El edificio actual se construyó luego de que, el 7 de diciembre de 1951, se derrumbara por completo el original. Entre el lamentable suceso y la consagración de la nueva estructura, el 7 de diciembre de 1969, pasaron 18 años, aunque la construcción propiamente dicha duró 13 años.
Los actos principales de hace 50 años se desarrollaron en diferentes ceremonias. La primera tuvo lugar el 6 de diciembre de 1969, oportunidad en la que el coro polifónico Delfino Quírici y un conjunto de cuerdas de Córdoba y Río Cuarto brindaron un concierto sacro. Al día siguiente, el entonces obispo diocesano, Moisés Blanchoud, procedió a realizar la consagración de la iglesia y el altar mayor.
Las actividades continuaron hasta el 9 de diciembre de ese año con un misa de primeras comuniones, la consagración del altar del camarín de la Virgen de Pompeya y el funeral por los bienhechores fallecidos.
El arquitecto de la flamante iglesia fue el italiano César Augusto Ferrari. En tanto, Julio Alonso fue el ingeniero y José Pires el director técnico.
La colecta para financiar la obra, que no tuvo ningún tipo de aporte estatal, estuvo a cargo de fray Salvador Solá, un luchador que no descansó hasta ver concluido el templo.
El primer templo
Los padres franciscanos instalaron la primera capilla en la misma manzana en la que actualmente están el convento y la iglesia. Sin embargo, recién en 1861 pudieron colocar los cimientos de lo que fue el templo que se derrumbó en 1951.
Tras varios años de trabajo, el edificio fue habilitado el 3 de octubre de 1876, 20 años después de la llegada de los franciscanos a Río Cuarto, pero el templo quedó terminado y ornamentado en su totalidad en 1898.
En aquel tiempo, una imagen de la Virgen Inmaculada ocupaba el centro del altar mayor, acompañada por el santo patrono San Francisco Solano.
Era una iglesia pequeña. Ocupaba una superficie de 323 metros cuadrados. Tenía 43 metros de ancho y una altura de 12 metros. En la parte posterior del templo, sobre la calle Cabrera, la cuadra se completaba con una huerta.
Con el aumento de la población de Río Cuarto, la iglesia franciscana comenzó a quedar chica y se barajaron varias ideas para mejorar su construcción.
En 1949 comenzó a estudiarse la posibilidad de ampliar el templo. Al año siguiente, se prepararon los planos que, una vez aprobados, dieron inicio a la obra en 1951.
Pese a que se presentaron algunas dudas acerca de la seguridad de las paredes y columnas, los especialistas consultados dejaron tranquilos a los miembros de la comunidad sobre la consistencia del antiguo edificio.
Cuando se advirtieron signos que avalaban aquella desconfianza, fue demasiado tarde. El 6 de diciembre de 1951, fray Manuel Nierga dio aviso acerca del peligro de un derrumbe.
A las 5.41 del día 7 de diciembre (víspera de la fiesta de la Inmaculada Concepción), cuando la comunidad estaba casi lista para empezar la tarea diaria (rezos, misas y atención al público), se sintió “un ruido estrepitoso” que resultó ser la caída de la iglesia.
Por apenas unos segundos, las pocas personas que estaban en el templo lograron salvar sus vidas. Es que minutos antes del derrumbe, fray Manuel se percató de que podía suceder algo y ordenó cerrar las puertas del edificio para que nadie entrara.
Algunos de los miembros de la comunidad rescataron y trasladaron lo poco que se pudo conservar en buenas condiciones: la imagen de la Inmaculada, las de San Francisco Solano, San Francisco de Asís, San Roque, el Calvario, San Antonio y San Pascual. Todo se llevó al Salón Catequístico del colegio San Buenaventura, por la calle Cabrera, donde se realizaron los oficios litúrgicos por mucho tiempo, hasta que el nuevo templo estuvo en condiciones.
Las imágenes de Santo Domingo de Guzmán y San Ambrosio se hallaron mutiladas. Tiempo después, con la remoción de escombros se encontró el Copón, con las Sagradas Formas, milagrosamente intacto.
Nuevo templo
El pueblo se solidarizó enseguida con la idea de levantar otra vez la iglesia San Francisco. Así, comenzó un arduo trabajo para encontrar una solución.
Una de las disyuntivas de aquel momento era si convenía reparar lo que se había caído o si se construía algo totalmente nuevo.
Tres días después del derrumbe, se conformó una comisión para avanzar sobre el proyecto. Se editaron folletos explicativos, se inscribieron socios protectores y se comenzó a recaudar fondos.
Los primeros años fueron muy difíciles. Quitar los escombros fue una tarea gigante, pesada y costosa.
En 1952 se analizaron distintos planos y al año siguiente fueron aprobados los presentados por el arquitecto César Augusto Ferrari, un italiano radicado en Capital Federal.
Finalmente, después de innumerables deliberaciones, se definió construir un nuevo templo en el mismo lugar del antiguo.
El 24 de octubre de 1954 se colocó la primera piedra. En tanto, el 2 de abril de 1956, las obras comenzaron en firme, hasta concluir de manera definitiva en 1969.
La iglesia actual tiene 68 metros de largo y 18 metros de ancho. El crucero tiene un ancho de 27 metros y una altura de 16 metros.
La superficie total del templo es de 1.330 metros cuadrados. Tiene capacidad para 800 personas sentadas y 3 mil de pie.
El órgano centenario
Un párrafo especial merece el órgano centenario de la iglesia San Francisco, declarado de Interés Histórico y Patrimonio Cultural de la ciudad por el Concejo Deliberante.
El órgano fue fabricado por la famosa firma Giácomo Locatelli de Bérgamo (Italia). Fue adquirido en Europa en 1897.
Se trata de un instrumento barroco estilo italiano, copia fiel de los que se construían en 1600. Consta de 939 tubos y está íntegramente labrado a mano.
La instalación se concretó en mayo de 1900 y acompañó con su notable sonoridad las celebraciones religiosas de toda una época.
Cuando el viejo templo se derrumbó en 1951, al estar ubicado sobre la parte alta (lado interno que daba hacia el frente de la iglesia), el órgano quedó intacto.
Una vez que se terminó la construcción del nuevo edificio, se lo ubicó a la izquierda del altar.
El paso del tiempo hizo que el instrumento se deteriorara notablemente por lo que se dejó de utilizar. Después de varios años de espera y colecta de fondos, en 2014 se logró la restauración a nuevo.
Lo que viene
El próximo lunes 25 de marzo a las 20 horas en la iglesia, dentro del programa “La semana ferrariana se pasea por Córdoba”, la arquitecta italiana Liliana Pittarello presentará en Río Cuarto su libro “Que Bello que es Vivir”. El escrito está basado en la extensa trayectoria de Augusto Ferrari, quien también construyó el templo de los Capuchinos de Córdoba.
Con información aportada por Inés Farías, del Archivo Histórico “Fray José Luis Padrós”, de la Iglesia San Francisco.
Nicolás Cheetham