Río Cuarto
Extreman medidas para que más de 800 presos queden a salvo del virus
Para evitar el contagio desde el exterior incorporaron un termómetro a distancia. Apenas unas líneas de fiebre bastarán para que se impida el ingreso al penal. Buscan reducir la aglomeración los días de visitas
En la mañana de ayer, el juez de Ejecución Penal Emilio Andruet, el funcionario encargado de velar por los derechos de los presos, se comunicó con el director de la cárcel local, Silvio Bravo, para conocer cómo están atravesando estas horas de emergencia sanitaria en un contexto de encierro.
La respuesta que obtuvo fue categórica. Desde la dirección le informaron que están haciendo un estricto control de todos y cada uno de los que ingresan al Servicio Penitenciario Número 6.
En un país donde todos los casos de contagio se han producido por el contacto con personas que han llegado desde otros países, la ecuación es simple: si en la cárcel hoy no hay ni siquiera un interno con síntomas que puedan asociarse al coronavirus, el único riesgo es que el virus ingrese por el portón de entrada.
Por eso, con la ayuda de un termómetro a distancia que recibieron en las últimas horas de la Dirección General de Córdoba, se encargan de medir la temperatura de cada persona con una consigna innegociable: todo aquel que tenga aunque más no sea unas pocas líneas de fiebre no podrá entrar al edificio de la avenida Sabattini al 2700 y deberá ser derivado al Hospital para un control más exhaustivo.
“Si usted mismo llega a venir y comprobamos que tiene más de 37 grados, no podrá entrar por más que sea el juez y lo mandamos al Hospital”, le advirtió el alcaide a Andruet.
El funcionario, que reemplaza a Gustavo Echenique Esteve desde que en diciembre sufriera un ACV, se mostró conforme con la respuesta que le dio el director de la cárcel.
“La verdad es que lo tomé bien, soy un ciudadano como cualquier otro y es lo que corresponde hacer”, comentó Andruet a Puntal en el despacho ubicado en el subsuelo de Tribunales.
El dilema de las visitas
Uno de los mayores desafíos que deben afrontar las autoridades penitenciarias es qué harán con las visitas a los internos.
Actualmente, son más de 800 los hombres y mujeres alojados en el Servicio Penitenciario Número 6. Es decir que los pabellones están al límite de su capacidad. Pero la situación se torna más riesgosa en las jornadas de visita. Los jueves son los días en que ingresan al penal las visitas femeninas, los días sábados entran los hombres y los domingos son las visitas generales.
El cálculo que hizo el juez de Ejecución es que, si por cada interno entran unas cuatro visitas, eso eleva a más de 3 mil las personas que pueden llegar a estar dentro de la cárcel al mismo tiempo.
Para evitar el riesgo que implica semejante aglomeración están buscando la manera de reducir el impacto, ya sea creando turnos de visitas o ampliando los días habilitados. Pero lo que el juez aclaró es que de ningún modo se evalúa impedir las visitas a los presos.
Un guardiacárcel con largos años de experiencia confió a este cronista que esa sería la peor decisión: “Ojalá no se llegue a la suspensión de las visitas porque va a ser entonces cuando empiecen los problemas”, dijo con cautela.
Entretanto, desde hace algunos días se distribuyó en cada servicio penitenciario de la provincia un instructivo elaborado por el Ministerio de Salud en el que se dan a conocer los síntomas propios de la enfermedad y las acciones preventivas para evitar su contagio.
Junto con ese protocolo, también llegaron más partidas de elementos de higiene, como bidones de jabón líquido, que antes no había.
“Están muy esctrictos con el tema del lavado de manos, terminada cualquier actividad te preguntan si te lavaste. Ojalá sigan así”, recalcó el guardia. Además, a cada uno de los internos el servicio le entrega un kit de limpieza.
¿Qué sucede con los presos mayores de 65 años? Desde la dirección señalan que se los está controlando de cerca, pero en principio no se está pensando en disponer domiciliarias por este motivo. “Si se impide que el virus ingrese al penal, esas personas dejan estar en riesgo”, puntualizó Andruet.
Alejandro Fara. Redacción Puntal
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La respuesta que obtuvo fue categórica. Desde la dirección le informaron que están haciendo un estricto control de todos y cada uno de los que ingresan al Servicio Penitenciario Número 6.
En un país donde todos los casos de contagio se han producido por el contacto con personas que han llegado desde otros países, la ecuación es simple: si en la cárcel hoy no hay ni siquiera un interno con síntomas que puedan asociarse al coronavirus, el único riesgo es que el virus ingrese por el portón de entrada.
Por eso, con la ayuda de un termómetro a distancia que recibieron en las últimas horas de la Dirección General de Córdoba, se encargan de medir la temperatura de cada persona con una consigna innegociable: todo aquel que tenga aunque más no sea unas pocas líneas de fiebre no podrá entrar al edificio de la avenida Sabattini al 2700 y deberá ser derivado al Hospital para un control más exhaustivo.
“Si usted mismo llega a venir y comprobamos que tiene más de 37 grados, no podrá entrar por más que sea el juez y lo mandamos al Hospital”, le advirtió el alcaide a Andruet.
El funcionario, que reemplaza a Gustavo Echenique Esteve desde que en diciembre sufriera un ACV, se mostró conforme con la respuesta que le dio el director de la cárcel.
“La verdad es que lo tomé bien, soy un ciudadano como cualquier otro y es lo que corresponde hacer”, comentó Andruet a Puntal en el despacho ubicado en el subsuelo de Tribunales.
El dilema de las visitas
Uno de los mayores desafíos que deben afrontar las autoridades penitenciarias es qué harán con las visitas a los internos.
Actualmente, son más de 800 los hombres y mujeres alojados en el Servicio Penitenciario Número 6. Es decir que los pabellones están al límite de su capacidad. Pero la situación se torna más riesgosa en las jornadas de visita. Los jueves son los días en que ingresan al penal las visitas femeninas, los días sábados entran los hombres y los domingos son las visitas generales.
El cálculo que hizo el juez de Ejecución es que, si por cada interno entran unas cuatro visitas, eso eleva a más de 3 mil las personas que pueden llegar a estar dentro de la cárcel al mismo tiempo.
Para evitar el riesgo que implica semejante aglomeración están buscando la manera de reducir el impacto, ya sea creando turnos de visitas o ampliando los días habilitados. Pero lo que el juez aclaró es que de ningún modo se evalúa impedir las visitas a los presos.
Un guardiacárcel con largos años de experiencia confió a este cronista que esa sería la peor decisión: “Ojalá no se llegue a la suspensión de las visitas porque va a ser entonces cuando empiecen los problemas”, dijo con cautela.
Entretanto, desde hace algunos días se distribuyó en cada servicio penitenciario de la provincia un instructivo elaborado por el Ministerio de Salud en el que se dan a conocer los síntomas propios de la enfermedad y las acciones preventivas para evitar su contagio.
Junto con ese protocolo, también llegaron más partidas de elementos de higiene, como bidones de jabón líquido, que antes no había.
“Están muy esctrictos con el tema del lavado de manos, terminada cualquier actividad te preguntan si te lavaste. Ojalá sigan así”, recalcó el guardia. Además, a cada uno de los internos el servicio le entrega un kit de limpieza.
¿Qué sucede con los presos mayores de 65 años? Desde la dirección señalan que se los está controlando de cerca, pero en principio no se está pensando en disponer domiciliarias por este motivo. “Si se impide que el virus ingrese al penal, esas personas dejan estar en riesgo”, puntualizó Andruet.
Alejandro Fara. Redacción Puntal
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