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El Jefe Astrada, en silencio

El futbolista de River Plate fue el último volante central y capitán que tuvo el máximo apelativo por presencia y juego en una cancha
 
El Negro Jefe fue Obdulio Varela, líder espiritual y futbolístico de la selección de Uruguay.

El calificativo "jefe" para un futbolista en la Argentina parece haber quedado para siempre en Leonardo Astrada, jugador y símbolo de River Plate.

Ya Mascherano fue el Jefecito. Astrada jugó tanto en River que su paso por el Gremio de Porto Alegre casi resultó un período estacional en el gran club brasileño.

Leo lo hizo en el Millonario entre el 89 y el 99 y luego desde el 2000 hasta el 2003.

Debutó en la Primera de River el 2 de julio de 1989 en un partido contra Argentinos Juniors, triunfo 1 a 0 con Merlo de técnico.

Su primer gol lo marcó el 29 de octubre en el encuentro en el que River venció 3 a 1 a Español. Ganó 12 campeonatos, diez de ellos a nivel local y dos internacionales. Jugó en la selección desde marzo del 91 en un amistoso ante México que terminó 0 a 0, integrando el equipo de Basile que ese año fue campeón de la Copa América en Chile y marcó su único gol con la albiceleste ante Paraguay.

Entrenó a River, Rosario Central, Colón, Estudiantes de La Plata, Cerro Porteño, Argentinos Juniors y Atlético Rafaela.

Leonardo Astrada nació un 6 de enero de 1970, por lo que acaba de cumplir 50 años.

Fue un gran 5 y un correcto entrenador. Hay algunas declaraciones en ese momento gráfico imperdible que es el 100 x 100 de nuestro amigo Diego Borinsky en El Gráfico, nota del 2007 que son lindas de recrear. Cuando se le pregunta de quién más aprendió, por ejemplo: "Del To­lo Gallego. Me ayu­dó mu­cho, como DT, co­mo per­so­na, co­mo ga­na­dor. Al prin­ci­pio, cuan­do era ayu­dan­te de Pas­sa­re­lla, pen­sa­ba que no me que­ría, pe­ro con el tiem­po me di cuen­ta de que el ti­po me es­ta­ba en­ci­ma pa­ra me­jo­rar­me, por­que se veía re­fle­ja­do en su pro­pia his­to­ria, por có­mo me mo­vía en el cam­po. Hoy es el pa­dri­no de la ne­na más chi­ca mía. Y por al­go es. Apar­te, como per­so­na, el To­lo es que­ri­do por to­dos los ju­ga­do­res que tu­vo, eso no es muy común".

Astrada jugó en River 465 partidos oficiales y convirtió seis goles.

Se retiró del fútbol una tarde en la cual tenía a su padre secuestrado. Jugó diez minutos y se fue en medio de una ovación impresionante. ¿Cómo hizo para jugar en esa situación? Lo explicaba él de esta manera: "No sé. Yo no que­ría sa­ber na­da, pe­ro me lla­mó Her­nán y me di­jo que se­ría bue­no que me pu­die­ra des­pe­dir, por el bien de mi vie­jo, pa­ra que no tu­vie­ra car­go de con­cien­cia. Tam­bién se dio que los se­cues­tra­do­res no me lla­ma­ban, no te­nía ni una no­ti­cia de mi vie­jo, y me hi­cie­ron ver que de ese mo­do po­día lle­gar a ha­ber un acer­ca­mien­to. Lo hi­ce más que na­da por eso". El técnico era Manuel Pellegrini.

Las palabras de Víctor Hugo Morales esa tarde quedaron en el recuerdo: "Justo en este momento tan particular, tan hondamente emotivo y preocupante, Astrada le dice adiós al fútbol. El partido se detiene. Acaso no fue partido hasta ahora por esto. Ahí está Astrada entregando su cinta de capitán a D’Alessandro. ¡La última, Jefe! Gracias por haber permitido, además, que el apodo prosperara, porque camina hacia el costado de la cancha un verdadero Jefe del fútbol. Se es jefe si se es generoso.

Se es jefe si realmente se es querido y no temido. Se es jefe si se banca la mano cuando viene mal. Se es jefe si se está ayudando siempre a los más pibes.

Se es jefe si se lo puede ser en cualquier cancha y faltando cualquier situación. Se es jefe si este reconocimiento es tan unánime como el que le entrega un estadio repleto". Así, entre otras extraordinarias frases, mi amigo Víctor Hugo despedía por radio a Leonardo Astrada.

Momentos antes del partido, Astrada encabezó la vuelta olímpica con la que River Plate festejó la obtención de su 31er título, logrado el domingo anterior, vistiendo una remera con la foto de su progenitor y en la cual se leía: “Papá: te esperamos”. Cuando salió, en ese encuentro ante Racing, fue reemplazado por Eduardo Coudet.

Y es así como uno recuerda al Jefe Astrada en una cancha. Y aun en calidad de entrenador. Sin estridencias. En el juego, con esa cara de zorrito con máscara, esa pinta de mapache, que iba robando una tras otra las pelotas que sus rivales traían por la mitad de la cancha. Recurriendo a cierta vehemencia, a veces, pero sin ser un jugador malintencionado y artero. Sin gritos, Astrada dominaba la mitad de la cancha de River. Junto con Gustavo Zapata fueron los pacman que todo lo cortaban. Con Hernán Díaz compuso una amistad que los llevó a ser dupla técnica casi siempre.

Una relación no demasiado amable con Ramón Díaz fue evidente con el transcurso del tiempo que compartieron cuando el riojano fue su técnico.

Contó que la patada más fuerte se la pegó a Ed­win Con­go, en Co­lom­bia, un par­ti­do por la Li­ber­ta­do­res 99. "Nos es­ta­ban pe­gan­do un bai­le te­rri­ble y el ti­po que­dó ti­ra­do ta­pan­do la pe­lo­ta. Fui, lo pi­sé y le mar­qué to­da la es­pal­da".

El personaje que más lo divirtió fue el Mono" Burgo y el que lo deslumbró fue Enzo Francescoli.

Algunas cuestiones que hacen a la vida de Leonardo Astrada, jugador y técnico. De esos que de un día para otro están dirigiendo clubes y parecen "borrados" por el sistema.

Astrada fue el Jefe en el fútbol argentino. Sí que lo fue.



Osvaldo Alfredo Wehbe

 

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