Rostros y Rastros emprendimiento | Instagram | Día del Trabajador

Aquellos que sueñan, emprenden y trabajan

Ser tu propio jefe. Ofrecer una exquisita magia en cada experiencia. Ser una solución parcial a un problema global. Crear con amor. Las historias de cuatro emprendedores cordobeses que seguro reflejan la de muchos

En este día del trabajador, desde Rostros y Rastros convocamos a cuatro emprendedores diferentes, de actividades diversas y con sueños distintos. Sin embargo todos se unen bajo la guía de amar lo que hacen, haber soñado un proyecto y ver cómo se va desarrollando, disfrutar de los logros alcanzados y querer crecer siempre un poco más.

Estas historias, arbitrariamente seleccionadas, son un pedacito del espíritu trabajador que caracteriza a los emprendedores.

Yanina Bonomini

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Es médica veterinaria y la creadora de @natalinatienda_vm, un emprendimiento que se dedica a la confección de textiles para decorar y organizar tu hogar. Desde cuencos, manteles, repasadores, servilletas, individuales, toallas, delantales y muchos productos más, cuentan con la calidad de ser productos hecho a mano con mucho amor.

¿Cómo surge la idea de Natalina? ¿Qué te incentivo?

Yo siempre estuve ligada a las manualidades y a la costura por mi abuela y mi mamá. En casa siempre hubo telas y cintas para crear. Natalina surgió muy espontáneamente en una época de mi vida en donde tenía poco tiempo para dedicarle a mi profesión, soy médica veterinaria, debido a que mis hijos eran muy chicos. La costura es algo que yo practicaba a diario como hobbie, preparar cosas para los cumpleaños de mis hijos o para mi casa y lentamente se fue transformando en un emprendimiento. Mis amigos y conocidos les gustaban lo que hacía y me empezaron a encargar, cada vez más, hasta que, aparecieron clientes recomendados por gente conocida y ahí pude ver claramente que podía dedicarme a esto y crear mi emprendimiento.

¿Cuál es el mayor desafío de emprender?

En todos estos años el mayor desafío fue sobrevivir a la pandemia. En primer lugar, me fue muy difícil conseguir los insumos para poder producir. Las telas y accesorios debía encargarlos por internet, muchas veces desconociendo la calidad y sin contra las demoras en las entregas. Pero de a poco me fui a acomodando. Las ventas tuvieron altibajos, propio de la situación que todos vivíamos. Sin embargo, el hecho de estar encerrados también les permitió a muchas personas mirar su hogar y querer cambiar cosas y es ahí donde Natalina pudo seguir vigente. Este emprendimiento es a puro pulmón. Estoy sola al frente de todo el proceso de producción, por ende, a los desafíos los enfrento a diario.

¿Por qué ese rubro?

Soy una enamorada de mi profesión, pero el emprendimiento me agarro en un momento de mi vida en donde estoy mucho más abocada a la maternidad que a la profesión y la costura me permitió cumplir mi deseo de seguir acompañando a mis hijos en todo momento, pero también haciendo algo que me gratifique en lo personal. Tuve la suerte de poder elegir y resignar mi profesión por unos años y dedicarme más a mis hijos.

Ventajas de ser emprendedora

Son muchas las ventajas. Dispongo de mis tiempos, puedo trabajar desde mi casa y organizarme con el resto de los aspectos de mi vida. Si bien tengo un pequeño rincón en mi casa en donde expongo mis productos, mis ventas son mayormente online por ende tuve que agiornarme a las redes, lo que fue una tarea de constante aprendizaje. Es importante no quedarse, por eso busco adaptarme por más que me cueste. Pero a pesar de esas pequeñas cosas que no disfruto tanto hacer, pero que son necesarios, emprender es maravilloso. Cada paso que doy, me da mucha satisfacción. Me hace feliz.

¿Cuánto tiempo te demora crear una pieza?

Cada producto consta de dos momentos. El primero es el tiempo de la búsqueda de insumos. El segundo es el tiempo real de confección que está determinado según el producto. Por ejemplo, los repasadores, son de más fácil ejecución y en una mañana de trabajo puedo hacer 12. Hay otros, como los manteles que tienen una ejecución diferente y me lleva más tiempo. Soy muy detallista, tengo que quedar satisfecha con el resultado final. Mi atención esta puesta en el detalle, por eso muchas veces el tiempo está sujeto a esas cuestiones, para mí lo importante es que el resultado final del producto sea óptimo.

Juan Pablo Tavecchio

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Plasticar es un emprendimiento de triple impacto, formado por cuatro estudiantes de Arquitectura que para su tesis de grado comenzaron a indagar en el problema del plástico a nivel global investigando soluciones parciales desde el campo de la construcción y la arquitectura. Así lograron transformar basura, en este caso plásticos de un solo uso, en elementos de construcción.

Inicialmente lograron un subsidio del Gobierno de la Provincia de Córdoba y pudieron desarrollar su propio taller con máquinas también construidas por ellos mismos.

“Luego de poner en práctica diversos prototipos nos dimos cuenta que a partir de un elemento primario como es el listón hecho con plástico reciclado, podíamos producirlos y con ellos hacer mobiliario”, cuenta Juan Pablo Tavecchio, uno de los socios de Plasticar.

¿Cómo es el proceso?

Trabajamos en conjunto con la planta de tratamiento de plásticos municipal, mediante un convenio que nos facilita captar el plástico de la sociedad a través de una red de recuperadores urbanos. La planta nos abastece el material en estado triturado, que sería nuestra materia prima para comenzar con el proceso de transformación en listones. Luego mediante un proceso de extrusión, aplicamos temperatura al material y moldeamos la materia prima hasta lograr los listones plásticos. En, aproximadamente, 20 minutos se logra extruir un perfil de 2,80 metros, con el cual fabricamos y diseñamos nuestros muebles o aplicaciones en arquitectura. A partir de este producto básico que es el listón trabajamos en cuatro secciones, pérgolas, decks, revestimientos y diseño de muebles.

¿Qué impacto tiene lo que hacen?

Al tratarse de una problemática global es inabarcable con una sola solución. Creemos que es importante complementar muchas soluciones parciales y así ir abarcando diferentes partes del problema. En este sentido no solo reciclamos el plástico sino que realizamos diferentes actividades que tienen el mismo objetivo: contribuir a resolver el problema. Antes de la pandemia brindábamos charlas en escuelas divulgando la problemática ante los niños y muchas veces dejábamos nuestro punto verde para que los chicos se entusiasmen con la idea de separar los residuos.

¿Trabajan en red con otros profesionales?

Al tratarse de una problemática tan grande, eso es imprescindible. Desde estudiantes de comunicación, diseño hasta voluntarios que nos ayudó en diversas áreas del proyecto. De esta manera se va gestando un enfoque multidisciplinar con trabajo en redes. Además tenemos alianzas con instituciones que también juegan un rol protagónico porque ayudan a darle visibilidad al proyecto.

Y si hablamos de dificultades…

Lo más complicado fue instalarnos como emprendimiento de triple impacto, como vivimos en una sociedad de consumo, la gente no está familiarizada con la idea de reciclar. Hoy en día vimos un gran cambio de pensamiento.

¿Qué significa en lo personal este camino?

Encontrar esta faceta en el campo de la arquitectura particularmente, es algo muy enriquecedor a nivel personal. Ver materializados nuestros diseños y que estén fabricados con los desechos de la gente es algo que nos llena de orgullo y nos motiva a seguir adelante.

Antonela Varroni

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Es Arquitecta, ejerce su profesión hace varios años y decidió lanzarse al mundo del emprendimiento con @bonitaaurelia.vm, una boutique de aromas en donde ofrece difusores aromáticos de diseño, spray para ambientes y textil a través de las redes.

¿Cómo surge la idea de bonita Aurelia? ¿Qué te incentivo?

Desde que me recibí, soy arquitecta, siempre me rondó la idea de tener un emprendimiento propio, y siendo la arquitectura una profesión donde no se tiene un ingreso fijo, tener un negocio paralelo me seducía como un plus en mi economía doméstica. Cuando comenzó la pandemia, sentí que era el momento de arriesgarme, tenía un poco de dinero ahorrado y me pareció una buena opción invertirlo en algo que me generara ganancias. Así fue como me decidí a emprender.

¿Por qué ese nombre?

Nellida Rosa Aurelia era el nombre de mi abuela paterna, nunca la conocí, pues falleció cuando mi padre era aún un niño, pero la descubrí a través de los relatos de él. Con mi papá, tenemos el gusto por una película en particular, donde una de las protagonistas se llama Aurelia, y en el desenlace, una frase icónica de la película es cuando su enamorado la llama “bonita Aurelia”. Me gustó ese guiño, y me pareció un hermoso homenaje a ella.

¿Por qué ese rubro?

Siempre fui una apasionada de los aromas, desde muy pequeña me gustaba todo lo que tuviese “rico olor”. De mayor descubrí la magia que tienen los aromas, nos pueden transportar a diferentes lugares, o pueden traer recuerdos y jugar con nuestra memoria. Me encanta poder diseñar experiencias aromáticas para mis clientes.

Ventajas de ser emprendedora

Aunque a veces es difícil y demanda mucho tiempo, emprender tiene muchas ventajas. Tener un negocio propio, me permite manejar mis tiempos. Puedo desplegar mi creatividad, se siente como un hobbie. Todos los días pongo lo mejor de mí, pues tener un negocio propio te genera esa satisfacción, de que cuando cosechas los frutos, sabes que es consecuencia de tu esfuerzo y dedicación. Emprender me sacó de mi zona de confort, y cada día es un desafío que me entusiasma.

Una anécdota.

Hace poco participé de una feria de emprendedores, fue una experiencia nueva para mí. Fui sin demasiadas expectativas, dispuesta a aceptar lo que esa vivencia me brindara. Más allá de las ventas, lo más gratificante fue el contacto con los clientes, ya que, al no tener una tienda física, fue la primera vez que veía la reacción de la gente al oler los aromas, y recibí un feedback tan positivo que quedé exultante.

¿Crees que en algún punto tu profesión y tu emprendimiento se juntan?

No directamente, pero se tocan algunos puntos. Como arquitecta, diseño espacios pensando en las actividades que allí se van a desarrollar. Algo similar siento con mi emprendimiento, cuando elijo los aromas, pienso qué atmósferas cotidianas van a brindar a mis clientes. Trato de vender experiencias, más que productos

Valentin Lubarsky

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Es luthier, mientras estudiaba para ser ebanista en Córdoba, descubrió la carrera de Lutheria en Tucumán, el único lugar de nuestro país en que tiene categoría de carrera universitaria. Allá fue Valentín, y se enamoró, a pesar de tener que radicarse en una ciudad desconocida rodeado de desconocidos. Vivió seis años ahí, luego en La Plata por 14 años y hace uno y algunos meses que volvió a Río Cuarto donde está dando clases, restaurando, construyendo sus piezas por encargo y soñando con abrir una escuela privada de lutheria.

Su papá melómano y su mamá siempre rodeada de herramientas y actividades manuales parecen ser las semillas de lo que hoy es su actividad, a la que sin dudas Valentín le pone su propia impronta.

¿Cómo es trabajar la madera?

Encantador, es un material muy cálido, a mi parecer. Yo siempre digo que la viruta no ensucia, yo uso muy poca lija por lo que logro un trabajo muy limpio. Me encanta la calidez, los olores que genera, al entrar al taller el primer impacto que uno tiene es el olor a la madera. Además la madera te exige conocerla súper bien para poder trabarla de manera adecuada para que te responda tanto sonoramente como mecánicamente eso es muy importante. La botánica es una materia esencial si vas a ser luthier para poder comprender cómo es el material que vas a trabajar.

¿Cómo es el proceso creativo?

Es bastante variables, si uno se dedica a hacer una lutheria clásica en realidad el proceso creativo que uno tiene es tomar planos pre concebidos de constructores, es replicar de alguna manera. Ahora si generas tus propios instrumentos, que es algo que a mí me encanta en particular la guitarra, ahí sí hay un proceso de búsqueda; de lo sonoro, uno se enfoca en qué tipo de sonido uno busca y cómo lograrlo a través del diseño y su estructura interna. El instrumento tiene una carga emocional puesta, me sucede que desde hace un tiempo vengo trabajando por pedido entonces conozco al dueño antes que el instrumento exista.

¿Cuál es el tiempo de construcción?

Ronda entre el mes y medio y dos meses, dedicándose a pleno en ese instrumento. Yo tengo un taller, al mismo tiempo estoy dando clases y armando una escuela de lutheria acá en Río Cuarto en conjunto con otro luthier que se va a dedicar a la parte de eléctricos, por otro lado hago restauración y el tercer pie es la construcción, por lo que los tiempo son un poco más extensos; alrededor de cuatro meses.

Dificultades de ser un emprendedor…

La libertad de un taller sin un jefe te obliga a tener una constancia y una organización que lleva un tiempo lograr, eso hace que se te desorganicen los horario o entregues tarde; esa es una de las más comunes. El otro punto es que muchos materiales con los que trabajamos son importados, tienen un precio altísimo y no podemos cobrar eso en un instrumento, si no nos convertimos en creadores de instrumentos para un grupo selecto y no es lo que a mí me interesa, entonces es difícil encontrar un equilibrio en eso.

Por Julieta Varroni y Fernanda Bireni