“Hoy mi mamá recibió su certificado por haber terminado su educación primaria y ¡a mí se me explota el corazón de emoción!”. Con este mensaje escrito en sus redes sociales, Marisa Jaca exponía todo el orgullo que sentía de ver ahora a su madre, Hilda Garay, terminar el nivel primario en el Cenpa de Coronel Moldes.
Esa mujer que por años trabajó como empleada doméstica y postergó su sueño de volver a la escuela, pero luchó para que sus hijos se convirtieran en profesionales. Marisa es hoy abogada y agradece profundamente el esfuerzo de su mamá y papá, que le dieron la oportunidad de seguir una carrera, al igual que a su hermano.
Pero ahora el protagonismo es de Hilda y en su historia se reflejan las de otras decenas de hombres y mujeres que durante su niñez no pudieron estudiar.Pero la vida les dio otra oportunidad y en plena adultez volvieron a las aulas, a tomar cuadernos y lápices; algunos, a aprender a escribir y leer; otros, a terminar un ciclo inconcluso.
Hilda tuvo su egreso el pasado jueves en Moldes y pudo compartir este momento con la familia, sus compañeros y docentes. Y estar ella esta vez sobre el escenario como la egresada.
Es el orgullo de su hija Marisa, abogada de profesión; de su hijo Emiliano, administrador de empresas; y también de su esposo, José Luis Jaca.
En diálogo con Puntal, contó de esta experiencia, al tiempo que insta a quienes puedan que vuelvan a estudiar: “No hay edad para esto. Y es una experiencia inolvidable”.
Su historia de vida
Hilda Garay nació y pasó gran parte de su infancia y adolescencia en la zona rural de Sampacho, donde sus padres trabajaban. “De chicos vivíamos en el campo e íbamos a las escuelas rurales con mis hermanos, que son más grandes. Yo, que me acuerdo, fui de primer grado a cuarto. Pasé al quinto y no pude ir más, porque los otros más grandes terminaban en el colegio y no podíamos ir solas con mi hermana, que éramos las mas chicas”.
El caballo o el sulky eran los medios de traslado diario para recorrer varias leguas entre campos y llegar a clases. “No sé cuántas leguas decirte que recorríamos”.
Así, cuando tendría unos 10 años su ciclo escolar quedó trunco. Desde los 12 años, y para ayudar a la familia, comenzó a trabajar como empleada doméstica “cama adentro” con familias en Achiras. Luego regresó a Sampacho, donde su papá había comprado una casa.
Y así transcurría su vida, del trabajo a casa. Pasados los años, se casó y junto con su esposo migraron a Coronel Moldes, donde hoy aún viven el barrio Las Quintas.
Allí crio a sus dos hijos y se prometió darles una educación completa y que fueran profesionales.
Hilda comenta que llegó a tener hasta cinco trabajos domésticos por día, para poder así costear los estudios de sus hijos en Río Cuarto. “Entre alquiler, comida, viajes, con mi marido trabajamos, pero vale la pena”, dice con orgullo.
“El año pasado me jubilo y me entero del colegio del primario de adultos. Fue allá por septiembre, creo. Fueron unos poquitos meses y seguí este año. Al principio se me complicaba porque yo seguía trabajando a la mañana y tarde, pero pude acomodarme”.
Cabe mencionar que en Moldes las clases del Cenpa y Cenma se dictan en el Podo Educativo, ubicado en barrio Alberdi.
El apoyo de docentes y compañeros
“Después de 50 años volví a agarrar los libros, los cuadernos. Algunas cosas me acordaba y otras me costaban un poco más. Pero las docentes fueron de gran apoyo y se formó un lindo grupo de compañeros, de todas las edades”, detalla Hilda Garay.
Asume que luego de que sus hijos se recibieran sintió más liberada: “Empecé a pensar un poco más en mí. Hoy estoy muy feliz”.
“Yo, si tengo que decir algo, es agradecer a quienes me ayudaron. Y decir además que se puede, que si alguien tiene ganas de estudiar lo puede hacer, en cualquier momento”.
La flamante egresada no sólo está orgullosa por su logro, sino también se emociona al hablar de algunos de sus compañeros que llegaron sin saber leer ni escribir. “Hoy lo hacen y muy bien”.
El pasado jueves y en un acto organizado recibió el certificado de finalización del primario junto con un grupo de otros ocho compañeros: María Inés Araya, Silvia Arias, Cynthia Barrios, Eva Corral, Marisa Corral, María Rosa Díaz, Mirta Grandi y Noelia Schmit.
No se olvida Hilda de sus maestras, a quienes agradece el apoyo e incentivo permanente: Sonia Bovio y Susana Fredes.
Sobre su futuro educativo, y la posibilidad de iniciar el ciclo secundario para adultos, aún no lo tiene decidido. “Las maestras me dicen que lo haga, que tengo capacidad. Me felicitaron por la carpeta que tengo. Pero se me dificulta un poco por los horarios, porque el secundario es de noche y son cuatro horas y muchas materias”.
Mientras tanto, disfruta de este momento, de los amigos que hizo en el aula. Y también del tiempo que puede pasar visitando a sus hijos, que residen y trabajan en Río Cuarto, y a su pequeño nieto.
Marisa Jaca, su hija, quien contó la historia de su mamá en redes, termina su posteo diciendo: “Ahora sí podrás contarle a tu nieto que terminaste la primaria, Má. Ahora sí me toca a mí acompañarte y sentir todo el orgullo porque lo lograste. Felicitaciones Hilda Garay Jaca. Te amo!”.
Eva y Mary, las egresadas del Cenpa de Suco
En Suco también se realizó el acto de las primeras egresadas del Centro de Educación Nivel Primario para Adultos, que este año comenzó a dictar clases con la docente Susana Ávila.
Las flamantes egresadas de tan importante logro son Eva Llamas y Mary Gil. Mientras que Juana Puebla, otra estudiante adulta, continuará para completar el ciclo el año que viene. “Ejemplo a seguir es lo que hoy sentimos al verlas cumplir su meta, lo cual nos enseñan que nunca es tarde para lograr lo que queremos, solo basta intentarlo hasta lograrlo”, manifestaron las autoridades.
A los 77 años, Ana Tuninetti terminó el secundario y se graduó como escolta
La mujer huinquense terminó el ciclo en el Cenma Adultos con un promedio de 8,70
Ana Tuninetti, Anita, como la conocen en el Cenma de Huinca Renancó, demostró tener una voluntad inquebrantable para cumplir su sueño: hacer el secundario.
Días atrás recibió el título con uno de los mejores promedios.
Había finalizado la escuela primaria en 1959 en Cañada (Villa Huidobro) y en ese entonces sus padres no quisieron que siguiera estudiando. A ella le quedó una deuda pendiente que finalmente saldó con creces y ahora quiere seguir estudiando.
Para llegar a clases cada día caminaba unas 22 cuadras, pero para ella era todo un desafío. Es que el saber no ocupa lugar.
Recuerda que fue en una comida familiar que les propuso a sus hijos que la ayudaran para retomar los estudios secundarios.
“María Rosa (su hija) vino y me dijo: ‘Mami, ya te anoté, así que comenzaron. Primero me dio mucho trabajo, después me fui acostumbrando. Tuve el apoyo muy grande de mi familia y de mis compañeros. Nunca creía que iba a ser escolta. Era un sueño de mi vida que tenía”, señaló. Y no descarta ir por más. Dice que sus materias preferidas son Geografía e Historia.

