Docente de alma, educador incansable. Formaste con la palabra y con el ejemplo a varias generaciones, con integridad, humildad y sabiduría. Una persona muy querida en cada ámbito en el que te tocó (o elegiste) actuar.
Hasta el último suspiro te preocupó la educación, como cuando, con secretaria improvisada, diste tu último dictado, hace apenas unas horas.
Una vez hablamos de lo que significa la vida eterna, y me dijiste que vivimos en los recuerdos de las personas que tuvimos la suerte de conocer. No hay dudas que la tuya va a ser muy larga.
Un abrazo desde el corazón y hasta siempre.