión política para cambiar el sistema educativo actual, ya que es propio del siglo XIX y no se adapta a la evolución del hombre. Es decir, a los niños y jóvenes de hoy. En el libro yo digo que el sistema educativo debe estar centrado en el alumno o educando (hablo de alumno y lo corrijo porque alumno quiere decir sin luz y este concepto es de los siglos XIX, XVIII y XVII). El sistema educativo tradicional ha provocado bloqueos muy fuertes en todos los seres humanos. Son los miedos y los no puedo. Por eso nosotros avanzamos tomando como centro al educando y su constitución subjetiva. La escuela ayuda y es la que provoca la constitución subjetiva, lo que vas a ser cuando seas grande. Es decir, vas a ser ese ser humano integral (cuerpo, alma, mente y espíritu), pasando por todo este sistema que surgió al observar a mis hijos. Si bien se mantienen las teorías cognitivas, nos detenemos en ver cómo se aplican.



-¿Qué resultados ha dado?

-Los resultados son maravillosos, porque los niños viven en libertad. Para lograrlo en todos los niveles hay que cambiar toda la estructura escolar y eso no sucede de un día para el otro. A nosotros nos llevó varios años. Primero trabajamos con los docentes, porque ellos son los más estructurados. Otra cosa que debemos tener en claro es qué es el aprender. El aprender no es el memorizar, es vincular esos previos que nosotros traemos ancestralmente, que son los innatos, con los escolarizados. Debemos relacionarlos y rearmar el esquema. Para esto es necesario un currículo distinto y conceptos clave. Yo digo que el conocimiento es uno solo. La división en áreas es una mentira. Para resolver problemas uno tiene que aplicar los conocimientos de todas las áreas. No se puede resolver un problema pedagógico o profesional si uno no conoce la totalidad de las áreas.



-¿Qué se necesita para cambiar?

-Tiene que haber voluntad política para provocar un verdadero cambio educativo y no apelar a los parches que se están poniendo en marcha. Lo que están haciendo los distintos gobiernos son parches. Es decir, ahora tenemos unos planes para formar docentes con palabras preciosas, pero con errores conceptuales graves. Esto pasó siempre en nuestro país y en nuestra provincia. La educación debe definir qué individuo quiere. Es decir, debe preguntarse si quiere un individuo autónomo, reflexivo, propulsor de cambios y muy conocedor de sí mismo,  para poder ser empático con el otro.



-¿Cómo deberían ser las escuelas?

-La organización escolar no puede estar más como está. Primero tiene que haber una organización donde los docentes y educandos aprendan, trabajen en equipo y se reconozcan a sí mismos. El liderazgo del directivo no puede ser impuesto. Se tienen que terminar las escuelas carcelarias. Para que un individuo sea libre y autónomo necesitamos escuelas espaciosas donde las aulas no estén lineales. Las aulas deben ser circulares y movibles, con docentes que hayan cambiado su estructura. Es decir, docentes conocedores de sí mismos. La escuela tiene la función de enseñar y enseñar no es conducir. Enseñar es guiar y orientar. Estos cambios tienen que estar en la formación, empezando con los docentes, para que trabajen metacognitivamente, respetando las diferencias. En la actualidad, las aulas de todas las escuelas son homogéneas, con efectos pigmaliones, es decir, este chico puede entrar y este no puede. Sostengo, y lo puedo mostrar, que todos somos diferentes. El derecho a la educación es un derecho a la igualdad. Todos tenemos derecho a educarnos, pero todos somos diferentes para aprender. Aprendemos a ritmos distintos porque tenemos inteligencias distintas. No hay que centrarse en el déficit del educando, sino en todas sus potencialidades. En todos estos años, nosotros lo hemos logrado en nuestra escuela. Tenemos chicos totalmente autónomos y reflexivos. Cada uno se pone la nota, porque, al conocerse, se hace cargo de él mismo. Empieza a ver que la verdad es importante y, de acuerdo a lo que yo puedo manifestar que aprendí, yo sé lo que hice y lo que no hice. Por lo tanto, justifico mi nota, consensuo con el docente y me comprometo a revertir lo que haya que revertir. Si el sistema educativo fuera distinto, tendríamos chicos sanos.



-Parece que se está lejos de eso. Los docentes, por ejemplo, se quejan porque hay superpoblación áulica. A la vez, los edificios no están adaptados para recibir a personas con discapacidad…

-En la primaria, el número ideal de alumnos por docente es 25. Ahora, en la secundaria no. Hay 30 o más y se enseña en la diferencia. Se adecúan los currículos. Cuando hablo de diferencia, no hablo de discapacidad. Nosotros trabajamos con chicos con dislexia y con Asperger, por ejemplo. De hecho, en segundo año un niño con Asperger logró el mejor promedio, porque se lo evaluó a su ritmo. Se puede, pero el docente debe estar preparado para esto. Por eso digo que hay que partir de las bases que son justamente los docentes. Los docentes deben tomar conciencia de la función esencial que tienen y de que son profesionales y no reproductores de cosas dichas por otros. Deben poder resolver problemas todos los días. Si empezamos desde abajo, a la política no le va a quedar otra que avanzar en la modificación del sistema. Sucede que en vez de reconocer que existe una escuela donde hay una innovación real, nos piden estructuras. No obstante, vamos a seguir luchándola porque estamos convencidos de lo que hacemos.



-¿Qué ofrece la escuela?

-La Escuela de Agronomía ofrece este sistema donde los educandos aprenden a aprender y además se constituyen en personas autónomas y sanas, a través de la metacognición y de módulos en acción. Todo eso hace que, desde jardín, un niño de cuatro años te diga quién soy, qué hice, cómo debo hacer y qué aprendí. Me contrapongo con Piaget, quien decía que un niño no podía abstraer. Yo le digo a Piaget que la imaginación del niño es pura abstracción, no es solamente la realidad que vive. Los métodos que utilizamos se basan en problemas. Los chicos tienen una parte técnica relacionada a la gestión empresarial, donde aprenden a armar una empresa de cualquier tipo. Además, tenemos un bachillerato en ciencias naturales, que es el que se abrió cuando implementamos el sistema nuevo.



-¿Tienen deberes los estudiantes?

-En nuestra escuela no hay deberes. Hay investigaciones recientes de Harvard que aseguran que los deberes provocan efectos contrarios a los que supuestamente buscan. Es decir, los deberes proponen el no hábito, la frustración y los grandes no puedo. En la escuela tradicional, se dan clases y hay chicos que escuchan y participan y hay otros que no. Entonces, cuando llegan a la casa tienen que hacer eso que no aprendieron. Se generan situaciones conflictivas en las familias y hay discusiones porque el chico no sabe cómo hacer. La escuela es el lugar del aprendizaje, no la casa. En la casa se recrea. Eso de ponerme horas y horas a memorizar no es aprender. Lo que digo lo demuestro con los chicos de la primaria y de la secundaria, quienes han tenido resultados maravillosos en la pruebas ONE (Operativo Nacional de Evaluación). En la escuela aprenden estrategias, conceptos y saben resolver problemas desde pequeños. En la escuela tienen todo el material para aprender y cuentan con los docentes que son sus guías. Los padres están para educar, no para instruir. Están, al igual que nosotros, para generar alta autoestima en los chicos. Mientras uno se ame y se valore, puede aprender todo. Eso es lo que nos diferencia del sistema tradicional y eso es lo que buscamos mostrar con el libro. Tengo decidido, a partir del año que viene, generar en la provincia de Córdoba, y en donde sea, cursos de formación docente, porque no puede ser que sólo 500 chicos sean los únicos que se vean beneficiados con el sistema. El objetivo es  llegar a todos.



-Desde hace algunos años, las escuelas pasaron a ser un lugar de contención, sobre todo aquellos centros que reciben a los chicos con mayores dificultades económicas y sociales…

-Ahí es donde más nos tenemos que enfocar. Hay que hacer lo mismo. Un maestro guía, orienta y ayuda a cada educando en particular a subsanar todas sus situaciones para que pueda constituirse sanamente. Hay que escuchar las vivencias de un niño marginal. No se le puede hablar de realidades con las que él no está consustanciado, porque pierde el interés.



-¿Qué sucede cuando hablan del sistema ante las autoridades?

-El error principal del Ministerio (de Educación de Córdoba) es que no conoce a sus escuelas e impone la tecnocracia. Es decir, se tiene que usar tal cosa, deben ser tantas horas, etcétera. Hubo un tiempo de maravilla, donde los inspectores y supervisores estaban muy bien formados. Hoy no puedo decir lo mismo. Lo que se necesita es cambiar, no alcanza con innovaciones en parche. Así como digo que el maestro es un guía orientador y que el trabajo debe realizarse en equipo, también sostengo que las autoridades deberían saber y ser verdaderos guías y no obturadores para que se siga el manual preestablecido.



-Hay casos en los que los egresados de las universidades se sienten frustrados por no poder comenzar a ejercer su profesión...

-El egresado de todo tipo de carreras no puede ejercer porque ha reproducido. Sale con miedo, dice “yo no sé”. Eso se da porque usamos la memoria mecánica, que hace que al poco tiempo de dar el examen me olvide de lo que estudié. Sólo construimos sobre aquellas materias con las que nos enganchamos. El método de estudio debe basarse en problemas a resolver, porque de eso se aprende. Sea cual sea el área de estudio, si vos sabés resolver problemas, cuando salís a ejercer tu profesión estás más capacitado. Eso es la memoria comprensiva.



-¿En qué otro lugar se aplica este sistema?

-No, en ninguna parte de la provincia ni del país. Hay otro tipo de innovaciones, generalmente tecnológicas, pero no algo totalmente integrado. Si hubiera más, creo que los ministerios estarían más interesados en reproducirlos, pero cuando hablás y comentás sobre el sistema es como si estuvieras hablando en chino y a veces, como no entienden, te menosprecian.



Nicolás Cheetham

ncheetham@puntal.com.ar