Tranquera Abierta | Ernesto Viglizzo

"No hay relación cierta entre patologías graves y agroquímicos"

Ernesto Viglizzo, miembro de la Academia de Agronomía y Veterinaria, aseguró que hay un relato dominante contra las pulverizaciones

Viglizzo insistió en que “no hay riesgo si se respetan las indicaciones que cada producto tiene a la hora de ser aplicado”.

 

Ernesto Viglizzo es ingeniero agrónomo, investigador del Conicet y Miembro Correspondiente de la Academia Nacional de Agronomía y Veterinaria e irrumpió en los últimos días al escribir una columna de opinión en un diario de tirada nacional en donde se enfocó en abundante polémica sobre la aplicación de agroquímicos en los campos y las consecuencias en las localidades rurales.

Para Viglizzo “hay un relato, una narrativa generalizada sobre el impacto negativo que tiene el uso de plaguicidas en los campos, que no se condice con los datos precisos que existen en la ciencia y en los ámbitos públicos de la salud, por ejemplo en lo referido a la vinculación con enfermedades graves como las intoxicaciones o el cáncer”, precisó el especialista.

Para ello cuenta que realizó un trabajo de investigación para “desenmascarar con datos certeros ese relato”.

“Se había generalizado una narrativa o relato respecto a la peligrosidad del uso de plaguicidas en zonas cercanas a pueblos y ciudades por parte de productores”, indicó Viglizzo sobre los motivos que lo llevaron a meterse en “el barro” de ese debate.

“Esto fue acompañado por una gran cantidad de organizaciones más vinculadas al área de la medicina que empiezan a ejecutar una campaña intensa y agresiva respecto a la peligrosidad del uso de plaguicidas en esas áreas. Y le asignan una relación lineal, directa, con algunas enfermedades; algunas muy peligrosas como pueden ser cáncer, Parkinson, entre otras”, agregó Viglizzo.

Eso lo llevó, según explicó, a “investigar para ver qué relación real aparecía entre la aplicación de estos plaguicidas y los casos de enfermedad. Tomé para eso las intoxicaciones y el cáncer en sus distintas variantes y me encontré con algunas sorpresas porque esas relaciones que se decían directas, de acuerdo a los cálculos que utilicé combinando bases de datos de la FAO con el Censo Nacional Agropecuario, el Instituto Nacional del Cáncer, no eran tales, observé que la relación era cero. No había ninguna relación entre la cantidad de principios activos de plaguicidas aplicados en distintas provincias argentinas con los casos de cáncer detectados”, aseguró.

Comparación entre distintas provincias

Y agregó: “Y provincias que no tienen ningún tipo de agricultura extensiva, que no usan agroquímicos, tenían índices de mortandad por cáncer bastante más altos que distritos que sí tienen uso intensivo de plaguicidas, como Córdoba, Santa Fe o Buenos Aires. Por lo tanto esa relación, desde mi punto de vista, es inexistente. Es parte de una narrativa que se generalizó y que tiene un impacto negativo sobre la opinión pública. Y otro estudio que fue hecho por otras organizaciones vinculadas a las intoxicaciones, en donde colaboraron 44 institutos de Salud de Buenos Aires, que muestran que de todos los factores que pueden provocar intoxicaciones, los que ellos registraron como ingreso a esos centros de salud, el que tiene menor incidencia es justamente la que corresponde a plaguicidas. Entonces lógicamente advertí que algo pasaba que los estudios no coincidían con los relatos o narrativas que aparecen en muchos lugares generalizadamente”.

¿El riesgo se desprende del uso del agroquímico?, porque hay un riesgo...

Por supuesto. Esto es como en la medicina. Un medicamento mal administrado se puede convertir en un medicamento tóxico. Lo mismo que si trabajamos con solventes u otro tipo de sustancias potencialmente tóxicas. Si las manejamos mal el riesgo es alto. Los plaguicidas son tóxicos, son veneno, por lo tanto hay que tener un cuidado especial en el manejo. Y el grupo social más expuesto es el que opera con los plaguicidas porque están en contacto permanente con ellos. Pero si las aplicaciones se realizan en las buenas prácticas ya especificadas, no hay riesgo para las poblaciones. Y por otro lado hay una banda de seguridad que debe respetarse.

¿De todos modos, hay en Argentina una tendencia a una agricultura con menos agroquímicos?

Sin lugar a dudas. Argentina tuvo una tendencia desde 2000 en adelante debido a la resistencia que generaron algunas herbicidas en los cultivos a usar en compensación a modo de prueba y error. Se utilizaron cada vez mayor cantidad de plaguicidas, lo que representa claramente un mayor riesgo. Pero se fueron ajustando las técnicas y desde 2010 a la fecha la cantidad bruta de plaguicidas decayó aproximadamente en un 30%. Y hay una cantidad que están prohibidos, no se pueden usar; se van reemplazando a los más tóxicos, los de banda roja. En el otro extremo tenemos los de banda azul y banda verde que son con menor toxicidad. Y en Argentina se están utilizando cada vez más este tipo de plaguicidas.

Vinculado a esta temática hay en muchas localidades de la región central del país, la región con más presencia de cultivos extensivos, sobre la distancia de pueblos y ciudades a la que deberían aplicarse agroquímicos, que es un debate abierto y con mucha normativa diferente...

Ahora lo que hay es una tendencia muy fuerte de ciertos grupos que cuestionan muy fuerte la aplicación de plaguicidas, a alejarse cada vez más de los centros urbanos, a fijarse una zona de seguridad que se establezca en los mil metros o 2 mil metros. El riesgo de eso es que una gran cantidad de tierras productivas van a quedar ociosas sin sentido. Acá hay que aplicar conceptos técnicos y las buenas prácticas son claras en ese sentido. Todo tiene que ver con la deriva del plaguicida que se aplica. Si utilizamos un plaguicida un día de mucho viento es probable que tengamos una gran deriva y gotas que se apliquen terminen en lugares indeseados. Pero cualquier productor profesional sabe que no debe pulverizarse en un día de viento porque además pierde el producto que aplica, además del riesgo para las poblaciones. Es decir, hasta económicamente es inconveniente; no es que le convenga hacer eso. Y por otro lado, esto está muy asociado al tamaño de gota que se aplica. Una gota pequeña de unos 20 micrones es la que más deriva y puede llegar, en un día calmo de unos 10 kilómetros de viento, a unos 120 o 130 metros del lugar de aplicación, no más de eso. Y va marcando un límite. Creo que debería hablarse de 200 o 300 metros y no más de eso. Por encima de esa distancia que señalamos el riesgo es nulo si se hacen bien las cosas.

Es una distancia siempre en conflicto por el crecimiento de los pueblos y ciudades...

Claro, cuando un centro urbano va creciendo, las tierras aledañas comienzan a aumentar su valor y esos terrenos empiezan a fragmentarse para loteos, lo que es mejor negocio que producir. Y la frontera se va expandiendo naturalmente. El problema es cuando ese corrimiento no se da naturalmente y hay que definir el límite de distancia a respetar para las pulverizaciones.

¿Legalmente está claro?

Lo que creo es que en el país tenemos que bajar los niveles de pulverización y ahí lo que necesitamos es mayor conocimiento tecnológico. El país aplica niveles un poco altos de plaguicidas y creo que se puede bajar si hacen los ensayos y experimentos necesarios para ir reemplazando familias de agroquímicos e ir optimizando las dosis que se aplican.

¿Qué pasa en medio de ese debate con los cordones hortícolas y frutícolas?

En esos casos, se ubican en lo que se denomina el periurbano, dentro del área urbana. Y generalmente no se presta atención a estos lugares porque se considera que no son peligrosos. Pero cuando se observa a un productor de soja y a uno de hortalizas, de lechuga y tomate, encontramos que la cantidad de plaguicidas que utiliza el segundo es muy superior por hectárea. Hice unos cálculos en función de los datos estadísticos disponibles y un cordón hortícola puede aplicar hasta 15 veces más que un productor sojero y unas 30 veces más que un triguero o maicero. Por lo tanto un cultivo hortícola es mucho más riesgoso desde el punto de vista del plaguicida que una producción extensiva.