En las escuelas, también preocupa la seguidilla de ataques vandálicos
El vandalismo tiene a maltraer a las instituciones públicas. A los ataques que primero pusieron en vilo a las perforaciones de extracción de agua de Emos y que luego hicieron foco en las instalaciones eléctricas del Dispensario Nº 15 de barrio Jardín Norte, se suman ahora destrozos en distintos establecimientos escolares.
En las últimas semanas, y con el receso invernal de por medio, se reportaron varios hechos delictivos que no tuvieron por fin más que el daño a instituciones educativas, ya que al concurrir ante determinados siniestros no se corroboraron faltantes, en la mayoría de los casos. Alberto Garavaglia, responsable de Infraestructura en el Centro Cívico de Río Cuarto, explicó a Puntal que tales ataques constituyen una preocupación generalizada en el ámbito educativo, al tiempo que aclaró que es una situación que se genera puertas afuera de la escuela como institución al considerar que ninguno de los actores que la conforman atentaría de esta manera contra la institución.
Una situación ajena
“A nosotros nos preocupa el vandalismo y acá quiero dejar claro que no es un problema con los 27 mil alumnos que tenemos en las escuelas, ni con los 300 profesores, ni con los directivos de las escuelas. Es un tema con algunas personas, que son las mismas que arrojan cosas al río o que tiran basura en las calles. Esas mismas personas son quienes rompen cosas y luego te sacan de la rutina de trabajo, porque llegás a la escuela y te encontrás con que tenés los vidrios rotos, o te suena la alarma en medio de las vacaciones. Y todo eso nos saca de una dinámica de trabajo, tanto a la Dirección de la escuela como a nosotros”, señaló Garavaglia. Y agregó: “Son hechos de daño, como los que se registraron en el dispensario o en los pozos de Emos, pero ni siquiera para robar, en la mayoría de los casos. Destruyen o rompen y te inhabilitan los establecimientos. Por ejemplo, te sacan una tapa de una cisterna en aquellas escuelas que se encuentran a nivel peatonal e interrumpen el servicio de agua para toda la institución. Y ahí no hay fines de robo. O cuando sacan un fusible del tablero general o un cable, no es un robo significativo, pero te dejan una escuela sin luz”.
Entre algunos de los hechos más recientes, se pueden mencionar daños en el artefacto de medición del suministro de gas en el jardín Poeta Lugones, como así también en el sistema de bombeo para los baños posteriores del Colegio Nacional. En tanto, también se registraron roturas en los vidrios de ventanas en la escuela Roca.
“Tal situación nos trasciende a todos los actores que normalmente interactuamos en esto de mantener nuestras escuelas para que todos los días abran. Porque en eso yo noto compromiso para que ocurra, tanto por parte de los estudiantes, de los padres de los alumnos, de los docentes, de los directivos y con el gremio. Podemos tener a veces distintos puntos de vista, pero los resolvemos”, consideró Garavaglia. Y añadió: “Pero con esta situación, que procede de desconocidos, es otro tema. Y ese tipo de vandalismo es muy difícil de prevenir, porque no podemos tener un efectivo de seguridad en cada puerta. Acá hay una cuestión cultural sobre la que tendremos que avanzar para que se tome conciencia”.