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Estupor y condena en Alemania por una matanza xenófoba

Un alemán de 43 años disparó contra los clientes de un bar frecuentado por extranjeros en la ciudad de Hanau, cerca de Frankfurt, luego huyó y abrió fuego contra otro café

Una matanza xenófoba de 11 personas en Alemania desató ayer estupor, condenas y muestras de condolencias en un país aún acechado por su pasado nazi, además de alimentar los temores por el auge de la extrema derecha local luego de un ataque a una sinagoga y el asesinato de un político pro-inmigración ocurridos el año pasado.

La jefa de Gobierno alemana, Ángela Merkel, dijo que la masacre mostró en toda su dimensión el racismo en el país, apenas dos meses después de que la propia canciller conmemorara en Auschwitz los 75 años de la liberación del campo de concentración nazi y expresara su "honda vergüenza por los crímenes bárbaros cometidos aquí por los alemanes".

"El racismo es un veneno, el odio es un veneno que existe en nuestra sociedad y que ya tiene la culpa de demasiados crímenes", dijo ayer Merkel en Berlín, donde además prometió pelear contra "todos aquellos que tratan de dividir a Alemania".

La canciller citó los asesinatos cometidos por la ya desarticulada célula neonazi NSU entre 2000 y 2007, así como el homicidio en junio del político pro inmigración Walter Luebcke y el mortal atentado antisemita de octubre en Halle como ejemplos de la amenaza que representa la envalentonada ultraderecha alemana.

La Policía alemana ha identificado a unos 60 adherentes de la extrema derecha como individuos "peligrosos" capaces de cometer actos violentos contra otras personas.

El viernes, la Policía arrestó a 12 miembros de un grupo de ultraderecha por sospechas de que planeaba "impactantes" ataques contra mezquitas, similares a uno cometido el año pasado por un supremacista blanco en Nueva Zelanda.



El ataque de antenoche en el centro de la ciudad de Hanau, unos 20 kilómetros al este de Frankfurt, comenzó cuando el agresor, un alemán de 43 años identificado por los fiscales como Tobias R., atacó a balazos el bar Midnight, donde se fuma tabaco saborizado (shisha) en pipas de agua o narguiles típicos de Medio Oriente.

Metin Kan, quien conocía a muchas de las víctimas, dijo ayer que era obvio que el agresor eligió el barrio por ser habitado por inmigrantes.

"Mirá, un bar shisha allá, un local de videojuegos allá, un restaurante de comida árabe allá...es un lugar frecuentado por inmigrantes. ¿Por qué este odio a los extranjeros? Acá todos nos llevamos bien", dijo.

El diario alemán Bild dijo que el hombre tocó a la puerta del bar y luego disparó contra personas en el sector de los narguiles. Después huyó en auto tras abrir fuego contra otro bar, llamado Arena Bar & Cafe. Posteriormente, el atacante fue hallado muerto en su casa junto al cuerpo de su madre en un aparente suicidio y asesinato.

Parientes y amigos de las víctimas, todas ellas de ascendencia extranjera, según las autoridades, se congregaron en el Arena Bar, llorando y abrazándose entre ellos.

"No podría estar más perturbada", dijo Inge Bank, una alemana de 82 años que vive cerca del bar. "Tenemos que hacer un corte de raíz si está volviendo el partido nazi", agregó la mujer al recordar que había sobrevivido a la Segunda Guerra Mundial.

El ministro del Interior, Horst Seehofer, estuvo entre los funcionarios de alto rango que visitaron la escena del crimen en Hanau, una ciudad de unos 100.000 habitantes conmocionada por el ataque.

Más tarde lo hizo el presidente Frank-Walter Steinmeier, que depositó una ofrenda floral en el bar Arena, antes de sumarse a una vigilia por las víctimas.

Otros actos similares se celebraron en Berlín, Frankfurt y más de una decenas de ciudades de Alemania.

Seehofer mencionó que en los próximos días se discutirán formas de mejorar la seguridad a la luz de los "muy preocupantes" acontecimientos en la escena de la extrema derecha.

Un minuto de silencio fue hecho antes del partido de fútbol entre el club Eintracht Frankfurt y el Red Bull Salzburgo, de Austria, por la copa Europa League.

El festival de cine Berlinale abrió ayer con un minuto de silencio por el ataque en Hanau.

El ataque fue condenado por varias organizaciones alemanas, como el Consejo Central de Musulmanes, la Confederación de Asociaciones Kurdas de Alemania y el Consejo Central de los Judíos.



Cinco turcos muertos



Cinco de los muertos eran turcos, que son la primera minoría de Alemania.

El presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, pidió que se esclarezca el "espantoso ataque".

Mientras llovían condenas de líderes extranjeros, el líder del partido de extrema derecha alemán Alternativa para Alemania (AFD), Joerg Meuthen, ignoró críticas y dijo que la matanza no es del "terrorismo ni de derecha ni de izquierda", sino que es la acción de "un loco".

Políticos de todo el espectro ideológico han acusado a AFD, un partido anti-islam y anti-inmigración, de naturalizar el discurso de odio y fomentar el sentimiento contra los inmigrantes.

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