En las escuelas rurales crece la calidad educativa a la sombra de la disminución de alumnos
Tuvieron su época de esplendor desde mediados del siglo pasado y fueron punto de encuentros sociales por excelencia. El correr de los años, la tecnificación y la mutación en las actividades de explotación agrícola y ganadera llevaron a que cada vez sea menos necesario disponer de personal radicado en los establecimientos agropecuarios y gran parte de la población rural decidió sus destinos en los centros urbanos.
En el medio, las escuelas rurales supieron adaptarse a los vaivenes que torcían hacia abajo los índices de sus matrículas y, si bien en la actualidad, la gran mayoría muestra un marcado descenso en la cantidad de alumnos, también hay que decir que una proporción menor abrió hace poco nuevamente sus puertas e incluso hay proyectos para construir nuevos edificios educativos.
Según la información proporcionada desde la Cuarta Región Escolar, que nuclea a los establecimientos educativos de los departamentos Río Cuarto, Juárez Celman, General Roca y Roque Sáenz Peña, entre 2006 y 2022 fueron 30 las escuelas rurales que debieron suspender provisoriamente sus servicios por falta de alumnos. En la actualidad, son 135 los establecimientos educativos rurales que permanecen abiertos y todos muestran una constante: vieron disminuida su matrícula histórica.
“Con la siembra, ya no se necesita tanta gente residiendo en los campos como en tiempos en que el fuerte eran los tambos o la ganadería. Hubo escuelas que llegaron a tener 50 alumnos y hoy tienen entre 10 y 14”, señala a Puntal el profesor Horacio Madini, quien es subinspector general de la Cuarta Región Escolar.
Madini explica que cuando se resuelve la suspensión provisoria de una escuela rural se procede a reubicar al cuerpo docente que hasta el momento prestaba servicios en el lugar y que en algunos casos se cede en comodato el uso del edificio a instituciones públicas hasta tanto exista matrícula que posibilite la reactivación de las actividades educativas.
Por ejemplo, este año, volvió a reabrirse una escuela en Los Jagüeles, donde tres alumnos le devolvieron la impronta educativa al establecimiento.
Algo parecido sucedió hace 3 años en la zona de El Cano, donde fue reabierta una escuela rural para otros tres alumnos luego de un cese de actividades de varios años. “La gente que reside en la zona rural quiere mucho a la escuela porque se convierte en centro de actividades sociales familiares. Allí se juntan, comparten el día, juegan a las bochas, en definitiva, es un centro social”, sostiene Madini.
Al mismo tiempo, comentó respecto de la construcción de nuevos edificios rurales educativos tanto en la estancia Santa Rosa, cerca de Laboulaye, que se encuentra a poco de ser inaugurado, como así también la flamante escuela inaugurada cerca de la comuna de Leguizamón.
“Tenemos la promesa de inaugurar otra en colonia Santa Clara, cerca de Alejandro Roca, para tres o cuatro chicos que puedan concurrir”, agrega.
Más educación
En contrapartida a la disminución de alumnos, se proyecta la calidad educativa de las escuelas rurales. Desde el año pasado, se comenzó a implementar en unas 25 escuelas rurales de la zona 4120 -emplazadas en un área comprendida entre Río Cuarto y Alpa Corral- el proyecto “Entre Lenguas”, que promueve en los alumnos el aprendizaje del idioma inglés.
Además, se ultiman los detalles para sumar una quinta hora de enseñanza en esos establecimientos educativos.
“En las evaluaciones Aprender, que promueve el gobierno nacional, las escuelas rurales han tenido mayor nivel de excelencia que las escuelas urbanas. Tenemos escuelas rurales que han obtenido un 100% de respuestas correctas en matemáticas y en lengua, por ejemplo. Lo que muestra que, pese a la pandemia y todo lo que ya conocemos, se notó el compromiso de los directivos y docentes”, resalta Madini.
Y agrega: “Desde hace varios años que la ruralidad muestra mayor porcentaje de rendimiento de excelencia respecto de lo urbano. En pandemia, los directores y maestros se preocuparon en ir a los campos de sus alumnos a llevar las actividades y a corregirlas. El papel que cumplió el docente rural fue muy importante porque no perdió nunca la vinculación con sus estudiantes, porque aparte tiene poquitos y puede hacer un seguimiento pormenorizado de cada uno”.
Distintas realidades
Se advierte una disparidad al momento de analizar el mapa donde las escuelas debieron suspender sus actividades por falta de alumnos.
Por ejemplo, desde la Inspectoría de Zona 4210 que comprende a una vasta región rural en proximidades de General Cabrera, dieron a conocer que ninguna de las 10 escuelas rurales que allí se encuentran emplazadas tuvo que suspender actividades. Todas permanecen abiertas e incluso recientemente se celebraron los 75 años de la escuela “Arturo Capdevilla”, de Puente Los Molles, y en pocas semanas se festejará la misma cantidad de años en la escuela de El Espinillal.
En tanto, en la Zona 4220 con asiento en La Carlota, se contabilizan ya 7 escuelas rurales que debieron suspender su funcionamiento por falta de matrícula, mientras que otras 6 siguen prestando servicios y recibiendo a alumnos, dos de estas reabiertas recientemente producto de inscripciones en la matrícula.
En el departamento General Roca, en el año 2013 debió suspender sus actividades la escuela rural “Ricardo Gutiérrez” que funcionaba en la Colonia “La Dorotea”, unos 25 kilómetros al suroeste de Huinca Renancó.
También el centro educativo que se ubicaba en la zona de Watt atravesó por la misma situación y ahora funciona en el lugar el puesto de la Policía Caminera.
Algo parecido sucede en la zona 3130 que alcanza a la zona rural de localidades como Tancacha, General Fotheringham, Hernando, Dalmacio Vélez y Las Perdices, en donde de 20 establecimientos rurales que funcionaban en los años 90 hoy persisten 7 que siguen recibiendo alumnos.
La angustia de ya no ser
Así como causa orgullo saber que existen establecimientos rurales que permanecen con sus puertas abiertas para recibir alumnos, existe una contracara de aquellos que pasaron por las aulas de un edificio educativo al que hoy observan en desuso y bajo total deterioro. Si bien existe la posibilidad de que el inmueble que ya no presta servicios educativos sea cedido en comodato a instituciones públicas como la Patrulla Rural, no todos los establecimientos corren con esa misma suerte y quedan a merced del abandono y muchas veces son objeto de ataques vandálicos que provocan más de un trago amargo.