Si el primer título sirvió para dar a conocer la obra de una enorme cuentista que tuvo una existencia agitada e intensa y que, sólo de tanto en tanto, publicaba sus relatos en revistas literarias de vanguardia, Una noche en el paraíso es la confirmación de que, pese a que el éxito literario nunca la arropó, Berlin fue una autora de primera línea que hoy -quince años después de su muerte- es comparada con palabras mayores del relato como Raymon Carver o Charles Bukowski.
En ella se reunen el talento natural para la narración y una vida llena de sobresaltos, pasiones, y permanentes cambios, que acabará nutriendo su obra.
Cambios de geografía: saltó de ciudad en ciudad en Estados Unidos, acompañando cada uno de los traslados de su padre minero. Se radicó por años en Chile donde se codeó con la alta sociedad y, ya casada, se mudó con sus hijos a la convulsionada ciudad de El Paso, en México, donde transcurren buena parte de los relatos de Una noche en el paraíso.
Cambios de oficios: Lucia Berlin no se amilanó ante ningún empleo. Fue empleada doméstica, atendía los llamados de una central telefónica, fue enfermera, y en su madurez ejerció la docencia en la Universidad de Colorado en la que se ganó el respeto y la admiración de sus alumnos por su estilo desenfadado y cautivante.
Cambios de amores, también los hubo: vivió intensamente cada uno de sus tres matrimonios, y sus consiguientes divorcios.
Supo extraer de todo ese bagaje, el material para sus narraciones que, casi siempre, ponen en el centro de la escena a mujeres vigorosas, excesivas, apasionadas y deseosas de salir adelante a pesar de todas las dificultades.
Los 22 relatos de Una noche en el paraíso, como sucedía con Manual para mujeres de la limpieza van engarzando historias que encuentran de tanto en tanto a los mismos personajes. Aunque en un cuento la protagonista se llame “Maya”, en otro “Claire” y en un tercero “Decca”, el lector atento puede reconocer en cada una de esas mujeres rasgos que se repiten, experiencias traumáticas que suceden en una historia y, luego, se evocan en otra. Esa ligazón permite recorrer las 280 páginas con la tensión de una novela de largo aliento.
Si hubiera que identificar un patrón para estas historias que transcurren en pequeñas poblaciones, tal vez sea la solitaria lucha de estas mujeres soñadoras y desprejuiciadas por hacer frente a la vigilancia celosa y admonitoria del “otro”. Un otro que a veces es todo un vecindario, otras veces un exmarido o una exsuegra, o simplemente el extraño en el que se transformó el hombre con el que convive a diario.
En “Mi vida es un libro abierto”, Claire Bellamy es una mujer divorciada que se muda con sus cuatro hijos a una casona abandonada en las afueras de un pueblito mexicano.
Claire consiguió un puesto en el colegio del lugar y, a punto estuvo de ganarse un sitio de respetabilidad pero todo eso se desmoronó en un segundo, cuando empezaron a verla de la mano de un hombre bastante menor que ella, al que todos ven como “un caso perdido”.
“La gente del pueblo la había estado observando, y ya casi había decidido que era una mujer trabajadora y una madre como la copa de un pino. Y entonces, a ella no se le ocurre otra cosa que juntarse con el chico de los Casey”, sentencia.
Un confuso episodio deja a Claire bajo la mirada escrutadora de todos: el menor de sus hijos desaparece. Y allí, en esa búsqueda desesperada surge lo mejor y lo peor del pueblo.
En Las (ex) mujeres, el más fascinante de los cuentos de esta compilación, dos damas a punto de perder la firmeza de sus cuerpos coinciden en una noche de alcohol. En distintas etapas de sus vidas fueron amantes del mismo hombre. Las dos también fueron abandonadas. Una en el pasado, la otra se enterará esa misma noche.
El encanto de ese cuento está en los diálogos filosos, desesperados y, finalmente, piadosos.
Ambas mujeres se recelan, también se admiran a su manera, y en esa larga charla regada de martinis acabarán confirmando que para un alma desesperada no hay mejor bálsamo que el encuentro con alguien que atravesó la misma tempestad. Como una tal Lucia Berlin.
P.D.: Entre 1980 y 1999, Lucia Berlin publicó setenta y seis cuentos en revistas especializadas (una de ellas The Noble Savage, de Saul Bellow). La mayoría de ellos fueron traducidos recientemente por Alfaguara, en dos volúmenes. Quienes la conocieron con Manual para mujeres de la limpieza se reencontrarán en esta nueva colección con el ingenio y el desparpajo que son la marca de estilo de Berlin. Sugerencia para los que aún no la descubrieron: empiecen con Manual para mujeres de la limpieza y, cuando se repongan del cimbronazo, vayan por más.
Alejandro Fara