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El peso del Estado sobre la renta agrícola subió por las retenciones

El habitual informe de la Fada mostró que la participación de los gobiernos para el promedio de los cultivos de soja, maíz, trigo y girasol en diciembre fue del 60,4%. En septiembre había sido del 56,4%. Córdoba, por debajo del promedio

El impacto de la suba de retenciones en los principales granos tuvo un impacto directo en la participación del Estado en la renta agropecuaria. Así lo determinó el último informe de la Fundación Fada publicado ayer.

De acuerdo a ese estudio la participación del Estado para el promedio de los cultivos de soja, maíz, trigo y girasol es del 60,4%. En otras palabras, “de cada $100 de renta que genera una hectárea agrícola, $60,40 se lo llevan los distintos niveles de gobierno”, explicó el economista jefe de Fada, David Miazzo.

En relación a la medición anterior de septiembre de 2019 aumentó un 4%,  ya que en aquel momento había ascendido al 56,4%.

A su vez, de modo particular, en el caso de la soja la participación trepa al 64,5%, maíz 53,9%, trigo 53,5% y girasol 62%. Las diferencias entre cada cultivo radican en los impuestos y en la renta que genera cada uno, ya que a menor rentabilidad es mayor la participación relativa de los impuestos. 

Según el informe, los impuestos pertenecen a distintos niveles de gobierno, como también es distinta la distribución que se hace de ello. Así, detalla que, de lo recaudado, el 95,5% pertenece a impuestos nacionales, el 3,9% a provinciales y el 0,6% a municipales. De esos impuestos nacionales, el 62,1% son de carácter no coparticipable, mientras que el 33,4% es coparticipable con las provincias.

Los impuestos no coparticipables están compuestos principalmente por los derechos de exportación, como también el impuesto a los créditos y débitos bancarios. Los coparticipables son en su mayoría Ganancias y el IVA.

Las provincias reciben parte de este 33,4% como coparticipación, y también recaudan impuestos propios. En el Índice Fada nacional se consideran el impuesto inmobiliario rural y el impuesto a los ingresos brutos, con una alícuota reducida, ya que ni Córdoba ni Santa Fe, por ejemplo, cobran este tributo al sector. Así, los impuestos provinciales explican el 3,9% de los impuestos totales. 

Por último, los impuestos municipales representan el 0,6% de los impuestos en el Índice Fada promedio nacional. El componente central de estos impuestos municipales son las tasas viales.

En este sentido, haciendo una lectura y comparación entre el índice de septiembre y el actual (este informe es de carácter trimestral), Miazzo destacó que “los impuestos nacionales no coparticipables incrementaron su participación, pasando del 55,6% al 62,1%, mientras que todo el resto cayó en participación. Este cambio en la composición es resultado del incremento de los derechos de exportación, que son un impuesto no coparticipable, que al mismo tiempo reduce un impuesto coparticipable como es el impuesto a las ganancias”. 

Estos cambios, explicó la economista Natalia Ariño, de la Fundación, “significan una reducción del federalismo por tres motivos: el primero, es que se incrementan los recursos no coparticipables en manos de Nación; el segundo, es que se reducen los recursos coparticipables por reducción del impuesto a las ganancias; el tercero, es vía los recursos que salen de las regiones productivas en el marco de la suba de derechos de exportación”.

Un presupuesto de Río Cuarto

En este último sentido, Fada en un informe anterior estimó que cada 5 puntos de derechos de exportación, salen del departamento Río Cuarto los recursos equivalentes al presupuesto de la Municipalidad de la ciudad, por tomar un ejemplo.

Respecto al índice anterior, se observaron mejoras en los precios de soja y maíz y una reducción sustancial en trigo. La mejora de los precios internacionales ayudó a amortiguar el efecto de la suba de derechos de exportación. 

En los últimos 12 meses, el incremento del tipo de cambio fue del 59%, pasando de $37,70 por dólar a $59,80. En los últimos 3 meses, se incrementó un 4,9%. 

Por su lado, los costos en dólares se han mantenido relativamente estables. Mientras que los costos en pesos, fletes y labores agrícolas, todavía no se han actualizado completamente. Esto es así, explica Ariño, “porque la actividad agrícola es estacional, es decir, cuando es época de siembra, cosecha, etc. es cuando estos precios se actualizan”. Por este motivo, los costos en pesos se depreciaron producto del incremento del tipo de cambio.

Costos en dólares

El índice mostró que un 60% de los costos de una hectárea de soja están dolarizados, mientras que el restante 40% están pesificados. Si se considera el costo de la tierra dentro del esquema de costos, los costos dolarizados pasan a representar el 71%.

En el caso del maíz, como los fertilizantes y semillas tienen más peso que en el caso de la soja, los costos dolarizados ascienden al 66% de la estructura, mientras que los pesificados alcanzan el 34%. Si se considera el costo de la tierra, el peso de los costos dolarizados asciende al 72%.

El componente en pesos también suele tener una alta relación con el dólar por dos motivos: la rápida transmisión de la devaluación a los precios que hay en una economía inflacionaria como la argentina; y porque dentro de los costos pesificados está, por ejemplo, el flete cuyos costos dependen en gran medida del precio del combustible y este está ligado directamente al precio del petróleo y del dólar. Lo mismo con las labores. Además de que el valor de los camiones y maquinaria también guarda correlación con el tipo de cambio.

Para profundizar en cada caso, el índice analiza los costos de una hectárea de maíz, para tomar como ejemplo. Se toma desde el valor FOB al resultado después de todos los impuestos: los costos de exportación (fobbing), comercialización, transporte, seguros, administración y producción.

Al analizar los costos resaltan dos puntos. El primero, los gastos de fobbing representan entre el 10% y el 12% de todos los costos involucrados en una hectárea de maíz. 

El segundo punto, son los fletes, donde se puede ver claramente cómo se va incrementando la participación a medida que uno se aleja del puerto. En el caso del maíz, el flete representa el 16% de los costos en Buenos Aires, en Córdoba el 18%, en San Luis el 21% y en La Pampa el 18%. En Santa Fe, como el grueso de la producción se encuentra relativamente cerca de los puertos, representa el 10%.

Así, entre fobbing y flete, suman entre el 26% y el 31% de los costos de una hectárea de maíz, sin considerar el costo de la tierra.

Por último, Fada destacó que mientras el índice nacional es de 60,4%, Córdoba registra un 59,9%, Buenos Aires 61,7%, Santa Fe 59,3%, La Pampa 62,3%, y San Luis 58,7%.

En estos resultados, se conjugan los rindes, los impuestos provinciales y locales y los fletes, que generan efectos diferenciados.

Gonzalo Dal Bianco

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