Tranquera Abierta | Expo Palermo

Abrió Palermo y ya hay un serio planteo para el próximo Gobierno

Mediante un documento titulado "Agrobioindustria: aportes para un país diferente", firmado por Roberto Bisang y Santiago Felici, un grupo de entidades marcó el rumbo en política para el campo y la agroindustria

Mercosur, el toro Shorthorn que fue el primero en llegar al predio de Palermo, en el año en que esa raza cumple 200 años en el país.

 

Seis puntos centrales tiene el documento presentado ayer, ni bien se levantó la persiana de la Exposición anual de Palermo de la Sociedad Rural Argentina, en el que se define un rumbo para el campo y la agroindustria. Bajo el título “Agrobioindustria: aportes para un país diferente”, un grupo de entidades plantearon la necesidad de cumplir con seis ejes centrales: más institucionalidad y división de poderes; estabilizar la macroeconomía; reforma impositiva y laboral; estrategia de infraestructura moderna; consolidación y desarrollo del funcionamiento de los mercados; y una agenda exterior.

La presentación del documento lleva las firmas de las cuatro entidades gremiales del campo, pero se sumaron también Aapresid, Afoa, Came, Crea, Fada, Fundación Producir Conservando y Maizar.

En el documento, que lleva la firma de Roberto Bisang y Santiago Felici, se remarca que los magros resultados del actual modelo de desarrollo, marcado por un estancamiento económico que lleva más de 10 años, niveles crecientes de pobreza y deterioro de la calidad de vida conduce a realizar una profunda revisión de los fundamentos y causas que postergan el progreso de la Argentina.

Las entidades firmantes plantearon que la intención es hacer “un aporte a la opinión pública en general y a la política en particular, sobre las potencialidades que ofrece la Agrobioindustria; tiene el propósito de pensar una nueva visión de desarrollo para nuestro país, teniendo en cuenta los disruptivos cambios tecnológicos, productivos, comerciales y geopolíticos que ocurren a nivel global, regional y local”.

Los desequilibrios macroeconómicos -remarca el documento- reflejan los desbalances que presenta la estructura productiva adoptada en el país desde mediados del siglo pasado la que, junto a sus regulaciones y rutinas de funcionamiento, resulta en una respuesta insuficiente a las demandas de los actores económicos y de la sociedad en su conjunto (crecimiento de la actividad económica, generación de empleo, equilibrio territorial, acceso a la modernidad y, entre otros, cuidado del ambiente).

A renglón seguido se destaca que a pesar de todo, en las últimas décadas, como consecuencia de los cambios tecnológicos, organizacionales y la ampliación de los mercados internacionales, la Agrobioindustria se posicionó como un motor de desarrollo genuino para el país: hoy representa el 18% del PBI; y, tiene relevancia en el comercio mundial de granos, carnes, lácteos, subproductos y alimentos que suman el 64% de las exportaciones argentinas. Al mismo tiempo aporta, de mínima, el 19% del total de la ocupación (2,6 millones) generadas por las producciones de bienes y servicios; es, además, un factor de arraigo poblacional en el territorio y el eje de varias economías provinciales.

Entramado

“Su creciente organización en red establece vasos comunicantes con el resto del tramado económico: por ejemplo, la industria de los alimentos tiene un efecto multiplicador de la producción de 2,26 y del empleo de 4,6 (de los cuales 3,6 son indirectos); o sea, cualquier desarrollo adicional más que duplica el impacto en producción y lo triplica por sus efectos indirectos en el empleo”, indica el informe.

Y luego remarca que esta capacidad productiva se asienta en un notable dinamismo innovador, que ha llevado a reducir las brechas de productividad respecto de los competidores mundiales, establecer incipientes corrientes exportadoras de tecnologías y contribuyendo con otras actividades del tramado productivo. Todo esto mediante el uso destacado de: la siembra directa, la ganadería pastoril y silvopastoril, la forestación y de los biocombustibles, entre otras acciones que contribuyen al cuidado del ambiente.

“Junto a un puñado de actividades dinámicas –como los servicios basados en conocimientos, las industrias culturales, las energías fósiles no convencionales y, entre otras, las primeras fases de la minería– la Agrobioindustria constituye el núcleo dinámico y genuinamente competitivo de la economía local”, indica el documento conjunto de las entidades.

Y agregan: “Parte del resto de la estructura económica del país, en general, transita por andariveles separados en materia de competitividad; con una fuerte impronta del pasado, tienen marcadas diferencias de productividad, orientados al protegido mercado interno, limitadas inserciones internacionales, desintegraciones productivas y acotadas posibilidades de crecimiento por el empobrecido mercado local”.

En el documento se recuerda que el grueso de los sistemas de promoción vigentes (con costos fiscales explícitos, o traslaciones de recursos implícitos), apuntalan a varias de estas actividades que, en las últimas décadas, han menguado su capacidad de generación de empleo, encadenamientos productivos y posibilidades de equilibrar los crecientes desbalances externos y territoriales.

“Una perspectiva de conjunto indica que estas transferencias de ingresos se sustentan y financian gracias a las regulaciones y tributos que recaen sobre actividades dinámicas- mayoritariamente la Agrobioindustria-, limitando su pleno potencial y desarrollo”, indica el trabajo presentado en Palermo ayer.

Como resultado, la marcha actual de la estructura productiva tiene altas limitantes para responder positivamente a los desafíos que plantea el nuevo contexto.

Luego hay un detalle de cómo afecta esta estructura al sector más dinámico: “Tiene, por un lado, un conjunto de actividades que redujeron su rol de articuladoras e impulsoras de un crecimiento armónico, porque tecnológicamente están limitadas para atender las demandas de las cadenas globales de valor, la rápida rotación de nuevos productos redujo la posibilidad de aprendizaje local, las condiciones macroeconómicas locales impiden competir en actividades que combinan alta intensidad de capital y tecnología con salarios bajos, y las desfavorables condiciones macroeconómicas sumada a la desintegración productiva las pone ante una dependencia de insumos importados”, se destaca.

Por otro lado, las actividades con mayor dinamismo tecno-productivo, densidad de relaciones en el tramado económico local, alto potencial de inserción externa y probada competitividad genuina global, enfrentan severas restricciones a sus potencialidades de crecimiento; dando como resultado una ralentización exportadora. De allí que los ciclos de estrangulamiento cambiario puedan reflejar una matriz productiva con claras asimetrías en materia de productividad.

La Agrobioindustria posee un alto potencial para liderar, en forma coordinada y concurrente con otras actividades dinámicas, un modelo de desarrollo superador al actual; para ello cuenta con una sólida plataforma para producir de manera eficiente y sustentable diversas biomasas (granos, animales, forestas); y posteriores capacidades para industrializarla convirtiéndola en alimentos, bioenergías, biomateriales y servicios especializados en forma integral y sustentable.

“Lo hace estableciendo múltiples relaciones con el resto de la economía y re-balanceando la localización de la actividad económica”, destaca finalmente el informe.