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Esposado, el exjefe de Investigaciones defendió su labor: “Esto fue pasional”

Gustavo Oyarzábal dijo que su detención no tiene por qué empañar la pesquisa que derivó en la detención de Sergio Medina. Descartó el robo y afirmó que la escena del crimen indicaba que el homicida era un conocido

“Las esposas que llevo no son indicativas de mi labor profesional como policía. Me duele que por una situación de la que soy inocente se ponga en tela de juicio todo mi trabajo”.

La frase catártica fue pronunciada por el exje de Investigaciones Gustavo Oyarzábal ayer al mediodía, cuando concluía su testimonio de más de una hora en el juicio por el crimen de Claudia Muñoz.

Detenido en la causa hace 1 año y 6 días, Oyarzábal fue citado como testigo en la segunda jornada del juicio por jurado para que narrara qué lo hizo sospechar de Sergio Medina.

Dijo que la tarde del 9 de mayo de 2017, apenas se topó con la escena del crimen en la pilchería Mil  Sol, descartó la hipótesis del robo. “En primer lugar, nadie aplica semejante cantidad de puñaladas para robar; segundo, no había desorden en el negocio, en la cartera de la víctima había un celular, y en otro sitio había dinero, una suma que no era grande pero que nadie había tocado”, describió.

“Esto fue algo pasional y cometido por una persona conocida”, dijo que fue su primera conclusión, hipótesis que a su criterio se vio corroborada cuando las sospechas recayeron en Medina, un antiguo cliente de Claudia Muñoz.

Explicó que la mujer de 51 años tenía a mano el llavero con el pulsador de la alarma y no lo activó, lo que abona la teoría de que quien la mató no era un extraño.

Antes de llegar a la pista del albañil de Las Albahacas hubo una larga lista de sospechosos. “No dejamos a nadie sin investigar”, aseguró Oyarzábal.

A las pocas horas del crimen, todos los integrantes de la familia de la víctima tenían intervenidos sus teléfonos y la Policía ya había allanado el domicilio particular de Muñoz. Además, habían indagado al patrón de Juan Carlos Debia y a los albañiles que trabajan con él.  Así pudieron probar que a la hora en que asesinaban a Claudia, su esposo trabajaba en un edificio en construcción y gozaba de un concepto intachable en su empleo.

El siguiente en la lista fue el cuñado de Claudia. Sus reiteradas apariciones en los medios les hacían ruido a los investigadores. “No es común que un cuñado se ponga a hacer declaraciones como lo hacía ese señor”, dijo. Pronto quedó descartado porque en la hora clave, el cuñado estaba entrenando a un grupo de jóvenes en el club Estudiantes.

Los rumores bullían, recordó Oyarzábal, pero no había nada concreto. Dijo que viajó 12 horas en un patrullero a la localidad bonaerense de Carlos Casares, donde vive la madre biológica de la niña que adoptaron Claudia y su esposo. Los reiterados reclamos económicos de esa mujer habían generado cierta tensión, pero esa línea también quedó en el camino cuando se probó que se trataba de una mujer sumamente humilde, “con escasos recursos intelectuales como para idear algo así”, acotó el testigo. Además, las cámaras de un banco mostraron que ese día la mujer pasó por un cajero a retirar el dinero de un plan social. “Imposible que dieran los tiempos para viajar hasta acá”, concluyó.



El rastro de Medina



La sospecha sobre Medina la instaló el vecino que lo vio salir apurado en la misma dirección en que minutos antes había salido Claudia Muñoz en su auto. “Decía que era alguien de andar pachorriento y esa tarde llevaba demasiada prisa”, contó Oyarzábal. En su momento no le dio trascendencia pero cuando los familiares de Claudia constataron que entre las fichas de clientes únicamente faltaba la de Sergio Medina, la cosa tomó otro cariz.

Además, entre las intervenciones telefónicas, la Policía había accedido a la comunicación que Liliana Muñoz mantuvo con Medina con el pretexto de que estaba a cargo de cobrar las cuentas del negocio de su hermana. “Se nota que él duda en sus respuestas, y se contradice”, confió el testigo.

Mientras hablaba lo escoltaban dos guardiacárceles de pie. Cuando el exjefe policial concluyó su testimonio, los hombres de uniforme negro volvieron a colocarle las esposas y lo llevaron a su celda.



Alejandro Fara.  Redacción Puntal

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