Río Cuarto |

El auge del freestyle: el ritmo callejero que empieza a copar las plazas

Ropas holgadas, gorras y cabelleras coloridas. La cultura del hip hop tiene cada vez más seguidores en Río Cuarto. Este informe muestra hasta el último detalle de estas batallas verbales hechas de rimas e ingenio. “Improvisar es el mejor juego del mundo”, dicen

Una ronda de adolescentes se percibe a lo lejos, basta adentrarse sólo un poco en la plaza del Viejo Mercado para escuchar el agite, y una fuerte energía.

Buzos y camperas holgadas, pantalones de colores, anchos o llamativos, son prenda común para este grupo, el estilo no falta y el flow (su manera de fluir con ritmo) tampoco.

Todas las cabezas usan un gorro y si no algún color de tintura o sombrero. Pero es estando cerca donde realmente la adrenalina se siente, y las rimas trascienden.

Es el freestyle el motivo que reúne a estos jóvenes que aclaman por alguno de los contrincantes que se encuentran al centro del círculo. Son las plazas de Río Cuarto -el Viejo Mercado e Islas Malvinas, principalmente, el punto de encuentro donde chicos y chicas se reúnen para conformar la cultura del hip hop.

Sus integrantes coinciden en decir que el movimiento surgió en la ciudad hace 6 años, algunos antes, otros después, pero de a poco fueron consolidando esta movida que tiene cada vez más convocatoria.

La competencia empezó un fin de semana atrás, los 8 competidores que clasificaron están listos para saber quién gana.

El día de hoy los reúne una feria organizada por un centro cultural de la ciudad. La lluvia obliga a todos a seguir la tarde bajo el techo del Viejo Mercado y después de un rato la organización se logra y la competencia empieza.

Arranca la primera batalla de octavos, compiten Mercy y el Sabo, al ritmo de Lirius, que musicaliza la tarde y las rimas empiezan a golpear: “Creo que te encontraste al conscripto, bienvenido te enfrentaste a Terzo Britos, versos míos, huesos mastico, yo no estoy rapeando sólo hablo entre dos ritmos”, rapea Mercy para ganarle a su oponente.

Al hablar de rap, Juan Cruz Britos Terzo (18 años), alias Mercy, expresa: “Para mí es un modo de vida porque es diario, ¿me entendés?, yo me despierto y siempre tengo una idea”. El rap es su forma de protesta, de manifestación de liberación y desahogo.

Aún con ese sentimiento a flor de piel, hoy le toca perder y es el otro contrincante, Sabo, quien pasa a la semifinal, saboreando su primera victoria de la tarde. “Terzo Britos un delito, Sabo sosa saborea el hip hop, y eso es distinto, hacelo como yo y decime si te pinta, pinto, lo que quiero es un vino tinto”.

Los integrantes del movimiento del rap en la ciudad explican que cuando la pasión supera al hobby no hay forma de no sentirlo o vivirlo. “Todo para mí termina siendo hip hop, desde levantarme a la mañana temprano para hacer alguna changa, hasta leer un libro para ampliar mi vocabulario, llegando a la obviedad de participar de algún evento con mis canciones o una competencia de freestyle. Hip hop es todo lo que hacés para salir de una situación desfavorable a través de manifestaciones artísticas; hip hop es todo lo que hacés para concretar tu arte”, manifiesta KND (Candela Zeballos, de 19 años), una de las pocas jóvenes que se anima a rapear en esta ciudad.

“Es improvisar, es escribir canciones, y después en lo que es batallas, es el mejor juego del mundo, son dos personas que usan la mente para ver quién gana”, agrega Joaquín Ferreyra, (20 años), más conocido como Siag, hoy uno de los jurados de la competencia. 

El ritmo sigue fluyendo y esta vez le toca a Lucho, contra AM; la temática: el cielo y el infierno, seguido de una ronda libre.

El público está expectante de ver cómo avanza la competencia, las rimas captan la atención de la feria completa, el silencio se perpetúa y el interés está en los punchlines (ver apartado) que tiran los raperos al hacer su freestyle.

Lucho abre así su ronda y demuestra potencial para ser uno de los ganadores de toda la competencia. “¿Quieres saber un poquito lo que está en mi cuaderno?, ¿quieres saber?, ah lo que saco wuacho es muy interno, no me considero el más grande, ni el más inmenso, tan solo uno que vive en la línea entre el cielo y el infierno”. Por ahora, es quien pasa a las semifinales.

En el rap, el freestyle es un estilo improvisado, pero la mayoría de sus integrantes, además, escribe sus propias canciones. En las competencias, el rap es libre, la idea es responder y defenderse frente a tu adversario, de la manera más inteligente y perspicaz, rimando, pero principalmente sintiéndolo, “tenés que sentirlo, mientras vos lo sientas y sientas que podés transmitir algo, hacelo, si no le encajás una rima, decilo igual porque va a llegar”, dice Mercy.

La batalla se regula a partir de un moderador y conductor, un jurado conformado por otros tres o cinco raperos (siempre número impar) que elige el resultado. Hay una primera ronda, con temática que se les da a los competidores antes de empezar para que rimen, y para que ningún rapero se quede con ganas de revancha le sigue la réplica y una más todavía si el jurado lo decide y con los puños cerrados y brazos cruzados lo exige, de lo contrario señalan al rapero que mejor haya rapeado.

Prepararse para un freestyle requiere más freestyle previo, leer mucho y escuchar, pero principalmente la experiencia de ir haciéndolo de animarse.

“Es un ritmo callejero, nació de eso, nació de los negros, nació de la pobreza, nació de los barrios, pero hoy en día y acá no hay clase social”, cuenta Siag.

Para KND, “el hip hop es como una flecha, la querés sacar y más se mete, es así tal cual, uno conoce algún elemento del hip hop y entra en un bucle de investigación de volverte autodidacta de querer más, de aspirar a ser una mejor versión todos los días”.

La competencia continúa y faltan dos semifinalistas por decidirse, las duplas son Ruso y Matt, y FS contra Requiel. Luego de las batallas ascienden a semifinales FS y Ruso.

El escenario del Viejo Mercado deja de ser el lugar donde se lleva a cabo la competencia porque debido al mal clima la feria necesita utilizar el espacio, pero los jóvenes van a terminar de todas formas lo que empezaron e invitan al que quiera a acercarse y seguir escuchando.

La sensación que se percibe supera el sentimiento de adrenalina que se vivía hasta el momento; todos los integrantes de la competencia se dirigen al exterior, rodean a los competidores, los contrincantes se liberan del micrófono, y es su voz la que con furia resuena, un beatbox les marca el ritmo.

El mal clima no importa, la hora y la oscuridad tampoco, importa la energía que transmiten, y se siente.

Una pequeña parte del público que estaba sentado sale a ver cómo continúan las batallas, y un nene se acerca con emoción trayendo a su papá para mostrarle lo que le causa tanta admiración.

Llama la atención que todos se sientan más cómodos sin la necesidad de un gran equipo de sonido, luces, o un escenario, pero, ¿cómo no hacerlo?, si es allí donde empezaron, en las plazas, donde se conocieron, autogestionaron y de a poco crecieron.

Como explican sus integrantes, la movida del rap no fomenta la violencia, por más que en la batalla se origine la discusión, sólo es un juego y el que se enoja pierde.

Como objetivo siempre buscan la unión; en ese ámbito son todos como hermanos, son lo mismo, y disfrutan de ver progresar y triunfar a aquel “que la pegue”.

Las semifinales se vuelven muy reñidas. Lucho y Ruso son los que logran llegar a la final, el ambiente se pone expectante y movilizado, el agite aumenta, y la final arranca en 3, 2, 1 tiempo: “Siempre gritan todas las rimas, eso pasa cuando la cocaína entra en sus vidas, sólo te hace desvariar y tirar muy malas rimas, y que te dé, mal viaje como costumbre y como rutina”, golpea Ruso. Lucho velozmente contraataca demostrando que la competencia es suya: “Y por supuesto que la cocaína entró en mi vida, por eso después entró el rap y a la porquería le encontré salida, lo que pasa que lo que me motiva me hace saltar, estoy brincando en la plaza porque la plaza desde que tengo uso de razón es mi hogar”. Aunque las rimas siguen y se necesita doble réplica para definir al ganador, el jurado vota y definitivamente Lucho se lleva el triunfo de la competencia autogestionada por este grupo de raperos que moviliza a la ciudad.

Logran transmitir su pasión, y a medida que nos alejamos del lugar más ganas se perciben en nuestros cuerpos, ganas de conocer más, de buscar a todos los integrantes de este movimiento mundial. Ganas de practicar de probarnos, ¿qué tan capaces podríamos ser de llevar el ritmo de ese modo? A medida que transcurre el encuentro una cosa queda clara: todos tenemos cosas para expresar.

Los raperos invitan a buscar en nuestros orígenes. Los payadores son en algún punto raperos, pero con costumbres argentinas; hablar con ellos moviliza las ideas sobre este movimiento que está siempre asociado a la cultura yanqui, pero readaptada en nuestra zona y nos hace entender que nunca se podría haber tomado de la misma forma si nuestros ancestros no hubiesen practicado la lucha y la protesta a través de la palabra, de la liberación y de la rima. Aunque la estructura de sus versos sea diferente el sentimiento es el mismo, es movilizarse para hacerse escuchar, es hacer arte y mostrarlo, es pedir ruido y no aplausos porque no necesitan ser otro show más, necesitan que la gente empiece a escuchar.



Zoe Parramón.  Especial para Puntal Estudiante de Ciencias de la Comunicación de la UNRC