Era un viernes determinante para las aspiraciones de Estudiantes en la Zona Campeonato de la Primera Nacional. El sueño del Celeste dio un nuevo paso en el camino hacia la pelea por el ascenso.
El día espectacular, un viernes radiante y sin calor agobiante, hasta una brisa fresca que daba tregua al infierno que fue el jueves la ciudad, todo dado para un gran espectáculo futbolístico.
El equipo de Marcelo Vázquez claramente mostró dos caras: la del primer tiempo fue la de un equipo lento, sin cambio de ritmo, perdiendo rápido la pelota y dejando a Platense jugar. El Calamar se fue dando cuenta de que con Palacios, Schorr y Tissera podía hacer más daño del imaginado. Y para Vázquez, quizás cierta reminiscencia de lo que fue el empate frente al Deportivo Morón, en ese encuentro en el que nada podía salir, claro está que en aquel momento fue en consonancia para ambos equipos.
Por todo eso es que Platense pudo sacar provecho, no sólo con la ventaja al final del primer tiempo, sino también con la tranquilidad de ver a un Estudiantes maniatado y sin ese dinamismo tan característico de otro tiempo.
Si algo carateriza y caracterizó siempre a Vázquez, de 2016 a la fecha, fue el vértigo por las bandas, un 4-4-2 un tanto mentiroso, con verdaderos extremos que lastiman y en cuantía.
En la primera mitad de ayer nada de eso se vio, más bien todo lo contrario y sumado a algunos errores en defensa, fue Platense el que a los 44 minutos, tras una buena jugada de Zeinnedin, llegó al 1 a 0 por medio de Tissera, quien venció a Ardente. ¿Mucho premio? Quizás, el empate era el resultado que más se acomodaba, Estudiantes no merecía perder, pero tampoco hizo mucho por ganar. De Olivera tuvo un primer tiempo con mucha tranquilidad.
La mejoría del segundo tiempo
El complemento para Vázquez fue otra vez como contra Morón, cambiar rápido porque significaba eso, darle la vuelta al partido, la mano venía brava y su mano se necesitaba.
Apelar a viejas fórmulas, a lo que da resultado y también a lo que las recuperaciones han permitido en este tiempo.
El ingreso de Sepúlveda habla de alguien que no puede faltar, que fue determinante no sólo por el gol, sino también por todo lo que el patagónico ofrece en materia ofensiva, jugando y haciendo jugar.
Lo propio con Cainelli, quien se recuperó de su desgarro y fue el de siempre.
Con ellos, en lugar de Hesar y Vester, Estudiantes recuperó la memoria y el protagonismo futbolísticos, se adueñó del partido, sometió a Platense y así ni bien comenzó el complemento llegó la justicia con la igualdad.
Buen centro de Padilla por izquierda y gran cabezazo de Sepúlveda para igualar y saber que los tres puntos estaban muy cerca.
Ya Platense empezó a ver con buenos ojos amigarse con la igualdad y de contra esperar. Al menos eso daba a entender Llop.
Fue un partido de polémicas, si de VAR se tratase seguramente habría tenido su trabajo. La primera gran duda fue tras un centro de Bottino que Nicolás Ferreyra bajó en el área con la cabeza para que el Nahuel Cainelli convirtiera. Juan Vázquez no opinó lo mismo, levantó su bandera y el fuera de juego fue lo que cobró Giménez, de polémico arbitraje. Estaba Ferreyra, televisión mediante, claramente habilitado.
Tras ello un planchazo que sufrió Benavídez sobre la raya lateral cerca de la mitad de la cancha por parte del ingresado Bustos, que tendría que haber sido claramente expulsado.
La que para Giménez lo fue y con justicia fue la patada de Maximiliano Padilla, roja directa a los 18 del segundo tiempo y la mala noticia para Estudiantes, no sólo en el partido, porque estaba para llevarse puesto a Platense, sino que se quedó sin un hombre importante en esta parte del campeonato. Lucas Suárez lesionado y Formica recuperándose.
Jugar con diez para el Celeste fue demasiado, Platense siguió manteniendo el orden y eso sólo bastó para de contra poder ganar el partido. No fue práctico, ni efectivo y no supo aprovechar la ventaja numérica.
Estudiantes, ya sin Ortigoza, reemplazado por Beraldi, intentó buscar esa fisonomía tan especial pero se le negó sistemáticamente, con poca claridad, cansancio y poco acierto en las pelotas detenidas.
Sobre el final, Sepúlveda tuvo una clarísima, a los 47, pero De Olivera mostró por qué es el arquero que es y negó el 2 a 1 celeste.
En la semana, Hesar dijo en Puntal que ganar contra Platense iba a servir para que los dos puntos perdidos contra Estudiantes de Caseros no se notaran. Eso no pudo darse y el viaje a Temperley viene con la premisa de ganar, y de esperar los resultados de hoy y de mañana, para ver cómo sigue la vida en este certamen tan atracivo.

