Para los amantes de la historia, aquellas que recrearon aspectos vinculados con la Segunda Guerra Mundial, sus protagonistas y hasta sus vestimentas y utensilios, este lugar es el ideal.
Uno de los espacios más importantes del museo lo ocupa una imponente maqueta del Graf Spee.
Esta joya realizada en escala con minuciosa precisión es obra de Ferrari Nicolay y fue cedida en donación por Herminia Scrosati.
En dicho espacio se muestran tesoros increíbles de la contienda en la que el buque de guerra más emblemático de Alemania dejó testimonios de manos de sus tripulantes en ese lugar.
Allí los elementos recuerdan, por ejemplo, algo de la vajilla, incluso hay un uniforme de marinero original con el cuello, la gorra, rabiza, pantalón y los zapatos que utilizaban los tripulantes. Además un par de pitos marineros, medallas y hasta un trozo de esquirla provocado en el estallido del buque, todos forman parte de la muestra, a la que se puede acceder abonando solamente 50 pesos. Todos estos elementos fueron dejados por algunos de los marinos que por años vivieron en ese lugar.
La batalla del Río de la Plata
Por el año 1939 en el Río de la Plata, más precisamente en las costas de Uruguay, se libró una encarnizada batalla entre el acorazado alemán Graf Spee y tres buques ingleses de la “Royal Navy”.
Los británicos querían capturar la nave germana porque era el emblema de la armada. Dotado de novedosos esquemas tácticos y sofisticado equipamiento para la guerra, el Graf Spee era una presa codiciada.
Tras un encarnizado combate, el buque, totalmente averiado, fue conducido al puerto de Montevideo, país neutral del conflicto bélico.
Al vencer el plazo de 72 horas concedido, la nave levó anclas y fue hundida por la propia tripulación en aguas rioplatenses. Los hombres del Graf Spee fueron transferidos a la ciudad de Buenos Aires y allí el capitán Hans Langsdorff se suicidó.
Tras este episodio, los marinos alemanes fueron internados en distintos puntos del país y 120 llegaron a la villa calamuchitana. Posteriormente fueron repatriados a Alemania como prisioneros de guerra mediante un decreto presidencial del 2 de septiembre de 1945. Cuatro años más tarde, alrededor de 35 de esos marinos regresaron a Villa General Belgrano y a partir de ese momento comenzaron a realizar una labor comunitaria para beneficio del pueblo.
La museóloga local Norma Hernández dijo a Puntal que estos marinos “eran verdaderamente profesionales y conocían técnicas de avanzada que fueron aplicando para beneficio del lugar que los acogió”.
“Ellos estaban muy preparados, por eso fue tan importante su presencia en nuestro pueblo”, resaltó.
La especialista agregó que hoy desde las 20, con entrada libre y gratuita, se realizará “La Noche de los Museos”, que tendrá entre los disertantes a importantes figuras históricas como el general Enrique Dick.
Respecto de aquellos marinos, relató que fueron muchos los que decidieron radicarse en Argentina en forma definitiva. Villa General Belgrano, fundada por inmigrantes de origen alemán, fue una de las localidades que más progresaron y con una impronta de estilo germano que aún se conserva.
Los tripulantes internados en la actual Villa General Belgrano tenían entre 18 y 25 años. De esos sobrevivientes, el último en fallecer fue Fritz Sander, a los 93 años, en abril de 2013.
Un paseo por la historia
El Museo de Villa General Belgrano guarda distintos testimonios de la historia del pueblo que fuera fundado por dos alemanes. La localidad está situada a sólo 80 kilómetros al sur de la capital de la provincia.
En sus comienzos se llamó Paraje del Sauce y era habitado por criollos. Pero en los años ’30 llegaron al lugar Paul Heintze y Jorge Kappuhn, quienes compraron tierras para fundar un asentamiento que pronto acogió a inmigrantes de origen alemán, suizo y austríaco.
Otro detalle da cuenta lo que se publicitaba por entonces: “Sólo se necesita saber alemán” para vivir en la zona loteada, afirmaban medios de prensa de ese origen.