En otra jornada de calor agobiante, los centros de testeos y laboratorios privados se muestran atestados de vecinos que aguardan su turno para conocer si se encuentran infectados o no con coronavirus.
Esta mañana, el puesto instalado en el predio del Andino mostraba una fila que se extendía a lo largo de centenares de metros hasta llegar al Museo de los excombatientes.
Las altas temperaturas y la escasa vegetación para mitigar el sol transformaban la espera en una pesadilla, más aún para quienes sospechaban sobre la posibilidad de contagio ante inminentes síntomas.
La proximidad a las fiestas de fin de año y una posible salida de viaje por vacaciones eran otros argumentos de las personas que se encontraban esperando ser sometidas a un test para descartar cualquier tipo de impedimento.

