Martín Pascual, el estudiante que salió a vender pescado para comprarse su compu
Martín Pascual tiene 18 años y a fin de año egresó del Ipem 280 Agustín Tosco, de Coronel Moldes, presentando un trabajo de cierre del séptimo año que, al decir de sus profesores, fue más que sobresaliente.
Pero, además, el adolescente es un ejemplo de perseverancia y dedicación.En el último año, y signado por la pandemia en su familia, los recursos no sobraban. Por ello dedicó las horas libres a trabajar, primero en changas, lavando autos y luego recorriendo la ciudad en moto, vendiendo pescado.
Su meta fue ahorrar para comprarse la computadora que necesita para irse a estudiar Ingeniería Industrial a Villa Mercedes, pagarse las clases de inglés y también aliviar a la familia en los gastos del egreso.
Fueron sus docentes quienes hicieron saber de su historia a Puntal.
Martín es integrante de una familia conocida de fotógrafos de la ciudad, y durante gran parte del 2021 recorrió las calles en una motito vendiendo pescado. La actividad de su padre, como la de su mamá (peluquera), se vieron resentidas en los últimos dos años.
“Con el tema de la pandemia y la reducción de materias en el último año, en el que se cursan solo las de especialización y no teníamos contraturnos empecé a buscar un trabajo. Al principio con changas, hasta que entré una semanita en el Hotel Gallo y después al súper. Ahí fui que vi la motito del pescado, y pensé ‘capaz es mi próximo trabajo’, comienza a contar Martín.
Y así fue. Ante la propuesta de salir a vender a la calle, se animó. “Iba a porcentaje. Y la verdad fue una muy buena experiencia.Tuve una muy buena respuesta de la gente. Porque aun aquellos que no me compraban, yo les tocaba la puerta y siempre me atendieron y muchos me felicitaban”.
Al inicio del trabajo, su papá Adrián lo acompañaba hasta tanto aprendió todas las calles y el manejo del dinero. Así fue de marzo a noviembre del 2020. Admite que la tarea por momentos resultaba cansadora. Pero aun así su rendimiento educativo no bajó. Y así quedó demostrado, ya que finalizó el secundario siendo primer escolta de la bandera.
“Mi familia fue de gran apoyo, mi papá acompañándome, mi mamá que fue mi fiel clienta”, detalla.
Trabajo en equipo
Martín se encarga de aclarar que así como él, otros compañeros también trabajaron y estudiaron. “Mi caso es más visible porque yo andaba en la calle. Pero por ejemplo uno de mis compañeros con el que hice el trabajo final, Ezequiel Trelles, trabajaba cortando pasto en el campo, y su trabajo era más cansador. Entonces cómo no podía hacerlo yo, y en moto”, asume el joven.
Junto con su amigo, realizaron como trabajo final un proyecto para la fabricación de quesos. “Nos juntábamos los viernes a la noche, cuando algunos de los otros chicos salían, para dedicarnos al proyecto.Nos quedábamos hasta las cuatro de la madrugada”. Y tanto esfuerzo dio resultados, ya que sus docentes destacaron la excelencia de la ponencia. Consultado Martín de la nota obtenida, dijo que no sabía, “pero parece que gustó, porque no nos preguntaron nada”.
El dinero que ahorró es para adquirir la computadora que le permitirá iniciar la carrera de Ingeniero Industrial en Villa Mercedes. “Tengo una tía allá que me presta una habitación para que pueda ir a estudiar”.
Y mientras espera por empezar con una nueva etapa, y disfruta de las merecidas vacaciones, Martín agradece a todos quienes lo ayudaron y deja un último mensaje: “Que todo esfuerzo vale la pena y que hay que estudiar para forjarse un futuro”.
Patricia Rossia. Redacción Puntal