Tranquera Abierta | entrevista

García Cozzi, de Cargill: "Con menos presión fiscal y más producción, el negocio va a fluir mejor"

El presidente en Argentina de la multinacional dio su mirada sobre la discusión tributaria, el momento del sector y del país

Fernando García Cozzi, presidente de Cargill Argentina, en la Connectagro de Bayer.

 

Fernando García Cozzi es economista y presidente de Cargill en Argentina y Managing Director del Negocio Agrícola en Sudamérica. Tiene más de 30 años de trayectoria en la empresa. Comenzó en 1990 en el área comercial de aceites, con asignaciones internacionales (Ginebra, Miami). Actualmente lidera la empresa centrando en cadenas de valor, sostenibilidad y producción agroindustrial competitiva.

En el marco del encuentro Connectagro, organizado por Bayer, dialogó con Tranquera Abierta sobre el momento del sector, las tareas pendientes, la intervención en Vicentin, el contexto del país y qué perspectiva le ve al acuerdo comercial con los Estados Unidos.

Medido y reflexivo, pone el foco en los aspectos tributarios, de logística y admite tener un “moderado optimismo”.

¿Cómo se ve el sector agropecuario argentino hoy, desde el exportador hacia adentro?

Diría que a Argentina siempre la hemos visto como un origen muy eficiente pero muy complicada por la presión impositiva, pero que a pesar de eso siempre estuvo en condiciones de producir una cosecha superior a 100 millones de toneladas, que para nosotros nos parece que poco o que no es tanto, pero es una barbaridad, es una barbaridad en relación con lo que nosotros consumimos, y por eso somos un gran factor en la exportación en el mundo. Eso es lo que valoramos y por eso Cargill está en el país desde 1947.

Casi 80 años...

Sí, tiene una presencia muy larga. Pensemos que Argentina fue el segundo país en el mundo en el Cargill estuvo presente. Hoy está en 70 países, y eso estuvo predicado en una mirada sobre el agro argentino y la potencialidad de producción; o sea, no hay dudas que siempre hubo un pensamiento del potencial que tiene Argentina. En el medio, de 1947 para acá, pasamos de todo, cualquiera de nosotros sabe bien todas las cosas que hemos pasado, pero la empresa siempre estuvo.

¿Qué se necesita para concretar el potencial?

Siempre lo que preferimos es baja presión impositiva, libertad de competencia y reglas de juego estables, eso es como el manual del empresario, y creo que si esas son las reglas de juego, Argentina tiene una potencialidad de generar mucha más producción que la que tiene ahora. Y eso además dispararía inversiones y crecimiento en muchos otros sectores aledaños al agro. Pensemos en el transporte, si producímos 60 millones de toneladas más se van a necesitar más camiones, que los trenes funcionen de otra manera, por ejemplo. Nosotros tenemos la base, los recursos, la gente, un montón de cosas que nos vienen dadas, pero lo que tenemos que hacer es sostener la ejecución de las políticas.

Algo difícil en la Argentina que es bastante pendular...

Sí, por ahí más que en otros lados. Pero en todos lados se cuecen habas, como decía mi abuelo. Pero quizá sí somos un poco más volátiles. Hubo muchas circunstancias de políticas que fueron más ligadas a decisiones particulares que no las critico porque siempre digo que el empresario mira su propio sector, el que gobierna tiene que mirar el todo. Entonces yo por eso siempre trato de ser muy respetuoso, pero también debo decir que si lo miro estrictamente desde nuestro sector, hubo muchas políticas erráticas que no fueron buenas. Y si uno mira a Brasil, que es mucho más grande que nosotros y va a tener más producción que nosotros, y se observa el tren de crecimiento de las cosechas de los últimos 15 años, no hay con qué darle, hemos perdido una batalla.

Un capítulo siempre importante es el impositivo que hoy está sobre la mesa, ¿eso de alguna manera alienta, genera alguna expectativa positiva?

Sí, sí, pero me parece que todos los cambios que se hagan en cualquier aspecto de la administración pública, para mí lo importante es que sean sostenibles. Si van a bajar los impuestos pero por otro lado no se ataca el tema del déficit, no sé si es muy sostenible eso. Eso le cabe no sólo al Estado sino a cualquier empresa; alguien da un aumento de sueldos indiscriminado pero después la rentabilidad no da, y así no funciona. Entonces me parece que la idea de lo que se está haciendo es sostenible, en el sentido de que si primero se ajusta el gasto y después se baja los impuestos, me parece que es el orden lógico. Hay quienes pedían hacerlo al reves y bajar impuestos para crecer y así cobrar más impuestos. Eso es una probabilidad, y nosotros también tenemos un montón de conflictos y problemas que tienen que ver con nuestra historia. Tenemos que comprar credibilidad y para eso me parece que está bien lo que se está haciendo.

Poniendo en foco en retenciones, si se eliminan, ¿qué pasa con Argentina?

Y hay mucha discusión con respecto a eso, de cuánto es que mejora. Yo no soy especialista en eso, y escucho las diferentes versiones, porque hay diferentes versiones. Sin dudas se estira la frontera en algunos casos, también podemos tener un avance sobre la ganadería. Debo decir que también hay gente que piensa que si bajan las retenciones subirán los alquileres y entonces termine siendo una mayor renta para el propietario de la tierra. Pero no puedo defender ninguna de esas teorías, tal vez termine siendo una combinación de todas. Creo que es muy complejo como para saber de antemano lo que puede ocurrir.

Pero sí hay coincidencias en que habrá más recursos en manos de los privados...

Claro. Además, si crece la producción eventualmente vamos a necesitar más camiones, si eso ocurre va a haber generación de empleo en diferentes industrias, y los trenes transportarán más. Entonces, es una discusión como muy antigua con respecto a lo que genera que los recursos los maneje el Estado o los maneje el sector privado. El sector privado, eventualmente, los va a dedicar a inversiones que multipliquen esos recursos. El Estado los puede aplicar a cuestiones sociales que también son muy valiosas y necesarias también. El tema es cuál es el balance.

¿Cómo se observa desde Cargill el acuerdo comercial con los Estados Unidos? ¿Qué expectativas tienen?

Nuestro trade con Estados Unidos es muy limitado en el sector. Hablo estrictamente de nuestro sector. En muchos casos atacamos los mismos mercados. Somos muy eficientes y entonces tenemos las armas como para pelearla. Pero por ejemplo, hay una discusión sobre el biodiesel, como que Estados Unidos podría tomar biodiesel argentino. Es una discusión muy compleja esa, que requeriría de una larga charla. No me quiero meter en eso, pero creo que el acuerdo pasaría más por lo que puede significar para la economía en general que para nuestro sector en particular. Quizás estoy simplificándolo demasiado, pero nosotros no es que vamos a ir a Estados Unidos a vender algo porque, digamos, son productores de la misma cosa que producimos nosotros. Lo que sí pueden tenerun déficit de aceite o un déficit de biodiesel relativo en diferentes momentos. Pasó en algún momento ya, pero no me parece que eso sea algo estructural. Va a ser de alguna manera excepcional en algún momento.

¿Planes de Cargill para la Argentina?

Estamos viendo algunas cuestiones logísticas. Estamos participando en diálogos por el tema del ferrocarril; no para ser operadores, pero sí nos interesa ser usuarios, dar carga. Entonces, ahí tenemos algunos diálogos en ese sentido. Y vamos a moler algo en la planta de Vicentín. Grassi participó en el “cram down”, entonces ahí vamos a tener un volumen incremental. Tenemos una idea bastante cauta, pero al mismo tiempo optimista sobre que con menor presión fiscal, mayor producción y mayor beneficio para el productor, entonces el negocio va a fluir de otra manera. Porque no es solo una cuestión de volumen, sino que es una cuestión directamente de venta. Hubo muchas veces que en el pasado, por una condición adversa del mercado, directamente la producción no se vendía. Siempre digo que si uno va a los bancos en Buenos Aires y no encuentra cajas de seguridad disponibles, pero después la gente se pregunta por qué el productor no vende la soja, y bueno... Hay que tener un poco de empatía, ponerse en el lugar del otro y fíjarse. En definitiva, eso a veces complejiza el negocio, porque uno puede tener la producción que quiera, pero si no fluye y no se vende, es como si no existiera.