Río Cuarto |

El viudo, cara a cara con el acusado: “Él estaba obsesionado con mi mujer”, dijo

Juan Carlos Debia rememoró los instantes previos al crimen de Claudia y describió las circunstancias que lo convencieron de haber dado con el asesino de su esposa

El martes que encontró su trágico final, Claudia Muñoz no tenía descanso. Entre llevar al colegio a Milagros Soledad, su hija adoptiva, preparle la comida a su esposo que trabajaba mañana y tarde como capataz de un edificio en construcción, y organizarse con las cobranzas de su pilchería para reunir dinero y viajar el lunes siguiente a comprar mercadería a Buenos Aires, apenas si le quedaba respiro.

A pesar de eso, cuando se despidió de su esposo Juan Carlos Debia le prometió que por la noche le haría una cena especial: acababan de cumplir 30 años de casados.

Ese sería el último intercambio de palabras entre la pareja.

A las cinco de la tarde, cuando Debia estaba en el sexto piso del edificio que estaban levantando, recibió el llamado de Luciana Rivero, amiga y compañera de gimnasio de Claudia, que le avisaba que algo malo le había pasado a su mujer.

“Le entraron a robar y la golpearon”, dijo la voz femenina y cuando Debia le pidió que le dijera cómo estaba Claudia, la respuesta lo terminó de alterar. “‘Mirá, no sé, está en el piso’, me dijo; así que de la desesperación calculo que habré bajado esos seis pisos en diez segundos”, rememoró el viudo en su declaración frente al tribunal de la Cámara Primera del Crimen.

Cuando llegó al negocio, la Policía no lo dejaba entrar. “Le decía al agente que ahí estaba mi esposa, pero me respondía que no podía alterarse el lugar. Me asomo por un costado y la veo tirada en el probador, ‘dejame entrar’, le insisto y ahí el policía me dice que mi mujer falleció. No puedo explicar cómo me cayó eso. Sentía que me explotaba la cabeza, llegaron mis hermanos y me llevaron al médico”, rememoró el testigo.

Apenas se sentó frente a los jueces el viudo y el acusado cruzaron una mirada gélida. “Ël estaba obsesionado con mi mujer, estoy convencido de eso”, dijo.

Contó que en un primer momento sospecharon de la madre biológica de su hija, una mujer humilde que solía hacerle algunos pedidos de ayuda económica, pero luego lo descartaron. “A los días me entero de que un vecino vio a Medina salir detrás del auto de mi mujer. Eso despertó la sospecha, después cuando buscamos la ficha de clientes, la de él había desaparecido”, detalló.

Esas circunstancias, y una llamada que Liliana Muñoz, la hermana de Claudia, le hizo a Medina para sacarle información “de mentira a verdad”, los convenció de que habían dado con el asesino.

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