Es el mismo tipo maravilloso que empezaba en los 90, con su simpatía y humildad que no sabe de fama ni dinero, caminando el estadio con andar despreocupado.
Héctor “Popy” Bracamonte vuelve a Estudiantes, lugar del que nunca se fue, pese a que los caminos del fútbol lo llevaron muy lejos: “Siempre estuve lejos, jugando afuera, pero cada vez que venía me daba una vuelta, porque jugaba el hijo de mi primo, o mi cuñado, y se notaba el progreso, el crecimiento, especialmente en los últimos años”.
-¿Cómo ves este proceso, esta etapa a la que llegás?
-Se tiene que seguir creciendo en general. Se busca el ascenso, es el objetivo, pero lo importante es que surja del crecimiento general y no por una cuestión azarosa.
-Venís de experiencias en Boca y Huracán y vas a tener una inserción en la coordinación...
-Hay una dirección deportiva y yo me acoplo para sumar lo que uno conoce, sabe y se pueda, profesionalizando las áreas, ayudando a que surjan jugadores con los contactos para traer o colocar jugadores. Trabajaré en contacto directo con Ariel Dolso, Rodrigo Siravegna y Claudio Ochoa, todos hombres del club que están trabajando muy bien. Hay sentido de pertenencia, que es muy importante, igual que en el caso de Marcelo Vázquez, que por tiempo y logros ya es también del club.
- Cuánto ha pasado desde mediados de los 90, cuando subiste a aquel equipo que tenía al Pato Gasparini manejando todo...
-Fue un gran Estudiantes, jugaba muy bien. Después se tuvo que ir y todo se complicó. El Payo Aimar fue el que me llevó para arriba.
-Ahí nomás te fuiste a Boca...
-Estuvo Bilardo dando el premio en una final de un torneo entre el Nacional y la Base y creo que ahí surgió una recomendación. Comenzaba el ciclo de Macri, incorporaban muchos chicos, Griffa me aceptó y en el 97 me sumé a la Cuarta.
-Llegás a Primera en el inicio del ciclo Bianchi...
-Debuté en Primera antes de su llegada. Jugué seis meses en Cuarta, seis en Reserva; se fue el nueve, Cristian Giménez, a Europa y fui a la pretemporada de Primera con el Bambino Veira, un plante lbravo, había cada nene. Se fue Veira y debutó con García Cambón, con Caniggia, ante Racing. Fue rápido porque yo venía acostumbrado acá a fajarme en Primera con los grandes, venía acostumbrado a jugar con hombres y allá era todo muy naif, muy inocente. También ayudó que hice varios goles.
-Fueron dos etapas en Boca...
-Lo que pasa es que estaba Palermo y yo quería jugar. Prefería irme a préstamo y jugar que quedarme a esperar una oportunidad. Me fui al Badajoz de España con 21años, después me contrata el América de México, mis salidas eran copadas.
-Otro plantel bravo, vestuarios fuertes con Riquelme, Palermo.
-Sí, estaban divididos en grupos, los de Riquelme, de Palermo, los pibes, los colombianos, pero entraban a la cancha y destruían todo lo que se les cruzaba, eran unos guerreros, jugaban y defendían los colores como pocos en la historia.
-Siempre fuiste de observar todo, ¿cómo era ver a Riquelme mover la pelota?
-Yo creo que la mejor virtud de Román no era la técnica sino la capacidad de anticipación. En la pelota parada ni hablar, pero sabía todo: cuándo había que cambiar de frente, cuándo acelerar, cuándo frenar. Por ahí no hacía grandes cosas, pero con la sencilla hacía la diferencia. También se sacaba la presión de la marca: nadie lo dice pero tenía una fuerza de brazos descomunal para proteger la pelota. Yo digo que manejaba muy bien el eclipse: él estaba siempre entre el defensor y la pelota. Eso le daba el tiempo y el aire para jugar siempre limpio, siempre claro y en ventaja para el compañero.
- Nueve años en Rusia, sos el argentino con más tiempo allá, con más goles...
-Encontré un lugar. Yo soy amante del fútbol pero en Argentina nos pasamos de rosca. Allá es un deporte, hay pasión, pero sigue siendo un deporte. Encontré un lugar donde me pude desarrollar como padre de familia, pude estar presente, te dan el lugar y el espacio para desarrollarte como persona. En el fútbol acá y en muchos lados te cargan de presión, pero allá yo me liberé. Lejos de aquí pero pude conocer toda Europa, Asia. En el momento que más jugué en Boca, esos dos años, me sentía preso, no podías hacer nada que no fuera fútbol. Y para ser bueno en una actividad necesitás un cable a tierra, para ver cómo estás en la vida, porque el fútbol te desequilibra todo.
- Estuviste en tres clubes...
-Llegué y estuve seis años de entrada en el Torpedo, que después se llamó Moscú Fútbol Club. Luego fui a Chechenia en 2009 y 2010 y al Rostov en 2011 y 2012.
-Chechenia y ahora la guerra Rusia-Ucrania, escenarios de conflictos bélicos...
-A metros de mi casa hubo una explosión en el metro, estaban las viudas negras que se inmolaban. El presidente de Chechenia era presidente del club, muy cercano a Putin. La principal avenida de Grozny, la capital, es avenida de Putin. Es difícil hablar de la guerra Ucrania-Rusia, acá se conoce una sola campana. No soy prorruso pero Putin no es Rusia. Y una cuestión política o bélica como esta daña a países vecinos y hermanos, como si nos enfrentáramos con Uruguay, con gente de un país viviendo en el otro.
Una gran carrera futbolística de alguien que también buscó crecery vivir, sumando experiencias úni-cas. Y todo eso ahora lo traslada a Estudiantes, a sus orígenes, donde todo empezó.
De arquero suplente, de no querer jugar más, a Boca y Moscú
“Me vi en el banco con la número 12 de arquero suplente y me dije: ‘¿Qué hago acá?, no puedo seguir en el fútbol’”, narra Héctor Bracamonte. Tenía 14 años y no iba a suceder Rusia, niBoca, ni nada. Juan Siravegna y el Payo Aimar lo fueron a buscar para ponerlo de nueve en Estudiantes. Y allí comenzó la maravillosa historia de un tipo muy especial.
A los 21 años se fue a Badajoz de España, cedido por Boca, junto con Sebastián Battaglia, entre otros. Mauricio Macri a través del grupo Socma invirtió en el club y Marcelo Tinelli ponía a Diego Korol en las notas que se veían en toda la Argentina.
En Rusia se cortó el pelo largo que siempre lo caracterizó y el presidente del club lo quería matar. ¿Dónde se iba a meter los muñequitos y el merchandising que había hecho para vender con su imagen?
Natalia Oreiro es estrella absoluta en Rusia. Buscaban una contrafigura para su novela y el personaje era un jugador extranjero que jugaba en Rusia. El elegido: el gran Braca, que aparte manejaba muy bien el idioma. No pudo ser porque el presidente del club en la ficción era un maleante y al verdadero mandamás del Moscú FC no le gustó que lo identificaran con él. Y eran tres meses de filmación que lo alejarían de las canchas, por eso no se concretó.
El personaje lo hizo un ucraniano. Compartió equipo con MaxiLopez en Moscú. El exdelantero de River estaba todavía en pareja con Wanda Nara y luego llegarían los conflictos. Lo de Popy fuemás sencillo: conoció a su esposa jugando en Los Andes. Era amiga de la novia de un compañero y un día salieron los cuatro. Se bancó nueve años en Rusia, adonde llegaron con su hija mayor con dos meses. Hoy ella tiene 20 años y su hermana, 16.
Llegó a Grozny para jugar en Chechenia y lo llevaron directamente al palacio presidencial. Lo recibió el presidente Ramsan Kadirov, que enseguida lo adoptó, porque también era el presidente del club.
Alguna vez fue a un programa y cantó una canción para Diego Maradona que hoy da vuelta por todas las redes.
Surgió de Coronel Baigorria, el pueblo con mayor cantidad de buenos jugadores por metro cuadrado. Como su primo Hugo Campagnaro, defensor del Napoliy Argentina 2014. Y Ariel Dolso, hoy junto con él en Estudiantes.
Cuando se sacó el buzo de arquero suplente en el banco de Renato Cesarini parecía el fin del fútbol para él. Pero sólo fue el comienzo de una nueva vida.

