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En el 2019 se vio un River estable y ganador
Racing en la Superliga y en el Trofeo de los Campeones, Tigre en la Copa de la Superliga y Boca en la Supercopa Argentina fueron otros de los campeones de un año que no dejó de ofrecer también subcampeones honrosos.
Salvo que la inapelable unidad de medición pase por la conquista de la Copa Libertadores y, llegado el caso, del Mundial de Clubes, salta a la vista que en el año pronto a terminar ha sido River el equipo argentino de mayor relevancia.
No necesariamente por sus modos, por una impronta que en sus jornadas de consumaciones mejor logradas fue capaz de reunir pasmosas dosis de intensidad y precisión.
(Otras formaciones, nobleza obliga, han tenido momentos coreográficos, en especial del Vélez de Gabriel Heinze, pero ninguna con la frecuencia de River pese a un puñado de tropezones en la Superliga).
También lo de River ha sido relevante por la cosecha propiamente dicha.
En primer término, en un plano internacional que terminó con la desdichada derrota a manos de Flamengo (tan cerca hasta dos minutos del final del partido jugado en Lima y definitivamente lejos después), pero que antes había establecido la luminosa marca de la eliminación a Boca en una de las llaves de semifinales.
Esta referencia, la de lo bien que le va con su primo de la Ribera, supone un elemento adicional y por tanto de los que trascienden el año calendario.
En ese contexto se vuelve pertinente reponer que hacia finales de 2018 el River de Marcelo Gallardo había cumplido un opaco paso por el Mundial de Clubes (si se quiere con un no sé qué penoso), pero que para llegar a esa instancia había tenido que dar la talla en la ya célebre final con Boca en Madrid.
Pero si de finales se trata hay una que River ganó y es la que por extensión lo coloca un peldaño por delante de los otros equipos argentinos que coronaron en la temporada: Boca, Racing y Tigre.
El 30 de mayo, en el estadio Monumental, aplastó por 3-0 a Athletico Paranaense de Brasil un día espléndida expresión colectiva y singular inspiración de Nacho Fernández y sumó a sus vitrinas la Recopa Sudamericana.
Esa noche, asimismo, Gallardo se convirtió en el director técnico de mayor número de coronaciones en la historia de River.
Otra noche, pero la del 13 de diciembre en el Malvinas Argentinas de Mendoza, ganó la Copa Argentina gracias a un contundente 3-0 propinado a Central Córdoba de Santiago del Estero.
River ha ganado tres de las cuatro versiones últimas de la Copa Argentina (la anterior había correspondido a Rosario Central frente a Gimnasia y Esgrima La Plata), con lo cual la era Gallardo atesora once títulos y el bonus track que se expresa en el hecho de que desde su llegada los de Núñez han celebrado por lo menos una vez en cada año.
También, en la perspectiva de tiempos de cosechas y siembras copiosas, fue River el principal abastecedor de jugadores de la naciente selección de Lionel Scaloni, con Franco Armani en el arco, Exequiel Palacios como revelación en el medio campo y los defensores Lucas Martínez Quarta y Gonzalo Montiel, entre otros.
Sellada la venturosa sinonimia River-Gallardo y viceversa, es justo y debido subrayar un ingrediente que sin dejar de contener el 2019 lo trasciende con holgura: el tal Muñeco se ha convertido en un agudo armador de rompecabezas, un líder que ha sabido beber de manantiales diversos y que conforme pasan los almanaques graba a fuego su propio estilo.
Los campeones
Racing en la Superliga y en el Trofeo de los Campeones, Tigre en la Copa de la Superliga y Boca en la Supercopa Argentina resultaron otros de los campeones de un año que no dejó de ofrecer también subcampeones honrosos.
El 2 de mayo, en Mendoza, Boca empató 0-0 con Rosario Central y al cabo se alzó con la Supercopa Argentina tras una victoria de 6-5 por penales.
Fue a la sazón la única vuelta olímpica del relativamente breve ciclo de Gustavo Alfaro y la estrella número 68 en la rica historia del club xeneize.
En el curso de la temporada Boca fue eliminado por Almagro en la Copa Argentina y por River de la Copa Libertadores, amén de perder 2-0 con Tigre en el partido único que definió el ganador de la Copa de la Superliga en el estadio Mario Alberto Kempes de Córdoba.
Lo del Tigre orientado por Néstor Gorosito tuvo ribetes de epopeya: ya descendido a la Primera Nacional, ganó su primer título oficial en la máxima división del fútbol argentino, clasificó a la Libertadores 2020 y obtuvo el derecho de dirimir con Racing por el Trofeo de los Campeones.
Al mando del Chacho Coudet, los albicelestes de Avellaneda fueron protagonistas centrales del primer tramo de la temporada, cuando gozaron de una cresta de la ola (por momentos en el juego mismo y muchas veces en los resultados) que representó la luz necesaria para conquistar la Superliga por delante de Defensa y Justicia, Boca, River, Atlético Tucumán y Vélez.
Por cierto, el de Florencio Varela fue a todas luces uno de los equipos de picos altos y de encomiable eficacia a despecho de una materia prima de lo más modesta.
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No necesariamente por sus modos, por una impronta que en sus jornadas de consumaciones mejor logradas fue capaz de reunir pasmosas dosis de intensidad y precisión.
(Otras formaciones, nobleza obliga, han tenido momentos coreográficos, en especial del Vélez de Gabriel Heinze, pero ninguna con la frecuencia de River pese a un puñado de tropezones en la Superliga).
También lo de River ha sido relevante por la cosecha propiamente dicha.
En primer término, en un plano internacional que terminó con la desdichada derrota a manos de Flamengo (tan cerca hasta dos minutos del final del partido jugado en Lima y definitivamente lejos después), pero que antes había establecido la luminosa marca de la eliminación a Boca en una de las llaves de semifinales.
Esta referencia, la de lo bien que le va con su primo de la Ribera, supone un elemento adicional y por tanto de los que trascienden el año calendario.
En ese contexto se vuelve pertinente reponer que hacia finales de 2018 el River de Marcelo Gallardo había cumplido un opaco paso por el Mundial de Clubes (si se quiere con un no sé qué penoso), pero que para llegar a esa instancia había tenido que dar la talla en la ya célebre final con Boca en Madrid.
Pero si de finales se trata hay una que River ganó y es la que por extensión lo coloca un peldaño por delante de los otros equipos argentinos que coronaron en la temporada: Boca, Racing y Tigre.
El 30 de mayo, en el estadio Monumental, aplastó por 3-0 a Athletico Paranaense de Brasil un día espléndida expresión colectiva y singular inspiración de Nacho Fernández y sumó a sus vitrinas la Recopa Sudamericana.
Esa noche, asimismo, Gallardo se convirtió en el director técnico de mayor número de coronaciones en la historia de River.
Otra noche, pero la del 13 de diciembre en el Malvinas Argentinas de Mendoza, ganó la Copa Argentina gracias a un contundente 3-0 propinado a Central Córdoba de Santiago del Estero.
River ha ganado tres de las cuatro versiones últimas de la Copa Argentina (la anterior había correspondido a Rosario Central frente a Gimnasia y Esgrima La Plata), con lo cual la era Gallardo atesora once títulos y el bonus track que se expresa en el hecho de que desde su llegada los de Núñez han celebrado por lo menos una vez en cada año.
También, en la perspectiva de tiempos de cosechas y siembras copiosas, fue River el principal abastecedor de jugadores de la naciente selección de Lionel Scaloni, con Franco Armani en el arco, Exequiel Palacios como revelación en el medio campo y los defensores Lucas Martínez Quarta y Gonzalo Montiel, entre otros.
Sellada la venturosa sinonimia River-Gallardo y viceversa, es justo y debido subrayar un ingrediente que sin dejar de contener el 2019 lo trasciende con holgura: el tal Muñeco se ha convertido en un agudo armador de rompecabezas, un líder que ha sabido beber de manantiales diversos y que conforme pasan los almanaques graba a fuego su propio estilo.
Los campeones
Racing en la Superliga y en el Trofeo de los Campeones, Tigre en la Copa de la Superliga y Boca en la Supercopa Argentina resultaron otros de los campeones de un año que no dejó de ofrecer también subcampeones honrosos.
El 2 de mayo, en Mendoza, Boca empató 0-0 con Rosario Central y al cabo se alzó con la Supercopa Argentina tras una victoria de 6-5 por penales.
Fue a la sazón la única vuelta olímpica del relativamente breve ciclo de Gustavo Alfaro y la estrella número 68 en la rica historia del club xeneize.
En el curso de la temporada Boca fue eliminado por Almagro en la Copa Argentina y por River de la Copa Libertadores, amén de perder 2-0 con Tigre en el partido único que definió el ganador de la Copa de la Superliga en el estadio Mario Alberto Kempes de Córdoba.
Lo del Tigre orientado por Néstor Gorosito tuvo ribetes de epopeya: ya descendido a la Primera Nacional, ganó su primer título oficial en la máxima división del fútbol argentino, clasificó a la Libertadores 2020 y obtuvo el derecho de dirimir con Racing por el Trofeo de los Campeones.
Al mando del Chacho Coudet, los albicelestes de Avellaneda fueron protagonistas centrales del primer tramo de la temporada, cuando gozaron de una cresta de la ola (por momentos en el juego mismo y muchas veces en los resultados) que representó la luz necesaria para conquistar la Superliga por delante de Defensa y Justicia, Boca, River, Atlético Tucumán y Vélez.
Por cierto, el de Florencio Varela fue a todas luces uno de los equipos de picos altos y de encomiable eficacia a despecho de una materia prima de lo más modesta.
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